ESTADOS UNIDOS

36 horas en Washington

Planeada por Washington y trazada por un arquitecto francés, tiene la virtud de concentrar museos y multitudes. Con jazz, béisbol y lugares de culto, una visita de apenas tres días será casi un maratón.

Aunque Washington DC se asocia con el Capitolio y la Casa Blanca, tiene innumerables sitios para visitar. Desde el FBI hasta un teatro isabelino con la mayor colección mundial de objetos shakespeareanos, pasando por la comida más vernácula –el sandwich de cangrejo–, no sabrá por dónde comenzar. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

Por Jennifer Steinhauer (The New York Times / Travel)

Aunque la mayoría de los estadounidenses asocia a Capitol Hill con el Congreso, su historia es vibrante y accesible desde el Capitolio de Estados Unidos y los astilleros navales, hasta el río Anacostia y la dinámica H Street –ámbito de disturbios luego del asesinato del reverendo Dr. Martin Luther King Jr., en 1968. Y no olvidarse del béisbol. Un juego de la Liga Nacional se sigue entre los vítores de los fanáticos y la muy buena comida del estadio.

Día 1. Sin museos

La mayoría de los turistas se siente atraída por la espectacular gama de museos smithsonianos gratuitos de la ciudad, pero el “Jardín Botánico de Estados Unidos” es un placer. Creado por el Congreso con fines pedagógicos, es un oasis de rosas, plantas medicinales, exóticas y en peligro de extinción, incluidas las carnívoras.

Desde las 4.30, los locales hacen fila para los primeros asientos en Rose’s Luxury, un lugarcito de culto en Barracks Row. Los ostiones fritos son de los mejores que encontrará en cualquier ciudad. Para iniciar el resto de la tarde diríjase al norte hacia la bulliciosa H Street, donde revitalización significa la llegada de divertidos bares y buena pizza.

Día 2. Algo de lustre

Tune Inn, un bar familiar con décadas de antigüedad, vende pan tostado con sabor a nuez moscada, la tortilla de huevo irlandesa con sémola es legítima y el servicio es profesional (desayuno US$ 10). Uno de los mayores tesoros de historia, obras de arte y arquitectura de la ciudad, la Biblioteca del Congreso, empezó siendo la biblioteca personal de Thomas Jefferson. Además de su famosa sala de lectura, ofrece un sinnúmero de exhibiciones y cursos.

Luego del ajetreo de los museos smithsonianos, como el Museo Nacional del Aire y del Espacio y la Galería Nacional de Arte, el Folger es un respiro oculto y tranquilo. Las salas de lectura de esta biblioteca, sólo están abiertas para académicos. Accesible para todos y sin ningún costo es la mayor colección mundial de objetos relacionados con Shakespeare y su mundo, incluyendo pinturas, grabados, esculturas, libros y manuscritos. El teatro estilo Tudor, basado en el Globe, de Londres, tiene funciones casi todas las noches.

Extendiéndose bajo los implacables muros de la cárcel de la ciudad yace el Cementerio del Congreso, con largos senderos para caminar. Los visitantes pueden pagar 10 dólares por un pase para el día para que sus perros corran sin correas entre los muertos. En Osteria Morini, ventanales gigantes miran al río Anacostia y al nuevo parque ribereño, pero prepárese para una alta dosis de ruido en este bullicioso lugar.

Entre los mejores platos figuran las carnes maceradas con jalea de cereza y el asado mixto de cordero, res, salchicha y tocino (US$ 29). Más que simplemente un club, HR 57 es un centro cultural dedicado a la historia del jazz y del blues. El nombre del lugar es típico de Washington: hace referencia a una resolución de 1987 de la Cámara de Representantes (HR 57) que designó al jazz como un tesoro nacional estadounidense raro y valioso. Escuchará las mejores presentaciones de jazz de la ciudad

Día 3. Al mercado.

Al mercado techado Eastern Market le hace un poco de competencia el elegante Union Market, pero los proveedores de comida y artesanos lo convierten en un sitio atractivo para los visitantes. En la barra de Market Lunch ordene panqueques de arándanos (US$ 5,5) o sándwich de cangrejo (US$ 10), la comida más vernácula en Washington. Después, recorra los puestos y verá pulseras hiladas y jirafas hechas con latas de aluminio.

Si tiene tiempo, vaya rápido a la adorable Hill’s Kitchen, en una casa de 1884, donde venden coloridos y alocados utensilios de cocina. Finalice su visita en el extenso Parque Lincoln. En la parte occidental yace un monumento a la activista Mary McLeod Bethune, y en la otra punta, hay una estrafalaria estatua del presidente Lincoln sosteniendo la Proclamación de Emancipación con un esclavo liberto arrodillándose a sus pies. De otros tiempos.

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