RELATOS DE VIAJEROS / AMSTERDAM

El embrujo de los tulipanes

«Elegimos viajar con mi novio por Europa, decidiendo al azar, el destino siguiente. Así lo habíamos soñado, sin planificación…».

Ficha

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Por Marianella Gent, guía de turismo

Recorrimos varias ciudades y pueblitos en Europa pero tengo que decir que los tulipanes en Holanda, me embrujaron… No es posible imaginarlos sin tenerlos delante, parecen especies de arcos iris terrestres y con una paleta de colores que casi raya lo infinito. Llegar en primavera a esa parte del mundo fue una bendición, porque llegamos en el momento justo en que sus millones de pimpollos parecen alfombrar la tierra.

El mejor lugar para ver tulipanes en Holanda es Keukenhof, un parque con 7 millones de bulbos florales rodeado por campos de la particular especie. Esta magnifíca flor es la nacional de Holanda, en el paisaje los acompañan, los lirios, los narcisos y también, los jacintos.

La bici, es el medio por excelencia para trasladarse o bien a pie. Nosotros nos alquilamos unas bicis por los días que estuvimos allí.  Se puede ir por los campos y quien puede comunicarse, al menos en inglés con la gente del lugar, como hicimos nosotros, tiene la posibilidad de conocer muchas historias nuevas que harán descubrir la cultura del lugar.

Nos contaron que el responsable de la introducción en Europa de tales bellezas multicolores fue un embajador austríaco que a mediados del siglo XVI, llevó a los Jardines Imperiales de Viena, los primeros bulbos traídos del Imperio Otomano. Y después llegó la “tulipomanía”, que subió tanto el precio que la gente hacía trueque con el oro, los animales y hasta entregaban sus tierras para conseguir el nuevo “oro multicolor”.

Y aún conservo, impreso como si me hubiese quedado grabado para siempre, el perfume del lugar… Realmente, una fantástica fiesta a los sentidos.

Una forma de colección, casi única y practicada por los locales; la colección de tulipanes en todas las variedades y colores posibles. Muchos visitantes intentan llevar a esas preciosas flores, a través de bulbos, bien envueltos, con la ilusión de que lleguen sanos y salvos a sus destinos. Keukenhof quiere decir “El jardín de la cocina”. Es muy linda la experiencia ya que los lugareños invitan a los visitantes a sacar fotos, a disfrutar del lugar y a vivir por un día una jornada que no parece real. Con mi novio, nos sentimos tan felices que decidimos comprometernos en el medio de ese paisaje mágico. Después caminamos por un área boscosa donde la luz juega a las escondidas entre los árboles.

Y faltaba la frutilla de la torta, la vivimos al día siguiente, el desfile con las carrozas de flores con motivos. El desfile se llama Flower Parade, un homenaje a la producción hortícola.

No nos podíamos ir de Holanda, sin visitar al otro símbolo del país: sus molinos. Forman parte de la tradición holandesa y aún hoy hay más de 1.000 molinos funcionando, de los originales. El lugar del mundo más poblado de esas aspas que giran, impulsadas por el viento, es Kinderdijk.

Este lugar se encuentra a sólo 16 km. de Rotterdam. La armonía con que fueron dispuestos forman parte del orgullo holandés y del disfrute de los visitantes. Elegimos verlos desde los botes que se pueden alquilar. ¡Qué fantástica vista! En media hora,  con la sensación placentera de estar sobre el agua, se puede gozar de los molinos, quienes se ofrecen, amablemente, a quien los mira, agitándose cerca del cielo.

Algo muy curioso, al menos, para nosotros, fue encontrar un mercado, literalmente “flotando”. Sí, el mercado Singel y  es muy famoso entre los turistas, funciona desde 1862; aunque también compran los amsterdaneses, ya queson casi compulsivos compradores de flores y plantas, en general.

Nos tocó en suerte, también una experiencia muy particular, al estar allí, el 30 de abril: el día del cumpleaños de la reina Juliana, en realidad es la madre de la reina actual, Beatriz, quien causalmente fue coronada un 30 de abril. La actual soberana tuvo también el privilegio de ser retratada por el genial Andy Warhol, como pudimos apreciar.

Ese día es una fiesta de todos y para todos, sin distinción. Los locales salen a la calle, donde se suman a los visitantes y todo se transforma en un festejo multitudinario. Fue muy divertido. Todo se transforma. Los balcones llenos de gente, los canales más atestados que nunca, las personas cantando y bailando sobre los barcos. Todo regadito con cervezas de diversas procedencias.

Antes de ir a la estación a buscar nuestro próximo destino, caminamos de la mano y sin prisa por las calles estrechas de Amsterdam. Pasamos por el emblemático Barrio Rojo, el que no podíamos irnos sin verlo… tanto se dice de ese sitio, donde las chicas, gran parte de ellas provenientes de los países del Este, se muestran de manera desprejuiciada en las vidrieras de los locales, esperando ser elegidas, entre las luces de neón que crean una atmósfera intrigante. Muchos jovencitos buscando nuevas experiencias y muchos mayorcitos recordando  antiguas experiencias. Todos saben que intentar sacar una foto a las mujeres que se exhiben allí, podría significar, pasar un mal momentos. Las chicas saben cómo defenderse.

Camino a la estación Central de trenes, nos tomamos la ultima cerveza en el típico “Bar8”, que con su onda, intenta imitar la vida nocturna de grandes ciudades como Nueva York o París. Es una buena despedida, que esa sea nuestra última parada en Amsterdam.

Dejamos la colorida y multifacética ciudad, después de haber gozado de ese lugar, en el que la primavera nos hizo muchos regalos. Los dos más especiales: el haber sido invitados al mundo de los tulipanes y de los molinos. Y el otro, haber sellado allí nuestro amor.

 

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