Los lustrabotas de La Paz cuentan los secretos de la ciudad a los turistas

Dejan por un momento sus labores y se convierten en guías turísticos que muestran a extranjeros los atractivos y aspectos ocultos de la ciudad, como parte de un programa para su mejor inserción social.

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Los lustrabotas de La Paz (Bolivia) dejan por un momento sus labores y se convierten en guías turísticos que muestran a extranjeros los atractivos y aspectos ocultos de la ciudad, como parte de un programa para su mejor inserción social. Considerado uno de los trabajos más deshonrosos y mal vistos de la sociedad paceña, quienes se abocan a esta actividad de lustrabotas cubren sus rostros con pasamontañas al estilo del mexicano subcomandante Marcos para evitar ser identificados, lo que podría llevar a que sean discriminados en las escuelas, en el barrio y hasta entre sus parientes, según relatan. “Tengo familia, pero ellos no saben que trabajo en esto”, dice Walter Tola, de 53 años, que antes era operario de una fábrica, pero por problemas de salud dejó ese trabajo y salió a trabajar limpiando zapatos.

Desde hace un año y medio brinda además su servicio de información en las afueras de la histórica iglesia de San Francisco, construida entre los siglos XVI y XVIII durante la colonia española. En su diálogo con turistas comenta detalles del templo, además de otros aspectos de la vida en La Paz. “La Iglesia San Francisco está al otro lado del Río Choqueyapu, que dividía el territorio. En una parte estaban los españoles y en la otra los indios“, cuenta Tola a una familia de cuatro berlineses contactados por la fundación de origen alemán “Vamos Juntos”, que organiza el inusual circuito de ‘turismo social’.

Fundación de La Paz

Tras la explicación y visita del templo, Walter despide a los turistas que ahora se dirigen a pie a la plaza Alonso de Mendoza, que recuerda al capitán español que en 1548 fundó “Nuestra Señora de La Paz” como descanso obligado de los viajeros entre Lima y las nuevas colonias de España. En ese sitio histórico está doña Esther Valero, de 40 años, madre de cuatro hijas y abuela de dos recién nacidas. Repite la rutina del intercambio -que se realiza sólo los miércoles, por acuerdo entre la fundación privada y los lustrabotas- en este caso centrado en el origen de la ciudad. Se desenvuelve con fluidez para narrar los hechos. Y luego comenta sobre su oficio y los problemas diarios de hoy en La Paz.

La mayoría de los lustrabotas tienen entre 25 y 50 años. Hay unas pocas mujeres y algunos adolescentes. Casi todos son muy pobres“, dice la mujer llegada de El Alto, ciudad dormitorio vecina a La Paz que concentra a la población más pobre. Esther cuenta que gana un promedio de 30 a 40 bolivianos por día, entre 4 y 5 dólares, y que con ello se hace muy difícil alimentar a su familia en un país –uno de los más pobres de Sudamérica– con un salario mínimo equivalente a 172 dólares. Por dar la información turística a los extranjeros a Esther le pagan 20 bolivianos, equivalentes a unos 3 dólares.

Cambiar la autoestima

Hay unos 700 lustrabotas en La Paz y la mayor parte no muestra su cara. Los paceños los ven como personas peligrosas que en sus momentos de ocio se dedican a consumir drogas y al alcoholismo. La directora de la fundación “Vamos Juntos”, Ruth Overbeck de Sumi, señaló que el objetivo del “turismo social” es “cambiar la autoestima de los lustracalzados y la imagen que se tiene de ellos. “Se tapan la cara porque no quieren ser reconocidos, tienen miedo que puedan ser tratados mal por el hecho de ser lustracalzados“, afirma Overbeck, cuya oficina cobra unos 17 dólares por persona, para realizar el circuito turístico.

Además del pago a los ‘guías’ turísticos, buena parte de ese dinero se destina a talleres de formación para los lustrabotas y a un programa de ayuda económica para el caso de enfermedades u otras necesidades de estos trabajadores de la calle. Ruth cuenta que turistas alemanes, ingleses, estadounidenses y franceses, entre otros, que quieren ver la ciudad desde una óptica diferente, se acercan interesados por el programa. Tras unas tres horas de caminata, que incluyó paseos históricos, la plaza de Armas y edificios antiguos, la familia alemana, finalizó contenta su paseo: “¿Tuvieron miedo de los lustrabotas con pasamontañas?” “¡Claro que no! Ha sido enriquecedor y lo haría otra vez”, respondió Joachim, que dijo que ahora pudo entender por qué llevan el rostro oculto.

2 Comentarios en “Los lustrabotas de La Paz cuentan los secretos de la ciudad a los turistas

  1. Benilda Dulcinea del Toboso | 27/11/2014 | 12:52

    interesante..todos los trabajos honrados son dignos,,,es una gran iniciativa para estos grandes trabajadores.

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