El mundo de Fellini

A pesar de las destrucciones que le causó la Segunda Guerra Mundial, la ciudad natal del cineasta congrega a sus fans.

Piazza Cavour. Una escena de la nieve que cae suavemente sobre la fuente aparece en la película Amarcord, de 1973. Los inútiles (1953) también se rodó en Rímini. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Con un tenue chasquido, la puerta se abre por completo, para revelar el mobiliario clásico de la suite del Grand Hotel. La luz crepuscular de la costa italiana se filtra a través de las cortinas de gasa, impactando el terciopelo de un viejo sofá estilo Imperio. En la habitación contigua, el gran director italiano, Federico Fellini, debió haber dormido junto a su esposa, la actriz Giulietta Masina. Como en una escena de alguna de las películas de este realizador, lo auténtico y real cobran vuelo en la imaginación.

La ciudad natal del director, en la costa noreste de Italia, está llena de lugares que inspiraron escenas de sus películas. Fellini nació en Rímini y vivió allí hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Gran parte de la ciudad fue destruida durante el conflicto bélico y, además, Fellini estilizó románticamente las locaciones de sus obras –como Amarcord, de 1973–, por lo que los lugares filmados no son fácilmente reconocibles.

En las primeras cuarenta páginas de Fellini por Fellini, deja claramente asentado “no me gusta volver a Rímini”. Los turistas, hastiados, podrían decir lo mismo ya que la localidad es un intrascendente balneario de la Costa Adriática, situado a una hora y media del sureste de Bolonia. Abundan por doquier los hoteles insulsos, hasta llegar a la guarida del cineasta, que es el Grand Hotel, cuyos imponentes jardines conducen a un parque que lleva el nombre del director.

Por doquier, se encuentran allí las evidencias de la Rímini cinematográfica. En la Piazza Tre Martiri, una pequeña capilla recuerda aquélla donde fueron bendecidos los animales de la granja en Amarcord. El patio de ladrillos de la Biblioteca municipal, no es muy diferente al de la escuela primaria en donde los personajes Titta, Ovo y Ciccio se escabullen para fumar cigarrillos.

La sensación de que Fellini observa crece cuando se llega a la casa sin número en la Via Clementini: “Allí conocí a mi primer amor”, escribió él. Los restaurantes y heladerías del barrio llevan el nombre de la filmografía del genio, y el antiguo cine Fulgor, donde Fellini vio sus primeras películas, se dispone a convertirse en un Museo del Cine.

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