Viaje polístico

A caballo por el pais

En Buenos Aires hay un centenar de escuelas de polo y más de 17 torneos infantiles.

El polo comenzó siendo un juego de inmigrantes ingleses y de la gente del campo y del ferrocarril, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. [ Ver fotogalería ]

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¿Qué tienen en común Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán? Son provincias que pueden visitarse para conocer y disfrutar de su movida de polo. Este deporte, que comenzó siendo un juego de inmigrantes ingleses y de la gente del campo y del ferrocarril, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, hoy ya se ha expandido hacia un público heterogéneo que desmiente que se trate de un pasatiempo elitista. Los fanáticos –profesionales y amateurs– están repartidos en varias provincias argentinas con buenos terrenos y disponibilidad de caballos y de canchas.

Son muchos los argentinos que se desplazan persiguiendo diferentes copas de polo en todo el país. Cuando los protagonistas son adultos, se ve un ir y venir de personas en plena ebullición. Pero cuando se trata de polo infantil y juvenil, en los más de 17 torneos infantiles registrados anualmente, el revuelo es todavía mayor, porque además de caballos y petiseros, viaja toda la familia acompañando al pequeño jugador.

En la actualidad, también va en aumento la cantidad de extranjeros que vienen a descubrir esta actividad donde la Argentina pisa fuerte; paralelamente a lo lúdico y recreativo, los inversores aprovechan la visita para concretar la compra de lotes de chacras, campos y equinos: el caballo polo argentino es un logro de la genética y de la doma locales valorado internacionalmente. Entre el espíritu competitivo y el comercial, en la cosmopolita convivencia de argentinos y foráneos, se entremezclan siempre las ganas de pasarla bien, de descubrir nuevos rincones rurales, de elegir productos hechos con el mejor cuero, y de completar las jornadas con un rico asado.

En la Provincia de Buenos Aires, hay un centenar de escuelas y clubes de polo que funcionan todo el año, especialmente en las temporadas de otoño –que ya se avecina– y luego, en la de primavera. La mayor concentración de centros de polo se verifica en zonas de Pilar, Cañuelas, La Plata. De manera informal, algún familiar o amigo puede tener o conseguir un caballo, lo presta, y contagia las ganas de practicar. De manera más organizada, diversos emprendimientos turísticos ofrecen paquetes para descansar, para tener unos días de campo y subirse al caballo a taquear, o por lo menos, para mirar un partido. ¿Dónde? Además de Pilar, Cañuelas, La Plata, también hay que tener en cuenta un ramillete integrado por Capitán Sarmiento, Venado Tuerto, Coronel Suárez, Trenque Lauquen, Villegas, 9 de Julio, Saladillo, Lobos, Monte, Tandil, Azul, Olavarría, Ayacucho, Chivilcoy, Junín… Más cerca de la costa, el polo también llega hasta Mar del Plata, Miramar, Mar del Sur. En La Pampa, el departamento de Chapaleufú es casi sinónimo de polo; su nombre aparece en el equipo Indios Chapaleufú, famoso, por la tradicional familia Heguy, en la historia argentina de este deporte. Entre los muy sonados, también hay que incluir a los Cambiaso y su equipo La Dolfina, otro de los que suman mayor handicap, junto a Ellerstina, entre tantos.

Para este año, el polo invita a viajar. El Campeonato Argentino del Interior, que en 2011 se hizo en Gualeguaychú, en 2012 será en San Luis. A fines de marzo, se hará la Copa de la Vendimia, en Mendoza. Asimismo, en Rosario hay buena programación en el Jockey Club. Pero la movida es mucho más grande en fechas y geografías: diversas copas, con sus respectivas etapas clasificatorias se desarrollan permanentemente a pocos minutos de Capital Federal –El Rincón de Polo, La Martina Polo Ranch, El Metejón, El Trébol, El Venado son algunos de los muchos centros emplazados en cascos de estancias– y en ocasiones, también, hasta en Neuquén y en algunos puntos específicos de la Patagonia, como la reciente edición de El Desafío Mountain Resort, en San Martín de los Andes. Para excursiones más largas, se pueden planear circuitos fuera del país por la India (especialmente, Dubai) y por China (donde el polo es un boom, en particular la modalidad sobre nieve).

Así, este deporte cuyos orígenes se remontan a Persia, Irán, China, Japón, Egipto, con testimonios que datan incluso del siglo VIII antes de nuestra era, sigue movilizando pasiones. En la Argentina, tuvo grandes apellidos (Harriot, Duggan, Cavanagh, Gazzotti, Andrada, Alberdi) y hoy se concentra en concurridos encuentros como el Campeonato Argentino Abierto (en Palermo, más de 80 mil espectadores se reúnen cada año), el Abierto de Hurlingham, el Abierto de Tortugas, la Triple Corona, la Copa de las Naciones, la Copa Cámara de Diputados… Pasado y presente, actividad física y aire libre, gastronomía y elegancia, todas razones para organizar un viaje polístico.

Paseo, trote y galope. La selección natural originó el caballo criollo. Indios y conquistadores descubrieron modos de relacionarse con esta noble criatura. Desde entonces, existen diversas tradiciones en torno de los caballos.

Siempre se precisa una adaptación de la esencia salvaje de los equinos, para que respondan al ser humano. Entre los diferentes métodos, escuelas y teorías, la doma india, por ejemplo, intenta aplicar antiguos criterios aborígenes: paciencia, amor, vocación de enseñanza y cero violencia. Con caballos ya amansados, muchas faenas rurales se simplifican y se abre un abanico de formas de deporte y recreación.

¿Dónde y cómo entrar en contacto con estos bellos y misteriosos seres de casi 600 kg?
Antes de una cabalgata, conviene recibir instrucciones en una escuela de equitación. Dentro de Capital Federal, hay cuatro: el Club Alemán de Equitación (Dorrego 4045), el Club Hípico Argentino (Figueroa Alcorta 7285), el Club Hípico Buenos Aires (Figueroa Alcorta al 4800, entre Dorrego y Belisario Roldán), Club Hípico GEBA (Guerrico y Figueroa Alcorta). En provincias como Buenos Aires, La Rioja, Córdoba, Catamarca, San Luis, entre otras, más escuelas enseñan a andar a caballo.

Allí, se enseñan las principales disciplinas del hipismo: volteo, salto (de obstáculos en espacios cortos), adiestramiento (un despliegue de coreografías del jinete con el caballo), prueba o concurso completo (salto de vallas a campo traviesa, en distancias largas; en la guarnición militar de Campo de Mayo, partido de San Miguel, se puede practicar), endurance (carreras, de entre 50 y 100 km, de resistencia contra reloj), carruaje (o atalaje, es decir, competencias con carros tirados por uno o varios caballos). El polo, que también forma parte del hipismo, es la única disciplina fuera de la Federación Ecuestre Argentina, con reglas, organizaciones y un entorno de aficionados muy específico.

Yanina Alvarez, profesora en el Club Alemán de Equitación, explica que “los primeros pasos se dan en el volteo, derivación de la palabra francesa voltige (‘círculo, vuelta, acrobacia’). El jinete realiza movimientos sobre un caballo que se desplaza en círculo, manejado por un entrenador. Se practica con los distintos aires del caballo: paseo, trote y galope. Para niños desde los 3 años y jóvenes, las clases son grupales y, por lo tanto, muy económicas. Los adultos pueden elegir clases individuales. Todos van adquiriendo la base de la equitación (seguridad y equilibrio) y un saber sobre el caballo, para reconocer sus reacciones: si se tropieza, si se asusta, si hace un cambio de aire. En el hipismo, se trabaja con otro ser vivo, que despierta cariño a medida que el animal abre las puertas de su mundo”.

También existen cabalgatas que no requieren experiencia previa, con caballos mansos. Juan Manuel Basin, de CabalgataMásAventura, coordina cabalgatas por caminos de troperos, en zona de montes, visitando campos, puesteros, yerras, jineteadas. Los circuitos pasan por Escobar, Río Luján, Gualeguay-chú, dependiendo de la época del año, según temperatura, inundaciones o mosquitos. Una alternativa en casi todos los meses es la cabalgata nocturna en Cañuelas: “Es un paseo más rústico a las habituales cabalgatas alrededor de las estancias. Salimos a las seis de la tarde, hacemos un reconocimiento del terreno, luego un asado, y a la madrugada partimos por unos 8 km de caminos de tierra, dentro de 20 hectáreas con bosques de talas. Descansamos en verdadero contacto con la naturaleza (nada de hotel, ni duchas calientes), y regresamos a eso de las 9 de la mañana”. Con asado, fogones, guitarreada, vino y caballos, $ 150. Para los que se animan a más, la cabalgata sanmartiniana, son cinco días extremos.

Por Analía Melgar, publicado en diario PERFIL.

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