El arte de recorrer Milán en 36 hs

En vísperas de la Expo 2015, la ciudad hace gala de sus mejores tópicos y deslumbra combinando compras y arte a gran escala. Fotos

En vísperas de la Expo 2015, la ciudad lombarda hace gala de sus mejores tópicos y deslumbra combinando. La Ultima Cena con proyectos arquitectónicos futuristas y arte a gran escala. [ Ver fotogalería ]

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Por Ingrid K. Williams (*)

Las apariencias importan en Milán. ¿Quiere una prueba? Basta con pasear frente a algunos tópicos: la majestuosa catedral gótica, el solemne edificio de la ópera Teatro Alla Scala, los bien vestidos milaneses. Pero el verdadero encanto de la ciudad más cosmopolita de Italia es su rechazo a conformarse con estos hermosos tesoros.

A unas cuadras de La Ultima Cena, la obra maestra de Leonardo da Vinci del siglo XV, un ambicioso proyecto avanza lentamente hacia su culminación: CityLife, un nuevo vecindario ciudad-centro que exhibe un trío de deslumbrantes rascacielos futuristas. Y en vísperas de la Expo 2015, la ciudad ya está floreciendo con nuevos museos y restaurantes. En Milán, el futuro de Italia ya se muestra.

Día 1- diseño y navigli

El diseño es una religión en Milán, así que empiece presentando sus respetos al sumo altar que es el Museo Triennale de Diseño (Viale Alemagna). El museo, situado al filo del frondoso Parco Sempione, es el primero dedicado exclusivamente al diseño italiano. ¿Dónde más esperaría encontrar una botella Campari de tamaño extra grande al lado de una réplica “Brobdingnagiana” de una sandalia Ferragamo en tonos arco iris?

Hay rebaja en la entrada jueves y viernes, ideal para abrazar otro de los ritos sagrados de Milán, el aperitivo de la cena en el DesignCafe de la planta baja. Y la cena podría ser en Zucca e Melone (Via Gian Giacomo Mora, 3), un restaurante atípico con paredes en verde y violeta y sillas pintadas en naranja, amarillo y púrpura. El menú es tan creativo como el esquema de colores. Un plato principal, por 14,5 euros.

Luego viene el paseo nocturno por los encendidos canales y las tabernas del vecindario Navigli. Diseñados en parte por Leonardo, los estrechos canales fueron olvidados durante décadas, pero los esfuerzos recientes de preservación plantaron el área como uno de los destinos de vida nocturna más candentes de la ciudad. Busque el Spritz (Ripa di Porta Ticinese, 9) para saborear la bebida homónima del salón, un clásico italiano.

Día 2- por la piazza

Luego de años de restauración, la resplandeciente fachada de mármol blanco de la elevada catedral gótica de Milán, el Duomo, luce como nueva. Pero últimamente, todas las miradas se han enfocado en su vecino de la piazza, el Museo del Novecento, en el renovado Palazzo dell’Arengario. Su interior sorprendentemente moderno tiene una rampa espiral que lleva a los visitantes a las galerías de arriba, donde una extensa colección de arte italiano del siglo XX incluye obras de Umberto Boccioni, Carlo Carrà y muchos otros.

El bullicioso restaurante del tercer piso del museo Giacomo Arengario ofrece buenas vistas de la ciudad, siempre y cuando pueda sentarse en una mesa de la terraza. De lo contrario, consuélese con un cannolo en la vecina Antica Focacceria San Francesco (Via San Paolo, 15), un sitio familiar tipo cafetería que sirve especialidades sicilianas como arancine relleno de ragù, caponata salpicada de alcaparras y gruesas fetas de sfincione. Este sitio, que abrió las puertas en 2009, fue la primera sucursal del original de Palermo, un establecimiento de 176 años de historia, famoso por haberse negado a pagar pizzo (protección de la Mafia).

Después del almuerzo, hay motivos de sobra para visitar Via Montenapoleone, la principal avenida del distrito de alta moda de Milán. La gente que marca tendencias del mañana se pavonea frente a las relucientes ventanas de Gucci, Pucci y Prada.

En Spazio Rossana Orlandi (Via Matteo Bandello, 14) cada rincón del extendido recinto –que funciona como tienda, exhibidor y galería– está atestado con fantásticas piezas de arte con diseño y diseño artístico. La propietaria, la señora Orlandi, es ferviente partidaria de los diseñadores emergentes de todo el mundo y se ha encargado de una ecléctica mezcla de alegres piezas. ¿Se le antoja una estatua de cerdo en azul eléctrico para el patio? Pague 1.200 euros.

Tradicionalmente, el arroz ha superado a la pasta como plato preferido en la región de Lombardía (cuya capital es Milán), y el risotto es la suntuosa especialidad. Si busca algo auténtico, tome el metro M1 (rojo) hacia la estación Pasteur y después diríjase a Da Abele (Via Temperanza, 5), una sencilla trattoria situada al noreste del centro de la ciudad. Por la noche sólo ofrece tres risotti (9 euros)

Ya que está lejos del centro, aproveche la tarde y vaya a Birrificio Lambrate (Via Adelchi, 5), la primera cervecería artesanal de Milán. La reconocerá por la gente, tatuada y con aretes, que usa como mesas los autos estacionados en un angosto callejón. Si puede abrirse paso hasta el bar, ordene una pinta de Domm, una cerveza blanca estilo bávaro, o una clara Montestella saborizada (cinco euros cada una).

Día 3- pulida corporal

Sumérjase en oro y esmeralda en el sereno y subterráneo spa del Bulgari Hotel (Via Privata Fratelli Gabba, 7b). Llegue temprano para una inmersión solitaria en la reluciente piscina y un tranquilo baño de vapor en el bochornoso hammam, antes de someterse a un masaje de aromaterapia (120 euros). Emergerá renovado y tan pulido como una de las piedras preciosas de la joyería.

Encamínese al norte, hasta los límites de la ciudad, donde una ex fábrica ha sido transformada en el HangarBicocca (Via Privata Chiese hangarbicocca.it), un cavernoso espacio repleto de hipnotizantes instalaciones de arte a gran escala. Es un viaje un poco largo, pero vale la pena. El área principal de exhibición es un oscuro e inquietante paisaje lunar dominado por The Seven Heavenly Palaces, obra monumental de Anselm Kiefer.

Alrededor de las siete torres colosales iluminadas del señor Kiefer ha brotado una exhibición siempre cambiante de obras innovadoras, como una escultura de cera derretida, andamiaje invertido y una enorme imagen de una anciana elaborada con pasto fotosensible. Cuando haya cubierto su cuota diaria de maravillas impactantes, recuerde la experiencia degustando un desayuno almuerzo (20 euros) en HB Bistrot, la cafetería del sitio.

 

* The New York Times / travel. Publicado en la edición impresa del Diario PERFIL el sábado 14 de abril de 2012