PROVINCIA DE MISIONES / ARGENTINA

Teyú Cuaré, un tesoro natural por descubrir en Misiones

Este Parque Provincial, fundado en 1969 , está ubicado a 70 kilómetros de Posadas. Se puede visitar en camioneta, bicicleta o lancha.

El lugar, constituye una interesante opción turística a pocos kilómetros de las ruinas jesuíticas de San Ignacio Miní. [ Ver fotogalería ]

Ficha

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En el parque Teyú Cuaré se encuentra la residencia que habitó Horacio Quiroga, quien se inspiró en este apasionante escenario natural, y la misteriosa casa en la que habría vivido el nazi Martín Bormann. El lugar, constituye una interesante opción turística a pocos kilómetros de las ruinas jesuíticas de San Ignacio Miní.

Su nombre proviene del peñón de Teyú Cuaré, de 150 metros de altura, que en lengua guaraní significa “cueva de lagarto” y está al sur del departamento de San Ignacio, sobre la continuación de la Sierra de Amambay, de Paraguay. Abarcaba un área de 78 hectáreas, sobre la costa del río Paraná, pero debido a las inundaciones provocadas por la represa de Yaciretá, perdió el 16% de su superficie original.

Quiroga, en “El Yaciyateré”, describe con claridad las características geográficas del parque, en cuyas cavernas naturales se refugian distintas especies de murciélagos, en tanto que su flora es de un gran valor folklórico-histórico.

El parque se extiende desde el arroyo Yabebirí hacia el norte, y desde el Paraná, hasta unos 20 Km hacia el interior, siguiendo una franja relativamente uniforme, y constituye un apasionante escenario natural que ha sido la musa inspiradora de diversas obras del escritor uruguayo.

Su vegetación se ubica en una zona de transición entre las selvas mixtas y el distrito de los campos, pero alcanza, además, una pequeña parte de las selvas marginales del río Paraná, motivo que contribuye a que las especies faunísticas pasen de un ambiente a otro, hasta encontrar el habitat más apropiado a sus funciones biológicas.

Las inundaciones provocadas por la represa de Yaciretá generaron una mezcla de efectos, no siempre positivos, y las especies que habitaban en la margen del río sufrieron la reducción de su espacio. Obligadas a subir al monte, hoy se encuentran en inferioridad de condiciones respecto a sus predadores. En cambio, los peces y anfibios se vieron favorecidos, ya que ganaron tanto en espacio como en alimento.

Los guardaparques están abocados a la tarea de ir replantando las especies autóctonas del parque, contando con el apoyo de organizaciones no gubernamentales. El peñón de Teyú Cuaré, con sus 150 metros de altura, obra como un excelente mirador sobre el río y la selva. Además, hay cuatro senderos y una zona de acampe agreste en la barranca del río, cuidada por los guardaparques.

La subida por la escalinata de bloques de piedra -250 anchos peldaños, dicen los lugareños- es agotadora y demanda varios descansos en los que se puede apreciar, abajo, el tupido verde cambiante. Desde la cima, coronada por una cruz hecha con troncos, se ve la costa de Santa Ana, a unos 20 Km al sur; las praderas de Paraguay y, al pie del crestón, la isla “el barco hundido”, que desde arriba, efectivamente parece una nave escorada.

En la cumbre se puede recorrer el “Sendero de la Selva”, de unos 500 metros, bordeado de paredes de vegetación baja y cerrada que en algunos tramos lo asemejan a un laberinto. Estando ya en la cima del cerro, se puede iniciar un recorrido por la selva de unos 1.500 metros, y es allí donde se pueden ver los restos de la gigantesca casa de piedra, donde presuntamente vivió el lugarteniente de Adolf Hitler, Martín Bormann.

Nunca se pudo constatar que fuera él, pero aún hoy, en una de las paredes derruídas por el paso del tiempo, se puede ver grabada una cruz esvástica, emblema de la SS. Los pobladores cuentan que tenía acento alemán, que venía a San Ignacio a vender frutas y hortalizas, pero que un día dejaron de verlo practicando su trabajo de rutina y que no volvió jamás a aparecer. Esta misteriosa desaparición, más el grabado en la pared, son los pilares en que se fundamenta la teoría de su estadía, que se habría prolongado por largos años.

Al atardecer, en Teyú Cuaré, todos los pájaros, monos aulladores y otros animales se hacen oír al unísono y parece ser la selva entera que anuncia la noche, mientras los insectos -léase mosquitos y jejenes- se tornan más insistentes. A orillas del río Paraná y rodeada de vegetación, también se encuentra la casa, hoy museo, del célebre escritor Horacio Quiroga.

En sus inmediaciones yace la tumba de su primera mujer, Ana María Cirés, quien al no soportar las inclemencias de la vida en la selva, y debiendo hacer grandes esfuerzos para conseguir agua, sumado a otras cuestiones de índole conyugal, un mal día decidió dar fin a su vida.

Muchos años después, enterado de que padecía cáncer de próstata, él tomó el mismo camino de su primera mujer y se suicidó bebiendo un vaso de cianuro. El actual museo conserva objetos utilizados por el escritor y su familia, documentos y libros, que testimonian la vida en la selva del cuentista más celebrado de Sudamérica.

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