Bellezas de la Costa Brava

Es uno de los litorales más bonitos de España. En el Camí de Ronda, los caminantes disfrutan de un mundo de completa tranquilidad. Fotogalería.

Calella de Palafrugell, en la provincia española de Gerona, es un encantador pueblo pesquero con casitas blancas en la Costa Brava. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

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La mayoría de los turistas extranjeros que veranean en Lloret de Mar (España) identifican la Costa Brava con hileras interminables de hoteles y fiestas en la playa. Están equivocados, como demuestra el Camí de Ronda. Una caminata por este sendero costero no sólo confirma que la Costa Brava es uno de los litorales más bonitos de España, sino que también revela la originalidad y soledad que esconde esta franja costera.

Sin embargo, después de pasar la primera noche en Lloret de Mar, todos los clichés quedan confirmados. En una esquina, un joven alemán está siendo atendido por trabajadores sanitarios que sospechan otro caso de intoxicación etílica. Frente a un hotel, la policía sopesa llevar a la comisaría a un grupo de alborotadores ingleses. Hasta las primeras horas de la mañana sale de las discotecas el ruido ensordecedor de la música.

Los excursionistas que a primera hora de la mañana emprenden una caminata por el paseo marítimo en slalom, armados con mochila y bastón, tienen que esquivar los cuerpos tendidos en el suelo de turistas alcoholizados que en la noche no habían encontrado el camino al hotel. Sin embargo, nada más subir la empinada escalera de piedra debajo de la casa fortaleza Burg d’en Plaja, al final de la playa, los caminantes entran de repente en un mundo de tranquilidad.

Un olor a pino satura el aire. El Mediterráneo resplandece plácidamente bajo el sol. El camino costero, señalizado como GR 92, que discurre entre la pequeña ciudad costera catalana de Blanes y la localidad de Portbou, en la frontera con Francia, tiene una extensión de casi 200 kilómetros. El trayecto pasa por viejos senderos costeros que ya eran utilizados por pescadores hace cientos de años.

Después de bordear calas solitarias, de difícil acceso, como Cala Morisca o Cala Moltó, y la lengua de tierra Punta des Cards, los caminantes llegan a Tossa de Mar. Entre chumberas, una larga escalera desciende de los empinados acantilados a la pequeña ciudad costera medieval. La muralla coronada de almenas y los torreones defendían la localidad ya en el siglo XVI de los ataques piratas.

Aunque Tossa de Mar muchas veces está invadida de turistas en verano, el romántico centro histórico y la extensa playa invitan a reponerse de la agotadora caminata. En el Camí de Ronda, hasta Cala Giverola, se aprende a entender por qué el escritor catalán Ferran Argulló dio en 1908 el nombre de Costa Brava a esta región. En varios tramos, el camino sobre los acantilados se convierte en una escalada y pasa por calas de difícil acceso.

A partir de la pequeña ciudad costera de Sant Feliu de Guíxols, conocida por albergar el monasterio benedictino más antiguo de Cataluña, el camino es menos difícil pero también está más transitado. A partir de S’Agaró, donde el Camí de Ronda está pavimentado de piedras de granito, numerosos turistas se unen a los excursionistas. Acostumbrado ya a la soledad del sendero, el caminante acelera automáticamente el paso cuando pasa por concurridas playas como Platja d’Aro o Palamós. Sin embargo, después de Palamós comienza uno de los tramos indudablemente más bonitos del Camí de Ronda.

El sendero atraviesa la extensa playa de arena de Roca Fosca para entrar nuevamente en parajes más solitarios. Tupidos pinares protegen del sol. Después de dejar atrás el viejísimo pueblo de pescadores de Pineda d’en Gori, en Cala s’Alguer, los caminantes llegan al pueblo ibérico de Castell, situado idílicamente en un acantilado y fundado en el siglo VI antes de Cristo. A un lado se extiende la Platja de Castell, unas de las playas más hermosas de la Costa Brava, y al otro lado la roca agujereada La Foradada.

A partir de Tamariu, donde el Camí de Ronda se bifurca hasta Begur, se recomienda seguir el tramo costero más largo, pero mucho más bonito, que pasa por Cala Aiguablava. El pueblo medieval de Begur, con sus torreones y edificios coloniales, fue fundado por los romanos. Las ruinas del castillo están situadas majestuosamente sobre la localidad. Aquí, los caminantes pueden elegir entre dos rutas: la que pasa por la cala salvajemente romántica de Sa Tuna y luego sigue por la segunda playa más larga de la Costa Brava, de diez kilómetros, o la ruta por el interior de la zona.

El paisaje se vuelve cada vez más árido y pierde su carácter mediterráneo, pero no su belleza. El Camí de Ronda serpentea desde el puerto pesquero de El Port de la Selva, en una costa en forma de hoz, hasta Portbou, en la frontera con Francia. Si al caminante aún le quedan fuerzas, debería hacer una parada en la sierra de Verdera para visitar el impresionante monasterio de Sant Pere de Rodes, del siglo XI.

Portbou es el final del camino. Durante la Guerra Civil (1936-1939), miles de republicanos cruzaron aquí la frontera huyendo de las tropas franquistas. Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, alemanes y franceses huyeron de los nazis a España vía Portbou. Entre ellos se encontraba el filósofo judío-alemán Walter Benjamin, quien se suicidó en esta población en 1940 para evitar su entrega a la Gestapo. La localidad fronteriza tiene una atmósfera triste, aunque tal vez esta impresión se deba al estado de ánimo melancólico del caminante, consciente de que aquí termina el Camí de Ronda, uno de los largos senderos costeros más bonitos de todo el Mediterráneo.

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DATOS ÚTILES. El sendero costero Camí de Ronda (GR 92), de 200 kilómetros, discurre a lo largo de la Costa Brava de Cataluña, en el extremo noreste de España, entre Blanes y Portbou. Se llega en avión a Barcelona y luego en tren de cercanías a Banes o Lloret de Mar. En Portbou se puede regresar en tren a Barcelona. A lo largo del Camí de Ronda hay opciones de alojamiento muy diversas, desde albergues juveniles hasta hoteles de lujo. Más información: http://www.costabrava.org / http://www.catalunya.com.

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