BUENOS AIRES

La Recoleta, el rincón donde vive nuestra historia

Es uno de los puntos de la ciudad de Buenos Aires preferidos por los visitantes extranjeros. Fotos

Impresionantes esculturas adornan las últimas moradas de pensadores, artistas y políticos que escribieron la historia argentina | Foto: Darío Silva D'Andrea [ Ver fotogalería ]

Ficha

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Por Darío Silva D'Andrea

Es uno de los puntos de la ciudad de Buenos Aires preferidos por los visitantes extranjeros. Les atrae su arte, plasmado en esculturas, y sus historia. Algunas de ellas, curiosas y extrañas, otras misteriosas y muchas románticas, sus leyendas convierten al Cementerio de Recoleta en un destino fascinante para quienes gusten del turismo cultural, y en uno de los tres cementerios más importantes del mundo, junto al Pére Lachaise, de París, y al Staglieno, de Génova.

Este cementerio fue fundado en 1822, en el antiguo huerto de los monjes recoletos, por un decreto de Bernardino Rivadavia, por entonces ministro de Gobierno del gobernador Martín Rodríguez, se convirtió en el primer cementerio público de Buenos Aires. Hoy, por su laberíntico entramado de callecitas y avenidas arboladas pasean cientos de turistas por semana –en general extranjeros– encantados con esta joya artística en plena Sudamérica. Lo que más llama su atención son los féretros expuestos en el interior de las bóvedas, que en la mayoría de los otros países no suelen verse, y -los que cuentan con un ojo más frágil por lo artístico- las esculturas que adornan los mausoleos.

Las tierras habían sido donadas en el siglo XVIII por don Fernando de Valdez e Inclán y su esposa, Gregoria de Herrera y Hurtado, a la orden de los recoletos para que se construyeran allí un convento y una iglesia. Un día después de su fundación se realizaron los primeros entierros: el del niño esclavo “Juan Benito y Doña Dolores Maciel, nativa de esta ciudad, soltera“, según los registros de la época. Al año año siguiente fue construida la más antigua de las bóvedas todavía existentes, la de la familia Bustillo.

En la década de 1830, como relata Diego Zigiotto en su libro Las mil y una curiosidades de Buenos Aires (Ed. Norma, 2008), los muros que lo rodean fueron utilizados para las ejecuciones ordenadas por Juan Manuel de Rosas. En 1853 perdió su condición de “camposanto” cuando el presidente Mitre ordenó el entierro del Dr. Blas Agüero, un francmasón a quien el arzobispo de Buenos Aires le había negado cristiana sepultura porque, fiel a sus principios, se había negado a recibir los sacramentos. Mitre decretó el permiso para el entierro, y el arzobispo retrucó retirando la bendición a la necrópolis y por lo tanto su condición de santidad.

Desde aquella época, el cementerio fue el preferido de la elite porteña, y, tras un largo período de abandono, el primer intendente de la ciudad, Torcuato de Alvear, ordenó su remodelación, a cargo del arquitecto Buschiazzo. Se pavimentaron sus callecitas, se rodeó con un muro de ladrillos y se embelleció con un pórtico de entrada con doble hilera de columnas.

En sus 4.780 bóvedas descansan presidentes, vicepresidentes, políticos, artistas, militares, científicos, magnates, dictadores, revolucionarios, empresarios y desconocidos. Los “mejores” apellidos de la historia argentina tienen en La Recoleta un espacio para pasar a la posteridad. Entre sus laberínticos pasillos descansan los restos personajes como Sarmiento, Mitre, Irigoyen, Rosas y Remedios de Escalada.

Todos mezclados y de buena casta. No obstante, hay algunas excepciones, como el boxeador Luis Ángel Firpo, el “toro salvaje de las Pampas”, que tenía un influyente protector que pertenecía a la oligarquía, Félix Bunge (que también está sepultado allí) y “Evita” Perón, que nunca disimuló su hostilidad hacia las clases altas pero cuya tumba es la más buscada por los visitantes.

Las historias de fantasmas, tragedias y romances están a la orden del día, y son quizá lo que más fascina a los visitantes del cementerio. Está, por ejemplo, la leyenda de la misteriosa jovencita que pasea tarde tras tarde por las callejuelas del cementerio. Un muchacho la persigue hasta que consigue su dirección, y cuando va a buscarla, la madre le dice que su hija está enterrada en la Recoleta.

Luego está Rufina, uno de los “habitantes” más trágicos del cementerio. Nacida en 1883, hija del escritor Eugenio Cambaceres, era rubia y muy bella, y murió súbitamente mientras se vestía el día que cumplía 19 años. Su muerte conmocionó a Buenos Aires, y fue sepultada en Recoleta, pero en realidad Rufina no había muerto: fue enterrada viva, como se comprobó luego por el desplazamiento del ataúd y por las marcas que dejó la joven en un desesperado e inútil intento por liberarse.

Menos tenebrosa, y más extravagante, parece ser la historia de Alfredo Gath, dueño de las célebres tiendas «Gath & Chavez», que tenía miedo de ser enterrado vivo, por lo que gastó una gran fortuna para instalar dentro de su ataúd (hecho a medida) un dispositivo eléctrico que -colocado en su mano, después de muerto- le permitiría accionar una sirena a la vez que levantaba la tapa del féretro.

Su historia la recoge el historiador Daniel Balmaceda en Historias insólitas de la historia argentina: “El mecanismo fue probado varias veces antes de 1936, antes de que don Alfredo se convirtiera en inexorable huésped del cajón (…) Gath murió tranquilo, sabiendo que estaba preparado para regresar del más allá. Pero nunca regresó. Tal vez -por qué no- debido a que falló el aparato”.

La que sorprende por su humildad -comparada con los otros monumentales mausoleos- es la tumba de la fallecida más célebre que descansa en Recoleta: María Eva Duarte de Perón, a quien los extranjeros también llaman “Evita”. Pocos de ellos saben quién fue Evita realmente y cuál fue el papel cumplió en nuestra historia. Lo seguro es que ante su tumba, ubicada en una estrecha callecita en la parte sur del cementerio, muy difícil de ubicar, siempre habrá un grupo de silenciosos visitantes y un ramo de flores frescas.

 

Guía

Más leyendas. Se dice que David Alleno, un cuidador del cementerio, resolvió construir su propia tumba. Ahorró suficiente dinero y partió de viaje a Génova, donde encargó un altorrelieve en el que aparece con sus herramientas de trabajo. El cuidador regresó con su encargo terminado y, una vez colocado en la bóveda, quedó tan enamorado con su obra que, para poder ocuparla, se quitó la vida.

Recomendaciones. Las bóvedas de la familia Duarte, donde se encuentra el cuerpo de Eva Perón, de Manuel Dorrego, de Juan Lavalle, de Luis Vernet, del matrimonio Del Carril, de la familia Dorrego Ortiz Basualdo y de Luis Ángel Firpo, entre otros.

El barrio de Recoleta. El barrio se distingue por su arquitectura, el carácter aristocrático de sus residencias y palacios, y sus espléndidas plazas.Una serie de locales de esparcimiento convoca a los visitantes conjugando música, gastronomía y paseo. En sus espacios verdes, se desarrolla un amplio abanico de actividades, como recitales, ferias y exposiciones.

Premios Nobel. Un historiador llegó a contar 670 personajes ilustres sepultados en La Recoleta pero, curiosamente, su fundador, Bernadino Rivadavia, no está enterrado allí. Reposa en un mausoleo en la plaza Miserere, en el barrio de Once. También hay premios Nobel, como Leloir y Saavedra Lamas, y escritores como Bioy Casares.

Sangre azul. Muertos menos famosos, pero de historias realmente intrigantes, también reposan en Recoleta, como Elisabeth Walewski, una hija de un supuesto hijo ilegítimo de Napoleón Bonaparte, y Juan Baustista Tupac Amaru, desciendiente de la dinastía imperial inca a quien Belgrano y San Martín quisieron coronar como monarca de nuestro país.

 

Datos

  • El cementerio ocupa cinco manzanas y media, cuenta con alrededor de 6 mil sepulcros a perpetuidad y más de 70 bóvedas son el Monumento Histórico Nacional. El Teléfono del Cementerio, para información adicional de primera mano es 4803 1594 y la dirección es Junín 1760.
  • Es recomendable acudir por la mañana, ya que el Cementerio cierra relativamente temprano (a las 18 hs) y hay mucho por ver. Una campana toca a las 17.50 para anunciar el cierre.
  • En el cementerio hay más de 70 gatos que se instalan de a grupos en distintos sepulcros y forman parte de otro atractivo más para los turistas que visitan el lugar.
  • El Gobierno de la Ciudad de la Ciudad ofrece visitas guiadas gratuitas a todos los cementerios de la ciudad, incluido el de la Recoleta, y en distintos idiomas.