Plan anti invierno en Montreal

Con museos tropicales, spas nórdicos al aire libre e infinidad de bares y chocolaterías, Montreal traza un eficiente plan para reírse del bajo cero. Fotos.

La ciudad francófona más famosa de Canadá combate el bajo cero con deportes invernales y spas nórdicos. En los museos, obras de Matisse y Picasso; en el Biodôme, ecosistemas exóticos. Foto: The New York Times / Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

Ficha

Región:

Cuánto tiempo ir: días

Cuándo ir:

Con quién ir: ,

Ideal para: , ,

Por Seth Sherwood (The New York Times/Travel)

En invierno, en Montreal se pueden sentir -18 °C. Para remediar esta temperatura, en los spas de la ciudad hay vapores calientes y tragos reconfortantes en bares acogedores. Otros aceptan el frío esquiando y patinando en parques públicos, parrandeando en el Igloofest (una extravagancia de música electrónica al aire libre), conociendo el Montréal en Lumière (un festival de comida y entretenimiento), o llenándose de golosinas en las cabañas de azúcar (cafeterías durante la temporada de miel de maple).

El extenso Parc du Mont-Royal está en la cima de una colina donde, de diciembre a marzo, Le Pavillon du Lac aux Castors alquila patines (dos horas por US$ 7), esquíes de campo traviesa (a partir de US$ 12) y la cámara de las ruedas de auto (entre US$ 5 y 9). Para la cena, el centro nocturno SouBois se esconde en un espacio subterráneo que simula ser un bosque, y una comida de tres platos para dos personas cuesta aproximadamente US$ 110. En el pub estilo británico Burgundy Lion hay whiskies de Taiwán, Suecia, Francia y Suiza.

¿Todavía con frío? El verano eterno espera dentro del húmedo bosque tropical del Biodôme, una reserva natural con techo de cristal que contiene múltiples ecosistemas. Pueden aparecer iguanas, ranas, murciélagos, serpientes, perezosos y otras criaturas exóticas entre la densa vegetación, los arroyos y las cuevas de piedra. Al lado, el Planetario Río Tinto Alcan es una estructura plateada posmodernista, en cuyo interior hay dos salas de cine redondas, que proyectan películas sobre el mundo de la naturaleza. En el sitio web (espacepourlavie.ca) está disponible la programación de películas.

Las boutiques que están sobre la calle Rue Laurier Ouest rebosan de ropa de fabricación canadiense. El aislamiento térmico elegante abunda en La Canadienne, donde se consiguen, por ejemplo, botas de alce a la altura de la rodilla, tratadas para el clima invernal (US$ 450). En el negocio del diseñador de Montreal François Beauregard existen prendas geniales y simples como camisetas de jersey elástico (US$ 50). Luego, para seguir mitigando el frío, Juliette & Chocolat sirve alrededor de veinte variedades de chocolatadas calientes (alrededor de US$ 7).

El Musée des Beaux Arts de Montreal ilumina incluso los días más grises de la ciudad, con ejemplos de sol, mar y palmeras, pintados por Matisse en 1922 o con el erótico Abrazo de Picasso, de 1971. También se exponen objetos de diseño, como sillas Egg borgoña de Arne Jacobsen, libreros de Ettore Sottsass y televisores rojos de la década de 1970 creados por Victor Company, de Japón. Admisión: entre US$ 12 y 20, dependiendo de la exhibición que el visitante recorra.

En Manitoba se sirven platos preparados con ingredientes aborígenes de la región: lengua de cerdo, filetes de venado, zanahoria caramelizada, médula ahumada con miel de maple, bayas y hongos. Una comida de tres platos para dos personas cuesta alrededor de US$ 100. Al otro lado del Parc La Fontaine (un lugar fantástico para patinar sobre hielo), Lab se jacta de su gran originalidad para crear tragos. El Jerky Lab Jack (US$ 14 dólares) mezcla whisky Jack Daniels, Curaçao, caña de azúcar y el amargor de la salsa de barbacoa. Este trago del sur estadounidense se sirve con un pedazo de carne.

Cerca de la última parada de la línea azul del Metro, en el Marché aux Puces Saint Michel se consiguen desde cabezas de ciervo hasta figuras de Lego, pinturas vaqueras, sombreros para dama al estilo de los años 20, zapatos de nieve, mantelitos de encaje y letreros de neón. Este extenso, polvoriento y laberíntico mercado de pulgas de dos niveles cuenta con cientos de puestos. Por supuesto, hay que regatear. Noruega, Suecia y Finlandia han dominado el arte de manejar elegantemente el clima frío, y Montreal ha rendido homenaje a estos expertos, con numerosos spas de temática nórdica por toda la ciudad.

El más innovador es Bota Bota, un ex transbordador que fue reconstruido en un elegante estilo contemporáneo y reinaugurado como centro de bienestar, en el invierno de 2010. Extendido sobre cinco cubiertas, este spa de interior y exterior ofrece muchos masajes y tratamientos faciales, pero la experiencia central es el “circuito de agua” (entre US$ 35 y 70 dólares, según el día y de la hora). Para sudar toxinas, un sauna finlandés o un baño turco; luego, una inmersión en una de las piletas frías, y reposo final en las áreas de relajación o en el restaurante. Los 678 ojos de buey y numerosos paneles de cristal ofrecen vistas del horizonte de la ciudad, aunque la posición más estratégica es el jacuzzi caliente a la intemperie. Quizás no haya un sitio más cálido en la invernal Montreal.

GALERÍA DE FOTOS

Deja un comentario