Tres días en Lisboa: la perla portuguesa se renueva

Más antigua que Roma, la capital portuguesa podría revelarse como esa ciudad donde todo lo viejo es nuevo. Fotos.

Ficha

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Por Seth Sherwood (The New York Times/Travel)

Todo lo viejo es nuevo otra vez en la capital portuguesa. Espacios y estructuras decaídas renacen elegantemente en toda la accidentada metrópolis del río Tajo. Mercados abandonados han sufrido ambiciosas renovaciones y son los lugares más nuevos de la ciudad para cenar y beber. Viviendas urbanas anteriormente decrépitas ahora albergan los centros de compras indie más chic de Lisboa y las alguna vez sospechosas zonas portuarias florecen con vida nocturna. Hasta la sosa plaza central y el inutilizable muelle adyacente han sido arreglados para pasear. Al mismo tiempo, los encantos clásicos de la ciudad, desde museos de arte hasta mansiones de grandes industriales, permanecen hermosamente intactos, complementando a sus rejuvenecidos vecinos.

Día 1. Aire de mar

Durante años, la plaza monumental del siglo XVIII, Praça do Comércio, estuvo rodeada por aburridas oficinas gubernamentales. Sin embargo, durante los últimos años los íconos de la plaza (un arco del triunfo y una estatua del rey Dom José I) fueron renovados, y un número de cafeterías y boutiques les hacen compañía. La terraza al aire libre del Museu da Cerveja tiene vistas encantadoras además de cervezas de Portugal, Brasil, Mozambique y otras tierras de habla portuguesa. Por ejemplo, La Templarium (euros 5), prueba de la tendencia en evolución de cervecerías artesanales portuguesas.

Sórdida y cubierta de basura, la vecina franja costera languideció durante años. Gracias a una limpieza municipal reciente, la costa ahora es frecuentada por gente que corre, ciclistas y personas que van de picnic para aprovechar el nuevo camino alineado con árboles. Los ciudadanos del mundo del arte quizás reconozcan el colorido barco Trafaria Praia. Cubierto con azulejos tradicionales azules y blancos y lleno de elementos destellantes que evocan al mar, el ferry fue concebido por la artista Joana Vasconcelos y formó el pabellón portugués en la Bienal de Venecia 2013. Entre marzo y octubre, la embarcación ofrece un paseo panorámico de una hora a las 11, 15 y 18.

¿Dónde se pueden comer ternera cruda, pulpo, jamón, almejas, helado de mango y licor de ginja? En el Mercado da Ribeira. La mitad de la estructura del siglo XIX (que todavía alberga puestos con miles de productos) fue ocupada en 2014 por la revista Time Out y elevada a patio de comida neoindustrial, donde chefs lisboetas de primera y múltiples bares ofrecen sus productos. O Prego da Peixaria sirve suculentos sándwiches calientes de carne.

Un maremoto de nuevos bares sigue lavando las calles costeras del distrito de Cais do Sodré. Las noches más atrevidas se despliegan en Pensão Amor, que sugiere al copetudo salón de un barón libertino. Retratos nudistas, pinturas orientalistas, manuales de Kama Sutra y hasta una lectora de tarot atestan las salas, mientras que el extenso menú de cócteles anima aún más la noche.

Día 2. Mansiones y bidet

Algunas de las mejores cosas de la vida no son gratis. Jarrones de porcelana china de la dinastía Qing. Pinturas de Pieter Bruegel el Joven. Fuentes de agua de mármol de Versalles. Afortunadamente para los que visitan Lisboa, el extinto empresario António de Medeiros e Almeida tenía bolsillos grandes, sed de artículos exquisitos y una mansión de finales del siglo XIX preparada para rebosar de artes decorativas.

Mientras recorre los pisos de mármol de Casa-Museu Medeiros e Almeida, puede mirarse en los espejos dorados de Thomas Chippendale; admirar alfombras del siglo XIX traídas del Camino de la Seda; orar en un altar tallado en Goa, y admirar un bidet de porcelana azul hiperdecorado.

Resplandeciente con arcos en forma de herradura, pisos geométricos de mosaico, espirales arabescas de yeso y otras florituras moriscas, la abandonada mansión del siglo XIX que está del otro lado de Praça do Principe Real renació en 2013 como una “Galería de Compras Conceptual” neosultanesa que se llama Embaixada. Las majestuosas habitaciones están ocupadas por boutiques y marcas locales.

Día 3. Pesadillas

Los domingos son tranquilos en Lisboa, a menos que descubra la Sala 61 del Museu Nacional de Arte Antiga, un depósito de excelentes pinturas europeas. Esta galería particular sacude el alma con obras impactantes de Lucas Cranach el Viejo, Alberto Durero y Hieronymus Bosch, quien con su obra Tríptico de las tentaciones de San Antonio desencadena una febril pesadilla de monstruos y libertinos en un feroz Apocalipsis. En el café del jardín, con vistas al río, podrá recuperarse y brindar una mirada final a esta ciudad siempre en evolución.

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