MÉXICO / RIVIERA MAYA

Tres días de tequila y playas en Tulum

Famoso por sus ruinas, el destino de la Riviera Maya va cediendo su perfil de pueblo para transformarse en ciudad. A una hora y media de Cancún, aún atesora arenas secretas.

Si no ha visitado Tulum (México) en los últimos años, una advertencia: es mucho más grande de lo que recuerda. El Tulum actual tiene tres cosas que muchos nunca creyeron posible: tráfico, gentío y restaurantes con lista de espera. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Por Danielle Pergament (The New York Times / Travel)

Si no ha visitado Tulum (México) en los últimos años, una advertencia: es mucho más grande de lo que recuerda. El Tulum actual tiene tres cosas que muchos nunca creyeron posible: tráfico, gentío y restaurantes con lista de espera. Pero no se desespere.

De hecho, la ciudad (ya no es un pueblo) es más emocionante que nunca. Las ruinas siguen estando ahí. La comida es picante y auténtica. Y para los que estén dispuestos, hay joyas secretas.

Muchas veces le aconsejarán comer en “Hartwood Tulum”. La fila para entrar puede rondar las dos horas, así que llegue temprano. El lugar no tiene equipos eléctris, excepto una sola licuadora.

Casi toda la comida es machacada y mezclada a mano o cocinada a la parrilla o al horno de leña. El salón comedor es tan abierto como la cocina, con faroles de citroneta dando luz y ambiente. La cena para dos, sin tragos, cuesta aproximadamente 45 dólares.

No importa qué tan tibia sea el agua en Córcega o qué tan suave sea la arena en Maui. En lo que respecta a las playas, las costas de Tulum impresionarán hasta al snob más crítico del mundo. El agua es tan clara como una pecera y tan suave como una guardería infantil.

El segundo día de su estadía aléjese manejando -o, mejor aún, pedaleando-de la calle principal y diríjase a Mezzanine Hotel. En el lado más alejado del hotel, deje su bicicleta y baje hacia la playa. Hay muchas probabilidades de que tenga una amplia franja de arena sólo para usted.

Todo el destino turístico tropical tiene una playa secreta de la que los locales no quieren que se entere. En Tulum, es Chamicos: un café playero tan tranquilo y encantador que juraría haberlo visto en una película (no lo ha visto).

Naturalmente, no tiene teléfono, página de Internet ni dirección. Para llegar ahí, salga de la autopista por un caminito de tierra -busque el letrero de Jashita Hotel- y conduzca al sur, hacia la bahía de Solimán.

Luego tómese unos tragos en “Gitano”, que quizás le cuesten más que la cena. Ese es el nuevo Tulum, donde parece razonable balancearse entre la selva con tacos aguja de 12 cm. Estará pagando tanto por estar en el lugar como por probar los cócteles de la casa.

Destine el tercer día a las actividades: ir a este destino de la Riviera Maya y no tomar una clase de yoga es como jurar abstinencia de vino en La Toscana. Uno de los sitios más serenos para encontrar su tercer ojo es Maya Tulum. Por otra parte, la península de Yucatán está llena de cenotes (sumideros en cuevas) y van desde pequeños y claustrofóbicos hasta enormes y claustrofóbicos.

Quien viaje con niños valorará Aktun Chen, una combinación de cenote, reserva de vida salvaje y tirolesa. Pida a su guía un recorrido abreviado (33 dólares; 16,50 los niños), en el que podrá ver murciélagos y caminar sobre el espeluznante puente subterráneo.

Las playas de Tulum son de talla mundial pero para acercarse a la acción bajo el agua vaya a Akumal, veinte minutos costa arriba, el primo menos bohemio de Tulum. Su playa pública es ancha, llimpia y salpicada con sitios de quesadillas de precios exagerados.

Justo en medio está el Centro de Buceo Akumal, que ofrece abundantes clases grupales. Alquile un equipo (18 dólares, con aletas, visor, snorkel y chaleco salvavidas) y siga el consejo de los guías: “Naden hacia la derecha”. Aproveche para seguir a las amigables tortugas marinas a los largo de la diminuta bahía.

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