UTTAR PRADESH / INDIA

La magia del Kumbh Mela

Cada 12 años, millones de personas se congregan para purificar su alma. Fotos

Puro. Los monjes de un "akhara" renuncian a toda posesión material para lograr la genuina espiritualidad. Foto: Diario PERFIL/Nat Geo

Puro. Los monjes de un "akhara" renuncian a toda posesión material para lograr la genuina espiritualidad. Foto: Diario PERFIL/Nat Geo [ Ver fotogalería ]

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Por Gustavo Emilio Rosales (*)

Si tres son multitud, qué pensar acerca de un conjunto de cien millones de personas, reunidas en el mismo punto geográfico, al unísono, con el fin común de tomar un baño mítico que lavará sus culpas y romperá las cadenas de su ser fundamental. “Se trata de una experiencia sin par”, sostiene el periodista de investigación Diego Buñuel –nieto del cineasta español Luis Buñuel–, quien realizó para el canal Nat Geo un documental acerca del Kumbh Mela, el mayor ritual del planeta.

Enmarcada dentro de los festejos por el 125° aniversario de la National Geographic Society, esta producción, llamada precisamente “Kumbh Mela”, se estrenó el sábado 2 de marzo por el mencionado canal (Ver video en YouTube). Acerca de su actual realización, Diego Buñuel –conocido internacionalmente por sus reportajes en zonas de conflicto bélico– confiesa haberse sentido desbordado por el caudal de cuerpos humanos en busca de la libertad esencial.

Mi primera reacción fue pensar que yo debía sobrevivir. Llegué con un conocimiento básico del hinduismo a una ceremonia excepcional. Aprendí que para lograr mi estancia debía situarme dentro de un akhara o comunidad de hombres sagrados, conocidos como sadhus. Estuve en una de las más antiguas, y me impactó constatar que hay personas capaces de abandonar toda posesión material para dedicarse a labrar una búsqueda del espíritu. Pensaba cuánto hablamos en nuestro mundo moderno de dar un giro extremo a nuestra forma de vida y cuán poco logramos al respecto, debido a que somos incapaces de sostener transformaciones de fondo, como lo hacen estos devotos o monjes, que han renunciado tajantemente a la propiedad privada”.

En Allahabad, población al sur del estado de Uttar Pradesh, en India, se da la confluencia de tres ríos sagrados. Dos de ellos son físicos –el Ganges y el Yamuna–, y el tercero, llamado Sarasvati, es místico, invisible. Las aguas de esta fusión tripartita son magia de primera fuerza, ya que en
tiempos propicios su poder concentrado lava los pecados de las almas y las libera del yugo de la transmigración. Cada 12 años, ciertos planetas se alinean favorablemente para que ocurra este milagro de salvación multitudinaria, conocido como majá kumbhamela o “gran reunión del cántaro”.

En ese momento, los santones, monjes, ermitaños, yoguis, faquires… fieles de todo tipo salen por miles de cuevas, templos y aldeas y se dirigen hacia el núcleo sagrado de redención, donde Diego Buñuel ha sido testigo privilegiado de un suceso que no habrá de repetirse sino hasta 2025.

Aunque viajo por todo el mundo y tengo mi libreta sanitaria al día, tuve miedo de contraer alguna enfermedad dentro de esa avalancha humana”, confiesa Buñuel. “Pero mi gran sorpresa fue que las autoridades de la India habían diseñado y ejecutado una estructura de organización impecable. Había miles de baños portátiles, todos con agua. Y también miles de policías dedicados básicamente a mantener y controlar el flujo de gente en el proceso ritual de inmersión en las aguas sagradas. La clave del orden consiste en que la circulación de los peregrinos sea constante y por turnos de no más de veinte minutos de ablución“.

¿Es posible, en calidad de turista, lograr una aproximación íntima a los fenómenos culturales extraordinarios, como la que propician los periodistas de investigación? Según Diego Buñuel, quien ha estado bajo fuego en lugares de riesgo como Afganistán, el puente de conexión se da a través de la sonrisa. “Procuro ir con los ojos y la mente abiertos, siempre dispuesto a descubrir, antes que a clasificar. El gesto amable rara vez es rechazado”.

Así, armado con su filosofía bonachona y receptiva, este periodista y documentalista francés de 37 años –que lamenta que su abuelo haya muerto cuando él era aún un chico– descubrió que la ceremonia del Kumbh Mela es uno de los eventos más accesibles para hacer turismo, ya que no se necesita prácticamente nada: se duerme en piso de tierra y se come frugalmente en forma comunitaria.

El espectáculo, eso sí, es permanente, pues los sadhus realizan proezas a la vista de todos, como empujar autos con el pene o colocar sobre él varios kilos de peso, con el fin de demostrar el dominio de su mente sobre la materia. “Todo el tiempo hay ruido. No sonido, sino estruendo. Es como si los hombres se hubieran puesto de acuerdo para llamar a Dios a gritos, en todos los idiomas de la Tierra”, remata Buñuel.

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(*) Nota publicada en la edición impresa del Diario PERFIL el sábado 2 de marzo de 2013

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