Un viaje al corazón pétreo de España

Un paraíso para los excursionistas en medio de espléndidas fortalezas, iglesias y aldeas. Fotos

Las caminatas desde Navacepada de Tormes hasta el Puerto de Candeleda pasando por el glaciar Barballido, en el norte de la Sierra de Gredos son espectaculares. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

Por Manuel Meyer (dpa)

Excepcionalmente, esta vez no es el hombre el que lleva la voz cantante. La Sierra de Gredos es el reino de las cabras montesas. Todo empieza pocos kilómetros después de un aparcamiento llamado Plataforma de Gredos. Allí la carretera que sale de la aldea de Hoyos del Espino termina abruptamente frente a gigantescas rocas de granito, a una altura de 1.780 metros.

Sin embargo, primero el camino conduce momentáneamente al reino de los sapos. Ellos dominan, al menos acústicamente, la meseta verde del Prado de las Pozas, un paisaje de praderas atravesado por pequeños arroyos de montaña y estanques.

Después de dejar atrás la Fuente de los Cavadores, el paisaje se torna más pedregoso, escarpado e inaccesible. No es raro que hasta entrado el mes de junio uno tenga que atravesar campos de nieve y hielo. Hasta una altura de 2.592 metros se alza majestuosamente sobre el paisaje de piedras y hielo el Pico Almanzor, la cima más alta alto de la Sierra de Gredos.

De repente, un fuerte estruendo rompe el silencio del paisaje montañoso. Erika y Wilfried se detienen. “¿Qué fue eso?”, se pregunta la pareja alemana, que decidió combinar una visita a Madrid con algunos días de excursión por la Sierra de Gredos, situada a sólo dos horas en coche de la capital española. Los dos miran a todos lados, pero al principio no se ve nada. Sin embargo, se repente se asoman dos cabras montesas paradas en el saliente de una roca que se levanta a unos pocos metros por encima del sendero.

Una y otra vez las dos cabras montesas adultas chocan sus cuernos entre sí con gran sonoridad. De repente aparece toda una manada de cabras montesas, que aparentemente no se sienten amenazadas por los hombres.

No era así hace 100 años, cuando la cabra montesa hispánica en el coto de caza real de la Sierra de Gredos estaba casi extinguida. En 1905, cuando sólo quedaban un macho, siete hembras y cuatro crías, el rey español Alfonso XIII prohibió la caza. No porque de repente se hubiese convertido en protector de animales, sino más bien porque quería asegurar para el futuro su propia reserva de caza. Actualmente, el número de cabras montesas que brincan por el paisaje rocoso llega a casi 10.000.

Por culpa de las cabras montesas omnipresentes, Erika y Wilfried casi no ven el lago de montaña glacial. La Laguna Grande es uno de los cinco grandes lagos de montaña en la región. Antes de regresar a Hoyos del Espino, una típica aldea de montaña del centro de España, situada a una altura de 1.500 metros, Erika se refresca los pies en en el agua helada del lago de montaña. La excursión, de casi seis horas, es sin duda una de las caminatas más bonitas por la Sierra de Gredos, pero no es la única, ni mucho menos.

Las caminatas desde Navacepada de Tormes hasta el Puerto de Candeleda pasando por el glaciar Barballido, en el norte de la Sierra de Gredos, son tan espectaculares como el camino de la aldea de El Raso al pico Almanzor, en el sur de la sierra. Desde Arenas de San Pedro, una ciudad de estilo medieval, donde se encuentra el Castillo de la Triste Condesa, que vale la pena visitar, se puede hacer una magnífica caminata hacia la columna vertical de granito de Los Galayos, un auténtico paraíso para escaladores.

El macizo central no sólo separa la meseta de Castilla entre norte y el sur, sino que también divide climáticamente la región: el norte es árido mientras que las pendientes en el sur tienen un aspecto más bien mediterráneo con sus palmeras, higueras, naranjos y olivos. El lado norte de la sierra, escasamente poblado y marcado por la ganadería, es relativamente plano e ideal para caminatas menos exigentes. El lado sur de la Sierra de Gredos es más interesante para excursionistas y escaladores experimentados.

Los senderos atraviesan plantaciones frutícolas con higueras y cerezos, así como tupidos pinares, castañares y robledos. Esos caminos ya fueron transitados por celtas, romanos, árabes, reyes y emperadores. Entre las poblaciones de montaña que merecen una visita destaca, se encuentran El Barco de Ávila con su iglesia gótica del siglo XIV, la fortaleza Valdecorneja y su viejo puente sobre el río Tormes.

Es asombrosa la cantidad de espléndidas fortalezas, iglesias y aldeas en esta región aislada. Sin embargo, en el pasado la Sierra de Gredos tenía una enorme importancia estratégica. En esta región luchaban celtas contra romanos. Desde Cuevas del Valle sale un camino hermoso sobre una de las calzadas romanas mejor conservadas de España hacia el Puerto del Pico. La calzada fue construida en el segundo siglo antes de Cristo en la Sierra de Gredos para los desplazamientos de las tropas del ejército romano.

El escritor y filósofo español Miguel de Unamuno definió la Sierra de Gredos como “techo de Castilla y corazón pétreo de España”. Es decir, que para muchos españoles, lo que hoy es un parque regional no sólo es un paraíso para excursionistas, sino también un lugar de sentimientos nacionales.

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