PANAMA CITY BEACH / FLORIDA

Panamá, a la americana

A sólo 530 km de Nueva Orleans, un balneario joven ofrece interminables playas de arena blanca, ostras, parques con caimanes y cervezas.

Panama City Beach se encuentra en la península de Florida y a sólo 530 km de Nueva Orleans. [ Ver fotogalería ]

Panama City Beach, en la región noroccidental de Florida, se encuentra sobre las aguas claras del golfo de México y es la “Capital Mundial del Spring Break”, en alusión a los miles de estudiantes que convoca cada marzo y abril. Esto explica la alta densidad de salones de tatuajes y campos de minigolf. Aquí, los museos de bellas artes se reemplazan por la vida marina y los daiquiris de piña acompañan infinidad de fiestas playeras.

1º Día. Desde el muelle

La primera valoración impactante de la zona se puede tener desde el muelle Russell- Fields, que se adentra casi 500 metros en las aguas azul esmeralda del golfo de México. Los kilómetros de azucarada arena blanca se extienden en cualquier dirección, hasta donde llega la vista. Se puede alquilar una caña de pescar y arrojar el cordel en el muelle y seguro caerá algún pámpano, merluza o caballa española.

Front Beach Road, la larga calle principal de Panama City, tiene un desproporcionado número de tiendas de remeras pintadas con aerógrafo, bikinis baratas y llamativos recuerdos. Entre esta turba neón de consumismo sorprende Dee’s Hangout, un restaurante hogareño especializado en cocina francesa de Louisiana donde el menú cuesta US$ 13.

Grayton Beer Company es una microcervecería de la región, 48 kilómetros al oeste de Panama City Beach, y vale la pena. Además, el nuevo Fishale Taphouse and Grill vende casi sesenta variedades de cervezas de la zona a US$ 5. Se recomiendan la Pensacola Sawgrass o la artesanal Southern Pecan Nut Brown Ale, de Mississippi. Se pueden degustar en un sillón, frente a la acogedora chimenea.

2º Día. Caminata

Empiece el segundo día con una caminata o paseo en bicicleta por el Parque Conservación, flamante reserva natural a tres kilómetros de la playa. Con 39 kilómetros de sendas serpenteantes, hay un camino apto para cada exigencia. Indudablemente se topará con puentes de madera que atraviesan las secciones pantanosas, donde pájaros carpinteros golpean árboles y los caimanes acechan entre los cipreses. Salpicadas entre las sendas hay extensiones de palmitos y pinos nativos.

Para honrar la historia naval de la ciudad está el museo Hombre en el Mar, un impresionante depósito de artículos marítimos históricos, incluido un viejo submarino. El almuerzo se baja caminando por las sendas naturales del Parque Estatal St. Andrews, en el extremo oriental de la ciudad. l parque tiene 2,4 kilómetros de playa que se extienden a lo largo del golfo y de la Gran Laguna, con caminos de madera donde se ve pastar venados o garzas en vuelo.

Si la idea de toparse con un caimán le resulta aterradora, sáltese el paseo por el lago Gator y vaya derecho a la playa, con dunas. Las aguas de la costa son populares entre los surfistas y practicantes de SUP (remo parado), mientras que los que gustan del snorkel dan vueltas por el embarcadero de piedra. Si el ocaso lo encuentra en la playa hay vistas espectaculares desde el bar del muelle en Pineapple Willy’s.

3º Día. Mercados extensos

El Mercado de Productores de la costa de la Gran Laguna está abierto todo el año en el puerto deportivo Pirate’s Cove, con música en vivo y vendedores locales que ofrecen productos frescos, conservas y obras de arte hechas con caracoles. El Shell Island Shuttle es un ferry que sale del Parque Estatal St. Andrews rumbo a la isla Shell, una barrera natural deshabitada de 11,2 kilómetros de largo que separa el golfo de la bahía de St. Andrews. En la travesía disfrutará los delfines narices de botella que nadan en el área. Pasará la tarde explorando las playas, haciendo snorkel en aguas turquesa y descansando en la sedosa arena blanca de este paraíso.

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(*) The New York Times. Nota publicada en la edición impresa de PERFIL el 19/10/2013.

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