ESPAÑA / ISLAS BALEARES

La gran belleza natural de Formentera

Hace tiempo dejó de ser destino español poco conocido. Así lo demuestra la avalancha de turistas que comienza a llegar a la isla en cuanto empieza el calor.

La costa de Formentera también se puede explorar en piragua. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

Fuente: dpa

“Hoy no podemos pasar por aquí”, dice Asier Fernández. La bandera en la arenosa lengua de tierra de Es Trucador es roja. Allí, donde se encrespa el agua, se forman crestas. De momento, la pequeña lancha neumática no puede navegar por el lugar. Periódicamente, Fernández les enseña a los turistas el mundo insular, también Espalmador, una pequeña isla de propiedad privada situada al norte de Formentera (España).

Este día, sin embargo, las turbulencias en el estrecho impiden el paso. Cuando el mar está tranquilo, incluso es posible ir a pie por el agua poco profunda de una isla a la otra, aunque las autoridades advierten una y otra vez sobre el peligro que suponen las corrientes imprevisibles.

Durante la pretemporada, que en Formentera llega hasta finales de mayo, a nadie se le ocurre hacer esto. Sin embargo, ningún turista se ve obligado a huir a las playas situadas en el mar frente a Espalmador, que no tienen nada que envidiar a los conocidos bancos de arena de Formentera. En cuanto las temperaturas suben a niveles veraniegos la situación cambia: según la oficina de turismo, cada año unos 800.000 turistas asaltan la isla balear más pequeña.

Con la excepción de dos personas que practican el surf de remo, los turistas en la lancha neumática no ven hoy a nadie por ninguna parte. En verano, sin embargo, los yates están anclados uno al lado de otro, dice el guía turístico Miguel Tur: “Aquí hacen escala jeques árabes del petróleo u oligarcas rusos. Dicen que en “Es Molí de Sal”, un restaurante de pescado de primera categoría, ha comido varias veces el exrey Juan Carlos.

Sin embargo, en este momento no se ve por ningún lado la cara elitista de Formentera. Casi solo hay turistas “normales” en la isla. Los excursionistas a bordo de la lancha neumática motorizada se dirigen a la primera bahía de la hermana menor de Formentera. Fernández deja caer el ancla en el agua poco profunda de color turquesa. Aunque Espalmador es una isla de propiedad privada, todo el mundo la puede visitar como cualquier otra costa de España. “Una ley establece que la tierra es de uso público hasta una distancia de 200 metros de la playa“, explica el capitán.

Metemos los pies en el agua, aún bastante fría, que llega hasta las rodillas. Los turistas, vestidos con trajes de neopreno de manga corta, caminan por el agua hacia la playa desierta, donde se encuentran diseminados miles de objetos del tamaño de una pelota de tenis. “Son bolas marinas que nacen de las fibras de las praderas de Posidonia”, dice Fenández. En el oleaje, las hojas muertas se van convirtiendo poco a poco en bolas.

Las grandes praderas de Posidonia entre Formentera e Ibiza fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. “Las praderas de posidonia fijan dos veces más CO2 que una superficie de selva amazónica igualmente grande”, explica el capitán. A las praderas submarinas se debe el aspecto casi caribeño de las playas de Formentera. Ellas filtran el agua y protegen las costas de la erosión. El efecto asombra a todos los turistas que creían que era imposible encontrar semejante paisaje arenoso en el Mediterráneo.

Formentera cayó un poco en el olvido después de que la isla estuviese hasta la década de los 70 en manos de turistas alemanes, que convirtieron el actual centro turístico de Es Pujols casi en un pueblo alemán. Ya hace tiempo que Formentera dejó de ser un destino poco conocido para el turismo, como lo demuestra la avalancha de turistas que comienza a llegar a la isla en cuanto la temperatura del aire sube a mediados de junio a niveles veraniegos. Entonces, las bahías de la península de Es Trucador están repletas de turistas, en su mayoría italianos.

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