ITALIA / 36 HORAS EN LECCE

Placeres y rezos al sur de Italia

Con barroco por doquier, esta ciudad del tacón de Italia conforma tanto a devotos como a hedonistas. Playa, vinos y shock de arte.

Gracias a las decenas de iglesias, principalmente barrocas, que atestan su laberinto de calles angostas, Lecce, la “Florencia del Sur”, deslumbra con fachadas esculpidas e interiores que erupcionan con sinfonías de ángeles, querubines y madonnas. Foto: New York Times / Travel [ Ver fotogalería ]

Ficha

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Por Seth Sherwood. The New York Times / Travel

Gracias a las decenas de iglesias, principalmente barrocas, que atestan su laberinto de calles angostas, Lecce, la “Florencia del Sur”, deslumbra con fachadas esculpidas e interiores que erupcionan con sinfonías de ángeles, querubines y madonnas. Pero esta pequeña joya del tacón de Italia está lejos de ser un paraíso de frugalidad monástica. Como capital de la cocina italiana sureña, la ciudad rebosa de restaurantes rústicos que sirven la abundante cocina campesina y robustos vinos tintos de la región de Apulia. Agréguele un animado paisaje de bares y playas cercanas y se tiene una ciudad apta para santos y hedonistas.

Durante la era romana, alrededor de 20 mil espectadores ocupaban los asientos de piedra del anfiteatro en la actual Piazza Sant’Oronzo. Ahora, los locales se congregan en la terraza exterior del Caffè Alvino, junto a ruinas e hitos del pasado de Lecce. Allí puede probar la especialidad de la ciudad, el caffè in ghiaccio con latte di mandorla (expreso con hielo y leche de almendra) y admirar el majestuoso Sedile (un ex ayuntamiento del siglo XVI).

Leones paseándose, dragones aullando, ángeles con cruces, turcos con turbantes, mujeres con los pechos desnudos, caballos, heraldos y flores llenan la fachada de la Basílica di Santa Croce, sobre la Via Umberto (1695), con el frenético abarrotamiento de una pintura de Hieronymus Bosch. Trattoria di Nonna Tetti, un restaurante sobre la Piazzetta Regina Maria, mantiene las cosas simples: decoración de piedra áspera para la cucina povera, “la comida de los pobres”, que recupera los sabores de la tierra: habas en aceite con endibia y ciceri e tria, un plato pegajoso y crujiente de pasta frita y arvejas (para dos, 50 euros).

Ninguna calle de Lecce rezuma tanta extravagancia barroca como Via Libertini. Entre al centro histórico de la ciudad por la Porta Rudiae del siglo XVIII y visite la Basilica di San Giovanni Battista (1728), inundada de luz y esculturas sorprendentemente detalladas de querubines. Subiendo sobre la Via Libertini, la Chiesa di Santa Teresa del siglo XVII tiene una contenida fachada neoclásica y macabras obras de arte, desde una demacrada estatua de Jesús retorciéndose en un ataúd de vidrio hasta una pintura de Salomé con la cabeza de San Juan.

El impactante final aparece en la Piazza del Duomo, con una catedral del siglo XVII de techo de madera dorado y altar de mármol griego decorado con lapislázuli. Los residentes de Lecce aman la siesta, de 14 a 17, y todo está cerrado. No sucumba. Del otro lado de la entrada del Castello di Carlo V, el autobús 32 a las 14 lo llevará al pueblo costero de San Cataldo, a 10 km. Hay playa, faro y panorámicas. Cuando reabren los negocios, cerca de la Piazza del Duomo se consiguen camisas blancas de lino (190) y productos de belleza con aceite de oliva.

El Museo Provinciale es uno de los pocos sitios que abren el domingo, gratis. Natale, sobre la Via Trinchese, es la principal heladería de  la región, que se esfuerza con gustos creativos como panacotta o una feroz mezcla de chocolate y pimiento rojo. Los locales compran el pasticciotto (un hojaldre de Lecce relleno con crema pastelera) por sólo 2,50 euros. Y se irá con los sabores más frescos de Apulia.

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