El Reino de los Mil Elefantes

Laos ofrece misterios remotos, arquitectura budista y gastronomía francesa. Viajes por el río Mekong y un universo donde el espíritu de Buda todo lo sobrevuela. Galería

ARCO PATUXAI. Sobre Lanexang Av., es algo así como la versión en Vientiane del Arco de Triunfo francés. Se puede llegar en bici. [ Ver fotogalería ]

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Por Analía Melgar (*)

Primero fue el Reino de los Mil Elefantes, fundado en el siglo XIV d.C. con población de la etnia lao, practicante del budismo theravada, la línea más tradicional y ortodoxa de esta religión. Luego, Laos fue colonia francesa hasta 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial, los fuertes ataques destruyeron gran parte de sus edificios, mientras Estados Unidos buscaba impedir la asociación de Laos con Vietnam. A continuación de la independencia y de un largo proceso de guerra civil, Laos se volvió un país gobernado por el comunismo, que destronó el anterior régimen monárquico. Actualmente, sigue siendo regido por el partido único, el Pathet Lao.

Por su historia, Laos hoy fusiona espiritualidad y arquitectura budistas; edificios, vocabulario y costumbres franceses; duros recuerdos de las guerras y minas antipersonales aún no desactivadas; y la impronta del partido único que se proyecta incluso en souvenires con retratos de sus gobernantes y banderitas con la hoz y el martillo. Pero Laos es también un universo de naturaleza exuberante. La explotación forestal intensa y la pérdida de bosques nativos para ganar tierras de cultivo –dedicadas, sobre todo, al arroz– han reducido sus encantos originarios. Pese a ello, las montañas y el valle del río Mekong siguen siendo un rincón bendecido por el clima tropical: en las frondosas selvas de este rincón de la Península de Indochina, hay mucho para ver y admirar.

Laos es un pequeño enclave en Oriente, limítrofe con Myanmar, China, Vietnam, Camboya y Tailandia, país con el que guarda muchas similitudes, simbolizadas a través del Puente de la Amistad, que une las dos riberas del Mekong desde 1994. De los 236.000 km2 laosianos, el 70% es terreno montañoso. Entre los casi 3 mil metros de altura de la Cordillera Annamese o Annamite, los atractivos turísticos esperan al visitante curioso. Esta zona centro-norte invita a hacer trekking y a conocer a la población de esta región alejada de centros urbanos, con usos y costumbres ancestrales, como el grupo de los katu.

La cercanía con la costa vietnamita permite la llegada de humedad que se descarga sobre esta cadena casi siempre coronada por pesadas nubes monzónicas. Así, se genera un rico ecosistema de lluvias tropicales y temperatura templada. En este paraíso, que lucha contra la sobreexplotación de productos como el ratán y la teca, habitan criaturas fascinantes: tigres, bisontes, antílopes.

También entre picos y mesetas, se encuentra Xieng Khuang, provincia norteña que vale la pena visitar por sus antiguos y misteriosos sitios budistas. Allí también se encuentra una rareza prehistórica: la Llanura de los Jarros, sitio con centenares de estructuras megalíticas con forma de jarrón, datadas de la Edad de Hierro.

Son casi 2.000 km los que recorre el río Mekong en Laos. En sus planicies adyacentes, y entre las islas que forma en el sur de su trayecto –que llega a alcanzar 20 km de ancho–, la fertilidad ha bendecido su agricultura y ha concentrado la cultura budista. Tomar una lancha y viajar por el Mekong es toda una experiencia para interactuar con la pacífica amabilidad de los laosianos. Para más adrenalina, las cataratas Khone Phapheng, cerca de la frontera con Camboya: saltos de 21 metros se generan en esta parte no navegable del Mekong, apta para una jornada de rafting en los rápidos, que se extienden por casi 10 km. Una jornada inolvidable puede completarse con un paseo por la isla Don Khong, a pie o en bicicleta, observando postales protagonizadas por campesinos con los emblemáticos sombreros de fibra con forma de cono. Se trata de la mayor de las 4 mil islas, cantidad aproximada que nombra este mágico archipiélago por donde serpentean los delfines Irrawardy, mientras muestran sus aletas emergiendo del agua dulce.

El ámbito de ciudades en Laos, urbanizado sí, pero siempre atravesado por plantaciones de arroz, té y café, tiene tres puntos fundamentales: la capital, Vientiane; Luang Prabang, antigua ciudad real, Patrimonio de la Humanidad desde 1995, y Pakse, con el templo Wat Phu. Vientiane, en el centro de Laos, alberga las construcciones más jóvenes del país, sin perder su originario espíritu calmo desplegado en espacios abiertos ni la alegría del intercambio en los mercados que aparecen por doquier.

La gastronomía es un capítulo especial, pues impera la multiculturalidad: legado europeo en panadería y pastelería, y sopas de fideos chinos y preparaciones con mariscos, pescado, pollo y cerco, acompañadas de arroz, claro. Imperdible en Vientiane: el templo de Pha That Luang, del siglo XVI. Es el máximo exponente de muchos otros templos y monasterios budistas que salpican la ciudad con impactantes recubrimientos dorados y numerosas esculturas.

Una curiosidad al respecto es el parque Buda, un moderno (de 1958)  recorrido de prados con más de 200 representaciones del dios al aire libre.

En el cruce del Mekong con el río Khan, Luang Prabang, al norte del Mekong, es ideal para circular en bicicleta. El tour alrededor de sus templos y monasterios puede ser infinito. Para no desorientarse, conviene no perder de vista, al menos, ni el Vat Xiengthong, de 1560, con inconfundibles techos curvos de madera; ni el Vat Visounarath, de 1513.

Y finalmente, bien al sur de Laos, y para intrépidos dispuestos a 11 horas de micro desde Vientiane, esperan las míticas ruinas de Wat Phu del siglo V, todavía poco difundidas entre los turistas, y próximas a Pakse, con un gran mercado.

 

Coordenadas. La República Popular Democrática de Laos es un país sin salida al mar en el sudeste asiático. Su capital es Vientiane. El dato: las festividades agrícolas son un gran atractivo turístico. En abril, el Pii Mai, nuevo año lunar. En julio, el Khao Phansaa (ingreso de monjes al  monasterio). En noviembre, en el That Luang, cientos de monjes salen a las calles y todo se llena de flores. 

 

(*) Nota publicada en la edición del Diario PERFIL del sábado 5 de mayo de 2012

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