SENEGAL / ÁFRICA

La nostalgia de Dakar, a orillas del Atlántico

Desde aquí partían los esclavos de ébano rumbo a América. Los sabores mixtos, la música intensa y las raíces delinean su identidad. Fotos

La capital de Senegal evoca nombres como Emile Zola y La Madeleine. Antigua colonia francesa, la travesía por esta porción del Africa Occidental es un viaje a las tradiciones nativas y la riqueza cultural gala. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

Ficha

Región:

Cuánto tiempo ir: días

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Por Sharon Stallworth Nossiter (The New York Times/Travel)

Al ser el centro africano de organizaciones no gubernamentales y agencias internacionales, Dakar atrae una mezcla cosmopolita de viajeros a sus polvorientas calles céntricas y su litoral martillado por las olas. Es una ciudad de buscavidas y comerciantes, de pregoneros ansiosos por vender algo y no siempre disuadidos por un educado “non, merci”. Siga repitiéndolo.

Durante el día, las calles están repletas de hombres con trajes elegantes y mujeres que crujen con su bazin, una ropa de algodón pulido teñido a mano. Por la noche, restaurantes íntimos ofrecen platos de influencia libanesa y francesa o pescado asado sencillo y fresco, con salsa criolla. Mucho más tarde, los clubes para bailar de Plateau y Almadies resuenan hasta primeras horas de la mañana junto con los llamados a orar.

Las calles de Plateau, el viejo centro comercial y gubernamental de Dakar, están ocupadas por mujeres que venden cítricos y garrapiñada. Los vendedores ofrecen libros, juegos de mesa, camisas, cinturones y, casi siempre, lentes de sol. En Chez Loutcha se puede probar el plato nacional de Senegal, el thiebou dienn: pescado sazonado servido con arroz en una salsa de tomate con repollo, berenjenas y zanahorias (cerca de 6.000 CFA de Africa Occidental, pronunciado “seifá”, US$ 12,7 a un tipo de cambio de 472 CFA por dólar).

Para un contraste cultural, camine a La Royaltine, una elegante patisserie donde disfrutar de una tarta de limón. Camine sobre la arbolada Avenue du President Lamine Guèye, hasta Rue Emile Zola. Gire a la derecha para encontrar el neosudanés Museo de Artes Africanas IFAN, uno de los más antiguos de Africa Occidental, donde encontrará máscaras, telas, tambores, armas y cestos de culturas de Senegal, GuineaBisáu, Costa de Marfil, Togo, Camerún y Sierra Leona. Las máscaras codifican los misterios universales de la vida: nacimiento, fertilidad, vejez y muerte.

Hay amuletos que usan las recién casadas para promover el embarazo, y muñecos de fertilidad que cargan las mujeres que están amamantando para garantizar la salud de sus niños. Son una parte actual de las culturas de Africa Occidental. Entrada: 5.000 CFA. Tome un taxi (1.500 CFA) hacia la entrada oculta del Centro Artesanal en Cour des Orfèvres, evitando el ruidoso Marché Sandaga. Del lado izquierdo está el taller de cristal pintado de Serigne Gueye. La pintura sous-verre, literalmente “bajo el cristal”, emigró de Africa del Norte a Senegal hace 200 años y caracteriza los souvenirs del país. Una bandeja mediana vale 15.000 CFA.

En Assane Cisse pida ver sus puntas de flecha neolíticas, halladas en las arenas del Sahara. Un gin and tonic en la terraza del seductor Hotel Sokhamon es obligatorio mientras absorbe una vista irresistible al Atlántico. Después, conduzca sobre la autopista costera, la Corniche. Pasando Îles de la Madeleine a la izquierda, una magnífica mezquita a la derecha, los talleres de carpintería de Medina, el mercado de pescado Soumbedioune y las villas de los ricos de Dakar, aparecerá el masivo Monumento al Renacimiento Africano, una estatua de bronce de 49 metros de altura con tres figuras humanas: un hombre, una mujer y un niño.

Se eleva en las alturas frente a la vuelta a La Calebasse, un restaurante y galería de arte que ofrece una refinada interpretación de platos de Africa Occidental como pollo asado picante con aloko (plátanos) o camarones con miel de Casamance (25.000 CFA una cena para dos). Luego del desayuno del segundo día, se impone una caminata hacia el pequeño aunque intenso mercado malí, cerca de la estación de trenes de la era colonial. Los productos de Mali llegan en el tren Bamako-Dakar. Detrás de los cestos de incienso, chufas y tamarindo, las mujeres dividen enormes trozos de manteca pura de karité. Adentro se venden telas brillantes para bazin y la típica tela de Mali (bogolan), un algodón hilado con patrón geométrico teñido con hojas de abedul y lodo fermentado.

La mayoría de los turistas quiere visitar la Casa de los Esclavos, en la Isla de Gorea, donde se retenían africanos secuestrados antes de ser enviados a América. Se puede tener una visita isleña diferente en Île N’gor. Tome un taxi hacia la Plage N’gor (2.500 CFA) y de allí lo llevarán en un viaje de cinco minutos sobre una colorida piragua (500 CFA). Chez Seck y La Maison d’Italie son populares para almorzar mariscos frescos. Luego podrá caminar por la costa o darse un baño en las aguas verdes que se estrellan contra piedras volcánicas.

La playa frente a la Corniche es un espectáculo de atletismo senegalés. Al caer la tarde, las piraguas regresan con la pesca del día de peces espada, erizos de mar, camarones, dorados y salmonetes. La cena será un oasis en el Centro Cultural Francés. Luego de un desayuno almuerzo en el Hotel TerrouBi, suba al Monumento al Renacimiento Africano para una última vista espectacular. Fue ridiculizado durante su construcción por el estilo estalinista y el origen coreano de su financiación, pero ahora es popular entre los atletas y entre los senegaleses, orgullosos de que sea más alto que la Estatua de la Libertad.

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