En Belgrado el pasado está en todas partes

Belgrado tiene fama como ciudad ideal para las fiestas y salidas nocturnas. Pero tiene mucho más que ofrecer. Por ejemplo, mucha historia. Fotos

Con 1,7 millones de habitantes, Belgrado es después de Estambul y Atenas la tercera metrópoli más grande del sureste de Europa. Foto: Detlef Berg/dpa [ Ver fotogalería ]

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Por Detlef Berg (dpa)

Con 1,7 millones de habitantes, Belgrado es después de Estambul y Atenas la tercera metrópoli más grande del sureste de Europa. Aun así, la antigua capital yugoslava, abierta al mundo durante el régimen de Tito (1945-1980), sigue siendo para mucha gente una ciudad desconocida. Esto tiene que ver, sobre todo, con la historia reciente, con la desintegración de yugoslavia y los enfrentamientos bélicos en la década de los 90. Mientras tanto, Belgrado ha adquirido fama entre los jóvenes como ciudad ideal para las fiestas y salidas nocturnas. Sin embargo, Belgrado tiene mucho más que ofrecer. Por ejemplo, mucha historia.

El punto de partida para una visita guiada es la imponente fortaleza Kalemegdan. Es el germen de Belgrado y está situada en una colina, muy por encima de las orillas de los ríos Danubio y Save. La vista llega lejos. A la derecha se ve el Danubio con sus orillas verdes, en gran parte todavía vírgenes, y a la izquierda el Save, que desemboca aquí en el Danubio. A lo largo de la orilla de enfrente se extienden los barrios de Nuevo Belgrado con sus edificios prefabricados de la época comunista.

En la colina ya hubo enfrentamientos entre romanos y celtas. Belgrado fue conquistada y reconquistada unas 80 veces. Numerosos monumentos recuerdan la movida historia de la ciudad. Quien quiera sumergirse literalmente en la historia de Belgrado puede reservar una excursión subterránea. Los participantes bajan al sistema de catacumbas muy ramificado que se encuentra debajo de la ciudad. Durante la excursión se ven conductos de agua construidos por los romanos, un búnker militar, así como un depósito de pólvora de los Habsburgo que hoy sirve como sala de exposición de esculturas romanas.

De regreso a la superficie vale la pena dar una vuelta por la zona peatonal Knez Mihailova. En esta calle, bordeada por casas de estilo art nouveau y del último cuarto del siglo XIX, no sólo invitan a una visita las elegantes tiendas, boutiques y galerías, sino también los numerosos restaurantes y cafés. Aquí, Belgrado no es gris en absoluto. Jóvenes elegantemente vestidos beben café con leche, disfrutan de un aperol o hablan por el smartphone.

Sin embargo, también aquí la historia está omnipresente. Al principio de la zona peatonal se encuentra la plaza principal de Belgrado, la Trg Republike. En esta bella plaza están situados el Museo Nacional y el Teatro Nacional. En el centro se alza la estatua ecuestre del príncipe Mihailo. Es el lugar de encuentro para los belgradenses. “Nos encontramos junto al caballo”, dicen irrespetuosamente.

La monumental iglesia de Sava no tiene desperdicio. La construcción de este templo, inacabada todavía, comenzó en 1935. Estaba diseñada para ser la mayor iglesia ortodoxa del mundo. Sólo en los últimos años se terminaron los trabajos en el exterior de la iglesia. Es tan grande como la Hagia Sophia en Estambul y da cabida a 15.000 creyentes.

Para conocer la historia más moderna de Belgrado conviene visitar el mausoleo de Tito. La tumba del hombre que con un estilo autoritario mantuvo unido, desde 1945 hasta su muerte en 1980, el frágil Estado yugoslavo con sus seis repúblicas, cinco naciones, cuatro lenguas, tres religiones, dos alfabetos y un partido único es un santuario para muchos que añoran la antigua Yugoslavia.

No puede faltar una visita a Skardarlija, el antiguo barrio bohemio de la ciudad que recuerda un poco a Montmartre. El barrio no sólo es un popular destino turístico, sino que también a los belgradenses les gusta ir a uno de los numerosos restaurantes que se encuentran allí y donde se sirven sobre todo sustanciosos platos regionales con mucha carne, acompañados de aguardiente, especialmente el rakija. “¡Ziveli!” (¡Salud!, en serbio).

El restaurante de Zlatko ofrece especialidades italianas. Como el sistema corrupto no le ofrecía muchas oportunidades profesionales, Zlatko, un dentista de 32 años, abrió en su casa particular el restaurante “De boca a boca”, donde él mismo cocina, junto con unos amigos. Cualquiera puede llamar a la puerta y es bienvenido.

Entre los comensales se encuentra Ralph van der Zijden. Este holandés emprendedor ha vivido muchas cosas en los Balcanes. Finalmente, decidió quedarse en Belgrado. Le fascina la vida agitada en la ciudad. Van der Zijden organiza excursiones en bicicleta en las que enseña lugares poco visitados en Belgrado, tales como el hotel “Jugoslavija”, antigua sede del gobierno, o las huellas de los bombardeos lanzados en la década de los 90 por la OTAN. El tour también lleva al barrio Zemun con sus singulares restaurantes de pescado, situado a orillas de Danubio, a las afueras de Belgrado.

El holandés también inventó el Night Life Academy, un tour guiado por la exitante vida nocturna de Belgrado, con paradas en sitios como el “Red Bar”, el “Familia Bar” y el “Tube Club”. Para “disco kings” y “party queens” es obligatoria una visita al “BIGZ”. En las diversas plantas de la antigua fábrica hay música en vivo, bares y discotecas, que abren hasta las primeras horas de la mañana.

Otros prefieren bajar a los ríos, ya que en el Save y el Danubio hay muchas discotecas flotantes. Una de ellas es “Brodic”, una vetusta gabarra. Los visitantes que toman una cerveza en este lugar rápidamente entran en contacto con vecinos de la ciudad. A los belgradenses les gustaría recibir más turistas, y efectivamente, vale la pena visitar esta ciudad.

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