La “puerta de oro” de Colombia

Barranquilla acaba de festejar su bicentenario, reafirmando su impronta de ciudad libre, colorida y vital. Fotos.

BAÑADA POR EL SOL. La arquitectura es uno de los grandes atractivos de Barranquilla. Foto: Cedoc [ Ver fotogalería ]

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Por Laura Blanco. Nota publicada en el Diario PERFIL el 4 de mayo de 2013.

En días de Carnaval, las calles de Barranquilla explotan. Disfrazados o cubiertos con maicena (allí no se arroja agua, sino maicena), lugareños y turistas bailan, cantan y se emborrachan durante casi una semana, haciendo de esta fiesta –declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad– una de las más divertidas, coloridas y populares del mundo.

Sin embargo, y aunque el Carnaval sea su principal atractivo, Barranquilla es una ciudad que no tiene desperdicio en ninguna época del año. Por sus playas, su arquitectura, su movida cultural y su vida nocturna, “la puerta de oro de Colombia” es uno de los destinos de Latinoamérica más interesantes para conocer.

Lo primero que llamará la atención de cualquier viajero que pise este suelo es la actitud de su gente. Tal vez sea un lugar común decirlo, pero es cierto: la alegría tiene dueño y es de Colombia. En cada rincón de este bello país la gente sorprende con su hospitalidad y amabilidad. Y los barranquilleros no se quedan atrás; siempre dispuestos a dar una mano cuando se los necesita.

Barranquilla nació hace 200 años –el 7 de abril celebró su bicentenario– y, antes de convertirse en lo que hoy conocemos como ciudad, era lo que se llamaba un “sitio de libres”, es decir, una pequeña población que albergaba a habitantes libres y donde no existían los matrimonios legales ni las autoridades políticas o religiosas.

Así, esclavos liberados, indígenas rebeldes, judíos, palestinos, europeos y chinos aprendieron a convivir en paz y respeto hasta fundar una de las urbes más pujantes del Caribe. De ahí que se la llame “la ciudad de los brazos  abiertos”: allí todos son bienvenidos.

Ubicada sobre la costa del Caribe, la ciudad natal de la cantante Shakira está rodeada de paradisíacas playas de aguas cristalinas (aunque no de arena blanca) que, por su clima tropical, pueden disfrutarse los 365 días del año.

A unos 18 kilómetros se encuentra Pradomar, una de las más cercanas. También son recomendables Puerto Velero y Salgar. En esta última se encuentra el Castillo, un fuerte español construido en la época de la colonia para controlar el contrabando, que sirvió como presidio y, más tarde, como refugio.

A sólo 20 minutos del casco histórico se encuentra Santa Verónica, una de las playas más lindas de la zona. Si  vale la pena dar una vuelta por la paradisíaca Santa Marta y por Cartagena de Indias, enclave con un casco histórico y una belleza natural incomparables.

A unos 40 kilómetros está el volcán del Totumo, que en vez de lava tiene cenizas con aspecto de lodo en su interior. Dicen que las mismas poseen propiedades medicinales, por lo que la gente suele sumergirse allí. Se trata de un volcán enano, de aproximadamente 20 metros, al que se accede por una escalera de madera y en cuyo cráter entran sólo diez personas.

Ubicado frente a la ciénaga de Totumo –donde las lugareñas “limpian” a los turistas cubiertos de barro–, en el sitio se ofrecen también excursiones en lancha, que pasan por la Isla de los Cocos, La Fantasía y Las Garzas. Un verdadero spa natural.

A sólo unos minutos está la ensenada de Galerazamba, donde, desde épocas precolombinas, se extrae sal marina y que, en los últimos tiempos, es explotada turísticamente. Cuando cae la noche tropical, Barranquilla es una de las ciudades de América latina con mayor movida cultural y vida nocturna. La variedad de eventos es muy amplia: hay discotecas, teatros, bares y restaurantes para todos los gustos.

A la hora de sentarse a la mesa, las delicias típicas son ricas y coloridas. No se puede dejar la ciudad sin antes haber probado el sancocho de guandú con carne salada, la butifarra, los bollos de yuca o el enyucado. Uno de los recomendados para ir a cenar es el restaurante giratorio que se encuentra en el último piso del hotel Dann Carlton y ofrece vistas imperdibles.

Los lugareños dicen que no se conoce del todo la noche barranquillera si no se visita “La Cueva”, un mítico bar que los intelectuales usaban como punto de encuentro en los 50. Artistas como Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón, Roberto Prieto o Gabriel García Márquez pasaron varias noches en sus mesas discutiendo y charlando, dando origen al Grupo de Barranquilla, un movimiento que marcó la cultura colombiana.

En la esquina de la calle 43 y 59, “La Cueva” fue reciclado como restaurante museo y exhibe cuadros, libros, fotografías y videos de su historia. Tal es el cariño que Gabo le tiene a este reducto –allí festejó su despedida de soltero y el nacimiento de su primer hijo– que en su mágica obra Cien años de soledad le puso “La Cueva” al cuarto donde Aureliano descifraba los pergaminos del sabio catalán.

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4 Comentarios en “La “puerta de oro” de Colombia

  1. Jorge Carreño | 07/05/2013 | 16:00

    Es el mejor lugar del mundo, la gente es genial.

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