DE COMPRAS COMO EN EL SIGLO XVII

Vestigio de la Ruta de la Seda entre Oriente y Occidente, el abigarrado edificio del s. XVII es sorprendente. Galería de fotos.

El Mercado de las Especias de Estambul fue construido en el año 1663, como parte de una mezquita que funciona muy cerca del Puente Gálata. Fotos: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Ya en la entrada se percibe un sitio diferente, casi un desafío, un impulso para los sentidos. El Mercado de las Especias de Estambul, para algunos el Bazar Egipcio o Misir Çarsisi, de acuerdo a su denominación original, es un bullicioso recinto de seis accesos y alberga ochenta puestos cuidadosamente instalados e iluminados.

Se encuentra ubicado a pocos metros del Cuerno de Oro, una entrada de agua del Mar de Mármara, muy próxima al estrecho del Bósforo, conexión acuática con el Mar Negro, por la que navegan a diario miles de barcos de diferente porte.

El Mercado de las Especias testimonia lo que alguna vez fue la ruta de la seda entre Oriente y Occidente. Fue construido en el año 1663, como parte de una mezquita que funciona muy cerca del Puente Gálata.

Es imposible entrar en él y no dejarse llevar por el clima que se vive en su interior. Aromas exóticos, colores atractivos y música embriagadora. Al alcance de la mano se exhiben todas las especias conocidas junto a otras que resultan anónimas a un típico turista rioplatense.

También se pueden probar diferentes clases de tés y frutas secas. Recipientes con pistachos, almendras, castañas, nueces junto a dátiles, higos y orejones en disímiles preparaciones, se exponen con elegancia en platos suntuosos o en jarrones de vidrio.

Lo primero que le preguntan al argentino, apenas se acerca a un puesto es: “¿españoles?” Al responder: “no, de Argentina”, surge el instantáneo retruécano: “Messi… Rosario”, seguido de un inmediato “amigo”, con definido acento turco, para tratar de generar una conexión que facilite la eventual transacción.

En todo el mercado, casi nada tiene un precio exhibido. Toda la operación de compraventa dependerá de la cara, procedencia del cliente y la habilidad del comprador para sacar ventaja del regateo. Casi como dos esgrimistas, vendedor nativo y turista comprador se retarán permanentemente antes de cerrar la operación, pero con la certeza de que uno desea vender y el otro está dispuesto a comprar.

Hay locales que solamente ofrecen las célebres delicias turcas, que están hechas a base de fruta y elaboradas como bombones para degustación, muchas son de manzana, durazno y tienen menta o pistacho. No faltan los sitios que ofrecen el mejor caviar del mundo, el iraní que, según los entendidos, supera no sólo en precio al procedente de Rusia.

Si las ansias de comprar continúan y la billetera cuenta con reservas, en las afueras del Mercado se pueden recorrer cientos de puestos de ropa con marcas famosas, que si bien son apócrifas, en general tienen una confección que imita con puntillosa precisión a productos de la moda internacional. En “La Salada” turca, los turistas encuentran prendas a precios accesibles y sacian su sed de mostrar marcas top que de otra manera difícilmente estuviesen al alcance de cualquier bolsillo.

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