San Miguel de Tucumán, la ciudad de las dos caras

Cuando sale el sol, la naturaleza y las raíces profundas son la carta de presentación del Jardín de la República.

Por Alejandro Bellotti. Desde Tucumán para Diario PERFIL

Es una monada. Un ejemplar precioso. Morochaza de ojos café que transporta con gracia y naturalidad los veinte kilos de plumas y accesorios carnavalescos. Sus muslos son firmes, y dorados, al igual que sus caderas, que se mecen de un lado a otro en sincronizado vaivén. Detrás llegan los redoblantes, los músicos, las demás chicas de la improvisada comparsa.

Pero todos quedamos impactados con la belleza exuberante de la primera bailarina. La perdemos entre la muchedumbre que cada noche inunda la calle frente a la Plaza Urquiza, donde la movida se consume a chorreadas. “¡Tucumán es la Ibiza de América del Sur!”, exclama orgulloso Carlos, un simpático mozo del restorán de ocasión. Tampoco tanto, Carlos, pero  cierto es que para quien nunca haya estado en San Miguel, la fiesta nocturna lo sorprenderá.

Acá todos parecen tener siempre a mano la frase justa que repasan como inventario: “Tucumán es la ciudad de la doble vida”, insiste Carlos. Explíquenos, maestro: “De día, una ciudad con parsimonia provinciana. Los negocios cierran al mediodía, los empleados van a almorzar a sus casas, con sus mujeres, se duerme la siesta. Pero por las noches… Mirá, ¡mirá lo que es eso!”. Eso es una troupe de muchachas curvilíneas ensobradas en fina lycra blanca, repartiendo aquí y allá tarjetas de descuento para uno de los boliches más concurridos de la urbe.

Tucumán es una fiesta. De día, la ciudad invita a devorársela a tranco firme. Nada de taxis ni micros turísticos. A Tucumán hay que caminarla. En los rincones de sus entrañas supuran las esquirlas del pasado, asociadas en gran parte a los convulsionados días de la Independencia Nacional. El centro patrimonial está concentrando en los alrededores de la plaza Independencia, nutrida por laureles, naranjos y frondosos lapachos que en primavera desnudan sus colores.

Allí, se erige la Estatua de la Libertad esculpida por Lola Mora, y la Casa de Gobierno, con sus toques del barroco francés, obra del arquitecto tucumano Domingo Selva. El palacio gubernamental debe visitarse para recorrer sus salones ornamentados con mobiliario exquisito y suntuosas pinturas. Además, allí descansan los restos del gran Juan Bautista Alberdi.

A pasos nomás del histórico edificio se encuentra el Museo Casa Padilla, que conserva la colección de arte decorativo que perteneció a la familia propietaria; el ex cine Plaza; el convento e iglesia de San Francisco, la cual atesora maravillosos altares dorados a la hoja; el tradicional Jockey Club; la Casa Helguera, con un patio interior forrado de mayólicas; la Catedral; y el Museo Histórico Avellaneda, donde puede apreciarse una colección de carbonillas realizadas por Lola Mora.

Sin dudas, cualquier visitante que pase por Tucumán no puede dejar de conocer la archi-famosa Casa Histórica, escenario de la jura de 1816. Bueno, en realidad, lo que se ve hoy es una reconstrucción de mediados del siglo XX, sólo se mantiene original el salón donde se realizó la jura. En “La Casa” funciona el Museo de la Independencia, y en sus patios se realiza un espectáculo de luz y sonido.

Bien verde. El “campo” tucumano se encuentra a minutos del bullicio céntrico. Basta estirarse hasta El Cadillal, a escasos 30 kilómetros al norte de San Miguel, para rodearse de cañaverales y dilatadas plantaciones de limoneros (Tucumán es líder mundial en exportación de limones). Además de ser una comunidad inmersa en Tafí Viejo, El Cadillal, es un gigantesco complejo turístico montado en torno al dique Celestino Gelsi. Allí, los visitantes pueden practicar deportes acuáticos, pescar, pasear en catamarán o ascender 600 metros hasta la cima del cerro Médici mediante unas modernas aerosillas. Una vez arriba, se obtienen unas incomparables vistas panorámicas que alcanzan hasta la misma ciudad. El paseo incluye un recorrido a pie por un sendero de vegetación frondosa con flora y fauna autóctona.

En Acción. De un tiempo a esta parte, Tucumán se ha convertido en uno de los principales centros de turismo aventura del país. En San Miguel todo está cerca, las rutas y accesos, en buen estado, y los operadores son grandes profesionales. A unos 20 minutos del centro, y luego de pasar por el paquete barrio de Yerba Buena, se llega al cerro San Javier, donde además de obtener unas de las vistas más hermosas del noroeste argentino, se practican trekking, cabalgatas y parapente. Imperdible.

 

15 Comentarios en “San Miguel de Tucumán, la ciudad de las dos caras

  1. Flavio Pigazzi | 15/01/2014 | 21:05

    todo lindo salvo que tomes la ruta 38 para ir hacia el sur y luego hacia Tafi del Valle que esta destruida y rodeada de pobreza.

    • martin pastrana | 16/01/2014 | 3:25

      Esto, no es verdad, ya que la ruta a Tafí del Valle, está reparada a nueva desde hace un año.

  2. por que no pones fotos de la morocha en vez de solo describirla, flor de maraca!!!!

  3. jesus | 16/01/2014 | 11:38

    una pobreza del tipo brazil favelesco las rutas un asco para el sur sin indicadores con cortes por obras oblogandote a entrar en villas que no se indican como seguir, hace 10 años era hermosa hoy 2014 es la favela de argentina y te roban los piratas del asfalto en las autopistas. dejen de tapar con un dedo el sol de hediondo el edor a basura que se respira en tucuman.

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