Manso y tranquilo por el río: de Puerto Madero a Tigre

Un circuito turístico permite llegar a Tigre por vía acuática y recorrer la ciudad en bus.

Un audio evoca la historia del puerto, el Mercado de Frutos y la Catedral de San Isidro. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Por Mónica Martín. Diario PERFIL.

Hace rato que el delta del Tigre dejó de ser un paseo de verano. Los deportes acuáticos ya son una foto cantada sobre los ríos Luján, Sarmiento y San Antonio, en todas las estaciones del año. Las incontables manchitas blancas de los yates, veleros y barquitos boyando se instalaron como una modalidad de esparcimiento que atraviesa todas las clases sociales.

Una nueva manera de llegar a la primera sección de esos 21.000 km2 de belleza natural es en barco (empresa Sturla, servicio Delta Premium), desde Puerto Madero, y sin mojarse los pies. A las 10 de la mañana, el muelle del boulevard Cecilia Grierson se llena de visitantes que hablan en otro idioma, de locales que necesitan aire fresco y de clase media que se cansó de los embotellamientos de la Panamericana y prueba volver a casa por vía acuática ($ 40, servicio Proa Urbana) aprovechando las paradas en Olivos, San Isidro, Punta Chica y Nordelta.

Los que prefieren un decoroso arribo bien peinados, se quedan en los asientos mullidos del interior viendo “pasar” los ladrillitos de los containers aguardando destino sobre el muelle. Luego, los aviones de Aeroparque, River Plate, el Campus de UBA y el Parque de la Memoria, “gestionado por los familiares de los desaparecidos en los vuelos de la muerte, entre 1976 y 1983”, según despabila el guía electrónico. Los más intrépidos, mientras tanto, se arriesgan al viento implacable a mil metros de la costa. Ansiosos, apenas se aproximan los islotes, atisban como Rodrigo de Triana las primeras manifestaciones de esta selva laosiana rioplatense: tupidos juncos, repollitos de agua, algún camalote. Crédulos, ignoran que el monologuista de la cabina ya les aguó la fiesta: yacarés, pumas y aguarás guazúes ya no existen más.

Queda el consuelo de algún lobito de río, un ciervo de los pantanos y el número puesto de las culebras y reptiles. “El río San Antonio es la pista nacional de esquí acuático… las islas del delta son un plato hondo que se inunda en el centro… no hay caminos que unan las islas con el delta…”, se enteran los de adentro. Ciento diez minutos para ingresar a otra dimensión. Los zorzales, calandrias y benteveos aportan la banda sonora. El bus turístico Tigre, incluido en el precio (redondo, $ 520, con almuerzo en la mansedumbre de Villa Julia, una mansión de 1904 frente al río, u otras opciones) con diez paradas indispensables para irse de Tigre, a las 16, con la sensación de haberlo conocido.

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