Los hoteles más locos del mundo

Dormir en tuberías, en el nido de un árbol o entre las rocas son algunas de las nuevas modalidades de hospedaje extremo. Fotogalería.

Dormir en la cabina de un avión, sobre una grúa, en un tubo de desagüe, en hoteles helados o de sal, en el nido de un árbol sueco o en las rocas de Turquía son algunas de las nuevas modalidades de “hospedaje extremo”. Experiencias atípicas, sólo aptas para viajeros intrépidos. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Por Verónica Martínez. Diario PERFIL.

Lejos de sentirse satisfechos con camas king size, sábanas de algodón egipcio y un baño reluciente en pulcritud, muchos viajeros rozan el límite de la excentricidad buscando estadías hoteleras únicas. No hablamos de las lujosas cadenas cinco estrellas, sino de aquellos lugares que sorprenden por brindar una clase de alojamiento inverosímil.

Suecia, uno de los países con mejor calidad de vida del mundo, parece ir a la vanguardia en propuestas singulares. El IceHotel, construido íntegramente con hielo del río Torne y nieve, es considerado el mayor en su tipo (existen otros en Noruega, Finlandia, Canadá y Andorra).

Emplazado en la región de Laponia, a 200 kilómetros sobre el Círculo Polar Artico, sus camas son una combinación de bloques de hielo, madera y un colchón cubierto con piel de reno. Para soportar las temperaturas que rondan los -5 ºC, (aunque en el exterior se registren más de -30 ºC) se emplean abrigadas bolsas de dormir simples o dobles.

Además de sauna, bar y restaurante, IceHotel tiene una iglesia de hielo para celebrar bautismos y bodas. Cada invierno se casan allí alrededor de 150 parejas, incluyendo matrimonios igualitarios, rodeadas por esculturas de arte efímero, hechas obviamente con el gélido material.

Aunque las compañías aéreas se esfuercen cada vez más en el diseño de butacas confortables, hay quienes prefieren la seguridad de estar con los pies en la tierra. Para ellos, Jumbo Stay ofrece la posibilidad de hospedarse en un auténtico Boeing 747.

Cuenta con cuartos privados, compartidos y una suite de lujo con baño en la cabina del piloto, que conserva piezas de la aeronave original. Como ventaja adicional, el establecimiento queda a diez minutos del aeropuerto de Arlanda, Estocolmo, ideal para dejar el avión anclado al suelo e ir directo a volar.

LA HABITACIÓN DEL ÁRBOL

Inspirado en una película llamada The tree lover, Treehotel, también en Suecia, propone habitaciones de distintas formas suspendidas entre árboles desde cuatro a seis metros de altura. Las más llamativas son la que emulan a un enorme nido de pájaro, camuflándose con el entorno natural, y la que se asemeja a un plato volador –y se ingresa a ellas a través de puentes, rampas o ecaleras retráctiles–. Las “casitas de los árboles” fueron creadas bajo los lineamientos de la construcción sostenible para generar un mínimo impacto ambiental en el bosque de Harads.

Soñar naturalmente en las alturas también es posible en Free Spirit Spheres, Vancouver, y Ariaú Amazon Towers, Brasil. El complejo canadiense cautiva por su arquitectura atípica. Se trata de un conjunto de esferas realizadas en fibra de vidrio y madera, atadas a frondosos árboles con cuerdas. Además de la elevación, la adrenalina está dada porque los cuerpos redondos, usados como habitaciones, se balancean con el viento y los movimientos de los huéspedes.

Alojarse entre las copas de los árboles de la selva amazónica, con la cercana compañía de monos, guacamayos y loros tiene su encanto. El lodge, situado a 60 kilómetros de Manaos, está construido sobre palafitos o pilotes de madera y ofrece cabañas circulares conectadas por pasarelas sobre el agua, donde nadan delfines rosados.

¿Dormir en una grúa? Sí, es posible en Harlingen Harbour Crane, en el norte de Holanda. Es una única habitación para dos personas montada en la antigua sal de máquinas de una grúa. Se accede a través de dos ascensores y depara vistas panorámicas a la costa del mar de Wadden, el muelle y la ciudad de Harlingen.

OTRAS RAREZAS GLOBALES

También hay opciones no aptas para claustrofóbicos, como los hoteles cápsula de Japón. El pionero, abierto en 1979, fue el Capsule Inn de Osaka, con habitáculos que miden dos metros de largo por uno de alto y 1,25 de ancho y disponen de radio, televisión e internet wi-fi. El concepto “poco espacio por poco dinero” se extendió a otros destinos nipones, incluyendo Tokio.

Desafiante en todo sentido es el Das Park Hotel de Bottrop-Ebel, Alemania. Invita a pasar la noche en recicladas tuberías de desagüe equipadas con una cama doble y bolsa de dormir, mientras que los baños son externos y compartidos. El modo de pago atenta contra el tradicional sistema de la industria hotelera: se rige por la modalidad “pay as you wish” (pague lo que pueda o desee).

Si un viajero busca materiales poco convencionales, el Palacio de Sal, ubicado en el Salar de Uyuni, Bolivia, está hecho a su medida. Paredes, techos, sillas, mesas y camas están realizadas con bloques del salado producto.

Otras insólitas experiencias de alojamiento permiten jugar a ser prisionero por un día, en el establecimiento Långholmen de Estocolmo, cuyos pasillos aún evocan el pasado carcelario del predio, o sentirse el rey de los mares en las propiedades subacuáticas Jules Undersea Lodge, de Florida, Estados Unidos, o Poseidon Undsersea Resort de las paradisíacas islas Fiji.

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