PUERTO RICO

Por los caminos de San Juan, una experiencia caribeña

Conventos carmelitas devenidos en hoteles de lujo, barrios históricos, arte moderno y mucho plátano frito. Fotos

Tropical y colorida, la capital de la isla que descubrió Colón puede recorrerse en tres días intensos. Hay playas en el centro, parques tupidos y fortalezas para explorar. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Tal como sucede con cualquier metrópolis importante, podría pasar una semana en San Juan de Puerto Rico sin sondear todos los rincones. Sin embargo, los principales puntos de interés pueden recorrerse en 36 horas, incluso tomando en cuenta el ritmo pausado propio de los trópicos.

Día 1. Una caminata entre las calles céntricas del Viejo San Juan revela una ciudad en feroz competencia por convertirse en la metrópolis más atestada de subvenirse del planeta, tal vez porque es puerto de los cruceros del Caribe. Dado que un sombrero Panamá es necesario para una tarde húmeda, lo encontrará en el diminuto emporio clásico Ole (105 Fortaleza St). Ábrase paso hasta el famoso Hotel El Convento (100 Cristo St.), una institución del Viejo San Juan. Fundado como convento -el primero de Puerto Rico-, cobijó monjas carmelitas durante 250 años antes de entrar a un período de tumultuosa descomposición. La estructura fue reconstruida a partir de 1959 y reabrió tres años después como hotel. El restaurante que mira al grandioso patio abierto es el lugar perfecto para cenar o beber algo.

Día 2. El desayuno se sirve todo el día en Caficultura (401 San Francisco St.), una atareada cafetería en la esquina de la Plaza Colón. Candelabros de vidrio negro cuelgan de techos altos, y pisos de mármol magnifican el sonido sociable de los turistas. Un desayuno local puede ser un panqueque de plátano con ron (US$ 12). El Viejo San Juan concentra edificios hermosamente conservados sobre calles de adoquines azul vidrioso.

Visite la catedral sobre Cristo St., la sórdida Plaza de Armas sobre San Francisco St., y al tomar Fortaleza St. Se desemboca en la grandiosa mansión del gobernador. Cada tanto eleve la mirada hacia los balcones adornados, y verá que los miles de colores formen un caleidoscopio visual. Justo antes del ocaso es la mejor hora para visitar el Castillo San Felipe del Morro, en el extremo norte de la calle Del Morro.

La majestuosa estructura toma brillo mientras el sol cae sobre el horizonte (abre a diario hasta las 18 hs.) y ofrece vistas a la bahía y al océano que se saborean mejor cuando franjas de luz rosa y naranja se asientan sobre el agua. La construcción en el castillo empezó en 1539, cuando España tenía el control de San Juan. Desde aquí las fuerzas españolas defendieron varios ataques marítimos, y podrá asomarse por ventanas donde alguna vez hubo cañones.

Luego de explorar el casco viejo, diríjase a un nuevo vecindario que se siente casi como una ciudad completamente distinta. Condado abraza la playa al este del Viejo San Juan y tiene la reluciente sensación de Miami Beach, con hoteles finos y casinos. Casa Lola (1006 Ashford Ave.) es el nuevo restaurante insignia de lujo, en una casa pintada de rosa. Un mahi mahi con bananas y salchicha local cuesta US$ 28 dólares. Para un trago de noche, y una dosis más fuerte del ambiente de ropa blanca y piel bronceada de Miami, recorra la franja de Condado hasta Oceana (1853 Mcleary Ave.), un hotel que alberga un popular restaurante-bar de dos niveles, y saboree un trago en el patio que prácticamente está sobre la playa. Para ser un lugar nocturno que se siente como club de moda, los precios son razonables: un ron con tónica cuesta U$ 4.5.

Día 3. El domingo por la mañana es un buen momento para agregar un poco de fibra cultural a su visita. Puesto que dos de los principales museos de arte de la ciudad están a una distancia caminable uno del otro, puede pasar un par de horas viendo arte puertorriqueño viejo y nuevo. Los museos están afuera de los circuitos turísticos del Viejo San Juan y de las franjas de playa, así que al caminar entre ambos también puede absorber la atmósfera urbana tal como la viven los locales: una mezcla de progreso y descomposición que sirve como recordatorio de la rezagada economía que muchos turistas desconocen.

Empiece en el Museo de Arte de Puerto Rico (299 Av. de Diego; mapr.org; admisión, US$ 6), donde la historia de arte local se exhibe en hermosas galerías distribuidas en dos pisos. Está organizado por eras. José Campeche, el pintor del siglo XVIII considerado como el primer artista puertorriqueño destacado, tiene una sala propia, pero ponga particular atención a la rica historia del arte de pósters del país. A diez minutos caminando, el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (Av. Ponce de León y Av. Roberto H. Todd, museocontemporaneopr.org; abierto hasta las 13 hs; admisión, US$ 5), situado en un elegante ex edificio escolar, alberga exhibiciones de artistas locales.

Otra caminata razonable desde los museos lo vuelve a llevar a la franja Condado, que tiene un aspecto mucho más aletargado durante el día. Para comida local clásica confiable, el Café del Ángel (1106 Av. Ashford) es un lugar siempre seguro, donde puede comer hasta llenarse del indispensable mofongo – el plato de banana frita que es el pilar de la cocina local – a un precio razonable (US$ 14.95 con cangrejo). Los emparedados son excelentes, mucho más que la decoración nada glamorosa.

Lejos de la vibración urbana, hay diversión en la arena de Isla Verde, donde se encuentra la mayoría de los grandes hoteles. Felizmente, no tiene que ser huésped de alguno para disfrutar de las olas. Las playas de Carolina están salpicadas de visitantes que quieren disfrutar del oleaje ligero. Es la forma perfecta de terminar su visita y recargar pilas. Finalice su estadía con un trago en el restaurante-bar Mist (2 Tartak St.), arriba del San Juan Water Beach Club Hotel. Tiene una piscina que se confunde con el horizonte, un D.J. y sofás blancos tamaño extragrande que invitan a apacibles ensueños de su viaje a medida que cae el sol.

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