Myanmar, paraíso budista

Miles de templos, profundos ríos y exóticas playas. La gente, amable, respetuosa y multicultural, conserva las tradiciones. Fotos

ORACIÓN. El 89 por ciento de sus casi 60 millones de habitantes es budista, y la religión lo impregna todo. "La felicidad se haya en una armoniosamente disciplinada", es el lema del país. [ Ver fotogalería ]

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Por Analia Melgar

Pese a la globalización, Myanmar sigue siendo destino exótico y casi desconocido. Incluso su nombre resulta difuso. En efecto, su denominación refleja su conflictiva historia: emperadores, colonialismo inglés, dictaduras militares, reclamos de monjes budistas y riqueza multicultural.

Este universo asiático, recostado sobre el este del Golfo de Bengala y limítrofe con China, Laos, Tailandia e India ¿es Myanmar o Birmania? Para la Real Academia Española es Birmania, el gentilicio de la población es birmano y son birmanos el idioma, el alfabeto y la etnia mayoritaria. Myanmar, aceptado por la ONU y la UE, es resultado de un decreto nacionalista del gobierno militar que rigió entre 1988 y 2011.

Como fuere que se llame, su geografía es atravesada por los 2 mil km del río Irawadi y hay dos puntos fundamentales en su curso, Mandalay y Bagan, son unidos por ferrys que hacen 190 km en 15 horas. Allí la población, diversa y vital, sube y baja ofreciendo telas, frutas, platos con arroz y sopas de fideos chinos.

Sorprende que muchos birmanos lleven pintados su rostro y cuerpo. ¿Qué se ponen? Thanakha, polvo en pasta extraído de un árbol perfumado, que se aplica, por salud y por estética, con diversos dibujos sobre la piel. Mandalay contiene importantes testimonios del budismo.

De su arquitectura religiosa, mayormente destruida en la Segunda Guerra Mundial, sobrevivió el templo Shwenandaw Kyaung, con complejo ensamblado de piezas de madera. Asimismo, en la Mahamuni Paya, la pagoda más destacada de Mandalay, reside un Buda de cuatro metros de alto, revestido en oro.

En los alrededores, el monasterio de Mahagandaryon muestra la vida de los monjes, con sus togas color naranja o vino. Se encuentra próximo al U Bein, larguísimo puente de madera (1,2 km) sobre el río Ayeyarwady. Cerca, la aldea de Mingún posee, dentro de un inmenso templo inacabado, una campana de bronce de noventa toneladas y casi cuatro metros de alto por 15 de diámetro. Siguiente punto insoslayable: Bagan.

La zona arqueológica, de 13 por 8 km, se calcula que llegó a tener 10 mil edificios budistas. Pese a devastadores terremotos y cuestionables restauraciones, hoy permanecen más de 2 mil templos, pagodas y monasterios construidos entre los siglos IX y XIII. Están dispuestos sobre una llanura de tierra rojiza, recortada por sembradíos.

El paisaje es sobrecogedor y hay excursiones en globo aerostático o bicicleta. La historia que encierra es rica y profunda; en la Edad Media allí funcionó un centro de estudios.

Observar los volúmenes, relieves y pinturas de Bagan es apenas la puerta de entrada para esta, la ciudad histórica más famosa de Myanmar.

Entre el pasado y la renovación, entre la mayoría budista y las minorías musulmanas, católicas y judías, la urbe más grande es Rangún (o Yangón), antigua capital del país (en 2005 pasó a serlo Naipyidó).

A 30 km del mar, el clima húmedo de Rangún propicia exuberancia de flores y árboles tropicales. El ambiente grato, apto para paseos diurnos y nocturnos, se completa con el buen trato de los habitantes y delicias gastronómicas.

La pagoda Shwedagon, del siglo XVIII, deja boquiabierto al visitante con sus cien metros de dorada altura. A su alrededor, hay un complejo de edificios, y seductores mercados y comercios. La pagoda de Ngahtatgyi alberga a un Buda alto como un edificio de cinco pisos.

Para intercalar en la lista de tan variados y colosales monumentos, vale una visita al lago Inle, pintoresco universo de pescadores tradicionales y jardines flotantes. Myanmar se reserva también una franja costera. La playa de Ngapali, a media hora de vuelo desde Yangón, es la más conocida, y aun así es poco frecuentada, Chaung Tha Beach tiene una infraestructura de hoteles y bungalows, pero a ella sólo se llega tras cinco horas de auto desde Yangón.

 

Nota publicada en la edición del Diario PERFIL el 21 de abril de 2012

4 Comentarios en “Myanmar, paraíso budista

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