GUATEMALA

36 horas en Antigua, línea de fuego del Pacífico

Acunada por volcanes, la vieja capital se disfruta con un cafecito en las plantaciones, sobrevolando la selva en tirolesa y admirando las piezas mayas. Fotos.

Acunada por volcanes, la vieja capital se disfruta con un cafecito en las plantaciones, sobrevolando la selva en tirolesa y admirando las piezas mayas. [ Ver fotogalería ]

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Por Rachel B. Doyle (The New York Times / Travel)

A menos de una hora de Ciudad de Guatemala, Antigua se siente como un portal a otro siglo. Este destino de casi 500 años está acunado por tres volcanes y lleno de mansiones, iglesias y conventos de la era colonial, muchos con fachadas naranjas y amarillas. Por la tarde, los residentes se reúnen en plazas alineadas por jacarandás para escuchar música o vagar entre animados centros nocturnos.

Alguna vez capital nacional (antes que una serie de devastadores terremotos forzada al gobierno a mudarse a Ciudad de Guatemala a fines de 1700), Antigua ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. No obstante, además de las impactantes ruinas de los siglos XVII y XVIII, la urbe ofrece una interesante gama de restaurantes, bares y boutiques. Los visitantes pueden inspeccionar los mercados de artesanías o beber un expreso directamente en una plantación de café mientras que los que tienen una veta más aventurera pueden escalar uno de los amenazadores volcanes, o amarrarse un casco, fijarse a un mosquetón y precipitarse entre la selva en una tirolesa.

En la colina sobre Antigua yace el Parque Cultural Santo Domingo del Cerro, una galería de esculturas al aire libre con entrada gratuita dedicada a las caprichosas creaciones de Efraín Recinos, el artista y y arquitecto al que llaman el Picasso de Guatemala. En el parque, las irónicas instalaciones de Recinos son complementadas con obras de otros artistas: caricaturescas figuras recortables colocadas sobre un pabellón, un oxidado escarabajo de la Volkswagen que parece listo para volar y esculturas tubulares naranja neón contra un telón de fondo de volcanes.

Luego de un café fuerte y un Browne en Ruge Cofee Bar, cuyo equipo para preparar café se parece a algo sacado del laboratorio del doctor Frankenstein, vaya al fascinante Museo Precolombino y de Arte de Vidrio, uno de los cinco museos situados dentro del -medio arruinado/medio renovado- complejo monástico Casa Santo Domingo. Elementos mayas de miles de años, como máscaras de jaguar y urnas funerarias, se muestran junto a esculturas de vidrio de cosecha más reciente.

Un viaje en jeep montaña arriba lleva a los visitantes a un lugar densamente forestado que mira a plantaciones panorámicas de café, lugar donde se amarran a un arnés, se enganchan a tirolesas y compiten sobre tendidos entre las cimas de los árboles o atravesando un vasto cañón.

Por otra parte, Antigua es un paraíso para hacer compras. Cerca del famoso Arco de Santa Catalina, Nim Po’t es un emporio desparramado de productos artesanales guatemaltecos, desde ropa tradicional hasta grabados en madera, inspirados en el calendario maya, y fundas hiladas para iPad. Colibrí se especializa en textiles de alta calidad creados por una red de mujeres mayas de 25 pueblitos.

Los volcanes que rodean a Antigua confieren a la ciudad gran parte de su carácter pero, para apreciarlos, mejor acercarse. Los caballos son siempre una opción en el volcán activo Pacaya, pero el brillo naranja de la lava es un premio para la larga caminata. Las vistas al lago Amatitlán, abajo, son maravillosas, incluso cuando está cubierto por la niebla. Sin embargo, el ascenso más desafiante es el Acatenango que, con una altura de casi cuatro mil metros, atraviesa diversos ecosistemas y mira a un hirviente volcán gemelo llamado Fuego, que hace honor a su nombre.

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