RELATO DE VIAJE

Una caminata sobre el espectacular glaciar islandés Solheimajökull

A diferencia de muchos otros glaciares, el hielo de este glaciar de la costa sur de Islandia, no es de color turquesa sino blanco. Fotos.

Hacer una excursión por el glaciar es una experiencia impresionante. [ Ver fotogalería ]

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Por Verena Wolff (dpa)

La lava solidificada en el lago glaciar es profundamente negra y fina, tan fina que fácilmente se mete en las botas. Por todas partes hay piedras y rocas con formas caprichosas en todos los tonos grisáceos y montañas de lava. Al igual que hielo, por donde se mire hay hielo. Sin embargo, a diferencia de muchos otros glaciares, el hielo en el Solheimajökull, en la costa sur de Islandia, no es de color turquesa sino blanco. Por lo menos así se ve desde los pies de la lengua glaciar del Myrdalsjökulls, de unos diez kilómetros de longitud.

El sol se escondió detrás de las nubes y está lloviendo. Esto hace que la ausencia de colores sea aún más llamativa. Aquí, uno se siente como en una película en blanco y negro, dice Paul, un turista originario del estado norteamericano de Virginia. Después de ponernos la ropa impermeable y las zapatillas con clavos, subimos al glaciar. “Hay que dar pasos firmes y pesados para que los clavos se metan en el hielo“, recomienda el guía Jon Yngvi Gylfason. Vamos detrás de él subiendo por un camino empinado. Después de los primeros intentos titubeantes de caminar sobre la lava mezclada con el hielo, los pasos se vuelven más seguros y se impone la fascinación.

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“¡Cuidado de no caer en una de las muchas grietas!”, advierte Jon. Esas grietas atraviesan todo el Solheimajökull. En otoño (boreal), el peligro es mayor. “Es la peor época para el hielo“, dice el islandés, que luce una larga barba tupida. Después del invierno, cuando la nieve caída sobre los glaciares se congela, los campos de hielo son bastante más estables y más gruesos. Una y otra vez vemos en el hielo grietas pequeñas y otras más grandes, y a veces también agujeros grandes. Jon se detiene. “Oigan el ruido del agua“, dice. Suena como si directamente debajo de la superficie cayera una cascada. “El hielo se derrite en varios lugares y busca su camino a través del hielo, explica el guía.

Así se fueron formando agujeros y entradas a cuevas con formas extrañas que con el tiempo que fueron erosionando. En ellas se puede ver hasta donde alcanza la vista un hielo azul oscuro. “Vamos a subir un poco más”, dice Jon a los excursionistas. Arriba no solo es mejor la vista panorámica, sino que también se puede ver hasta dónde se extiende el glaciar. Se abre paso por entre las montañas en una superficie de casi diez kilómetros. “El glaciar siempre se está moviendo“, dice Jon. “Por eso, la imagen siempre cambia, incluso cuando uno viene aquí todos los días“.

Cuando los participantes en la miniexcursión comienzan a descender con crampones en las botas el glaciar Solheimajökull, todo de repente se ve diferente: la lluvia terminó y los últimos rayos de rol se abren camino por entre las nubes envolviendo todo el paisaje con una luz dorada. El anterior escenario monocolor se parece ahora cada vez más a una película en blanco y negro coloreada. De repente, el cielo adquiere un color azul oscuro, las montañas alrededor de la lengua glaciar lucen tonos marrón grisáceos y las praderas resplandecen de un verde intenso.

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