Zanzíbar, sorpresa africana

En la patria de Freddie Mercury y el Kilimanjaro se cultiva el mejor café arábigo del mundo, nadan peces unicornio en playas coralinas y las puertas son tan elaboradas que se visitan con catálogo en mano. Fotos

En la patria de Freddie Mercury y el Kilimanjaro se cultiva el mejor café arábigo del mundo, nadan peces unicornio en playas coralinas y las puertas son tan elaboradas que se visitan con catálogo en mano. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Por Rachel B. Doyle (The New York Times / Travel)

El nombre de Zanzíbar evoca imágenes de palacios de sultanes, playas paradisíacas y callejones serpenteantes que desembocan en bazares pletóricos de especias. En efecto, este archipiélago coralino del océano Indico, a 37 kilómetros frente a la costa oriental de Tanzania, sigue conservando muchas de las características que tenía cuando era un importante centro comercial y su histórica Ciudad de Piedra servía de capital a un sultanato omaní.

La isla más grande de Zanzíbar, Unguja, alberga la mayoría de las atracciones culturales, muchas de las cuales se encuentran en la seductora Ciudad de Piedra, declarada Herencia de la Humanidad por la Unesco en 2000. En años recientes hubo un esfuerzo por restaurar ese patrimonio.

Los palacios se han convertido en museos y centros culturales, y las grandes mansiones swahilis reencarnaron en restaurantes y hoteles exclusivos. Sin embargo, la costa sigue ofreciendo la “vista deliciosa” que registró el explorador sir Richard Burton, de “una costa bordeada de cacao del más puro blanco y de un mar azul como losa de lapislázuli”.

Vagar al atardecer por las estrechas vías de la Ciudad de Piedra, pasando por casas de coral y tiendas apenas iluminadas será el placer más simple. Muchos edificios son del siglo XIX, con puertas de caoba talladas con complicados diseños florales. El célebre género musical de la isla, taarab, es una fusión de influencias swahilis, árabes e indias, reflejo de las numerosas culturas que han pasado por Zanzíbar.

Los jardines Forodhani son un punto de reunión popular en el puerto. Hay docenas de puestos donde se vende de todo: brochetas de pescado, sopa picante, rebanadas de mango con sal y pimienta y el imperdible jugo de caña exprimido a mano, con jengibre y limón.

Como en muchas ciudades musulmanas conservadoras, aquí la vida nocturna es somnolienta, con algunos focos de actividad, como Mercury’s, toda una institución del puerto, donde se rinde homenaje al héroe de la ciudad, Freddie Mercury, nacido en Zanzíbar en 1946.

En Zanzíbar se ven adolescentes haciendo coronas con hojas de coco torcidas, pensando en la propina del turista. No hay que omitir un paseo por las célebres plantaciones de especias (US$ 15). Situado en la casa de un mercader del siglo XVIII, el restaurante House of Spices sirve la cocina del océano Índico con acento italiano.

Elegir una playa es difícil, debido a la abundancia de opciones. Las de arena blanca más prístinas se encuentran en la costa oriental de la isla, contiguas a los poblados de Matemwe, Pongwe y Jambiani, más o menos a una hora en auto. Sin embargo, otra excelente opción, a 22 kilómetros de la ciudad, es la apartada playa de Mangapwani. El océano retrocede varios kilómetros en la marea baja, por lo que nadar puede ser difícil.

Con sus multicolores arrecifes de coral habitados por más de 400 especies de peces, el parque de la isla Chumbe es espectacular para bucear con snorkel (90 dólares). Esta isla deshabitada frente a la costa occidental de Zanzíbar sólo admite 14 personas al día, lo que significa que el pez unicornio, la tortuga carey, el zanclo coronado y otras criaturas marinas pueden vivir en relativa paz mientras los humanos flotan encima de ellos, extasiados.

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