Madagascar, una isla mágica con poco turismo

Para mucha gente que la ha visitado, la isla es mágica, aunque el mercado turístico es escaso y la situación no es tan paradisíaca en todas partes. Fotos

Los bicitaxis, llamados pousse-pousse, son lentos y están abiertos. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

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Las estrellas viven un poco escondidas. Están sentadas en una rama y miran para abajo, hacia el río. “Son varís blanquinegros, una de las siete especies de lémures que viven aquí en el parque“, explica el guía, Hanja Ramahefa. Dicen que en Madagascar hay hasta 80 especies. “Todos estos animales evitan el contacto con el agua“. El Parque de Lémuriens, que se puede visitar en una excursión de un día desde la capital, Antananarivo, es una buena introducción en el mundo de los lémures. En los bosques de las regiones costeras es más difícil avistarlos.

Al igual que los antropoides, los lémures son primates pero mucho más antiguos. También a ellos les afecta la mala situación económica de Madagascar. “Los sueldos son miserables, la carne está cara“, dice el taxista Rakoton Dramanana. Por esto, la vida de no pocos lémures termina en la cocina, pese a las prohibiciones y las llamadas de atención. El viaje del aeropuerto a la capital, llamada brevemente Tana, dura unos 80 minutos, aunque la distancia es de solo 30 kilómetros. El taxi pasa por arrozales. Bueyes tiran carros cargados con bambú y madera de árboles derribados. El taxista se detiene brevemente para asegurar con un alambre la puerta de su “Patito Feo”, que golpetea. “Pas de problème”, dice.

En la periferia de la ciudad comienza el tráfico intenso. Vendedores ambulantes tocan la ventanilla. Como hay mercados casi por todas partes y a cualquier hora, Tana es una ciudad que sufre de atascos permanentes y cuyo aire está impregnado de gases de escape. Con pitos y moviendo los brazos enérgicamente, los policías intentan controlar el caos diario en la capital, situada en las montañas a una altura de 1.400 metros.

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Hay poco turismo en Madagascar. Los disturbios políticos del pasado, la mala infraestructura y el peligro de asaltos son factores que no atraen precisamente a los visitantes. Sin embargo, con cierta cautela, tolerancia y un poco de francés se puede viajar sin problema por Madagascar. Para mucha gente que la ha visitado, la isla es mágica.

Para viajar de un extremo a otro hay vuelos domésticos que generalmente están incluidos en los programas para viajes en grupo organizados. De esta manera se puede ir rápidamente de Tana a Morondava, situada a una distancia de 700 kilómetros al oeste, en la costa del Canal de Mozambique.

Desde esta ciudad se pueden realizar varias excursiones, por ejemplo a la Avenida de los Baobabs. Este paisaje es especialmente espectacular cuando el sol se pone o sale entre los impresionantes troncos con sus pequeñas coronas. Quien tenga tiempo debería hacer un viaje en taxi brousse, como se llaman en Madagascar los autobuses. Los viajes pueden ser muy largos.

Por ejemplo, de Tana a Tamatave son siete horas. Por tanto, conviene salir muy temprano y dividir los viajes largos en varios tramos diarios. En las ciudades es recomendable coger después de la puesta del sol un taxi de cuatro ruedas. Los bicitaxis, llamados pousse-pousse, son lentos y están abiertos. Los tuk-tuk, taxis motorizados, no tienen puertas. Lo mejor es comprar los billetes por adelantado, por ejemplo en la empresa de transportes “Cotisse”.

Un domingo en la playa de Tamatave. Varios isleños hacen picnic con toda la familia mientras que los pescadores recogen sus redes. Hay una feria cuyos juegos mecánicos todavía se accionan manualmente. Un hombre sube hábilmente a lo alto de una “noria” de siete metros y ayuda a empujarla. En el mercado techado, algunos turistas llegados en crucero regatean los precios de vainilla, pimienta, figuras talladas y camisetas.

La isla tiene mucho que ofrecer pero recibe pocos turistas“, dice Daniela Ranarison, gerente del touroperador “Mada Tour Antoka”. Hoy, solo hay dos turistas a bordo de la larga motonave que baja por el Canal des Pangalanes hacia el sur, de forma paralela al océano. Sin embargo, Ranarison está convencida de que pronto van a atracar más cruceros en Tamatave.

En taxi brousse por la costa uno llega en dos horas a Foulpointe. Aquí, las playas son más bonitas, hay un par de hoteles de playa y algunos pescadores invitan a los turistas a una excursión en catamarán seguida de una parrillada de langostas y pescado. Más al norte atrae a los turistas la antigua isla de piratas Sainte Maire, también llamada Nosy Boraha, con sus aguas de color turquesa, altas palmeras y playas de arena blanca.

Desgraciadamente la situación no es tan paradisíaca en todas partes. Sin ir más lejos, en la isla de Nosy Be, en el extremo noroeste de Madagascar, el turismo sexual es motivo de disgusto para la población local. Además, los ministerios de Relaciones Exteriores de algunos países europeos recomiendan a sus ciudadanos que eviten visitar algunas regiones en el sur de la isla por el riesgo de violencia y los asesinatos de turistas ocurridos allí en el pasado. Web oficial de turismo en Madagascar

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