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Escalando el monte Triglav, el rey de Eslovenia

El Triglav, con 2.864 metros, es la montaña nacional de la antigua república yugoslava y difícilmente existe otra en Europa que sea venerada de forma más intensa.

El ascenso por la Vía Ferrata solo es posible con botas de montaña con puntas de hierro. [ Ver fotogalería ]

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El monte Triglav, con 2.864 metros el más alto de Eslovenia, es la montaña nacional de la antigua república yugoslava y difícilmente existe otra en Europa que sea venerada de forma más intensa. La imagen estilizada del Triglav aparece en el escudo y la bandera de Eslovenia. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, o incluso antes, los eslovenos peregrinan masivamente hacia la cima de la montaña, donde partisanos destruyeron en 1944 un mojón en la frontera entre Italia y Alemania e izaron la bandera eslovena. Décadas más tarde, el 26 de junio de 1991, hicieron lo mismo los luchadores por la independencia de la república yugoslava.

“Ayer estuvieron aquí los veteranos”, cuenta Tomaz Novak. “Algunos de ellos vinieron caminando desde la costa durante una semana, como hacen cada año“, dice este esloveno de 38 años, que desde hace 15 años vende cerveza y limonada en la cima del Triglav. Un día vio a un hombre de una sola pierna subiendo con gran esfuerzo. “La gente subestima el Triglav“, dice Matevz Vukotic. “Incluso personas que en toda su vida solo han caminado una semana intentan escalarlo“. Este guía de montaña, que con 26 años es el más joven en Eslovenia, conquistó a la edad de 15 años la cima del Sphinx, una temida roca saliente situada en el lado norte de la montaña.

Hay muchas rutas que conducen a la cima. La más corta comienza en el valle de Krma y la más popular en el valle de Vrata. Sin embargo, el ascenso más bonito es al mismo tiempo el más largo y comienza en el valle de los Siete Lagos. El camino se inicia en la cascada de Savica. La primera cabaña adonde llegamos tiene una terraza con vista panorámica. Por la mañana vemos por la ventana las montañas resplandeciendo. El camino continúa por un bosque de pinos carrascos. Pronto, el valle se abre. En una depresión se encuentra el Gran Lago, un bonito motivo fotográfico. Hasta ahora era imposible perderse, pero cuando llegamos al penúltimo lago, el camino se bifurca. Un par de senderistas eslovenos aseguran que la ruta más bonita hacia la cima es la que pasa delante de la cabaña Dolic. Una buena recomendación.

Poco después, detrás de una roca, a una distancia de unos 20 metros, dos cabras montesas se pelean enfrentándose con los cuernos. Arriba de ellas hay otras siete cabras tumbadas en una roca. No parece que los caminantes les molesten mucho. Una y otra vez se levantan sobre sus patas traseras y entrechocan sus cráneos. La cabaña Dolic está situada entre dos montañas y detrás de ella se extiende abajo el verde valle de Trenta. Después de una breve pausa para beber algo y tomar el sol, comenzamos a subir por un sendero serpenteante. El rey Triglav no tarda mucho en aparecer por primera vez mostrando todo su esplendor.

En 1778, cuatro hombres originarios del valle de Bohinj lograron por primera vez escalar la montaña, balanceándose sobre una estrecha cresta. Ya en el año 1895, Jakob Aljaz clavó en el tramo más peligroso un cable de acero en las rocas. Aljaz era un sacerdote que prometía a sus fieles el perdón de todos sus pecados si llevaban madera a la cima de la montaña. Con la madera, Aljaz construyó la Casa Triglav, que con 340 camas es actualmente la cabaña de montaña más grande de Eslovenia. En muchos fines de semana durante el verano, músicos llevan sus instrumentos a la cabaña y por la noche todos cantan “Oh Triglav, mi casa”.

Desde la Casa Triglav sale el principal sendero que lleva a la cima. Quien tome la ruta que pasa por la cabaña Dolic llega al otro lado de la cumbre. Otro camino, la Via Ferrata, sube desde el suroeste y es considerado como muy difícil. La escalada por este sendero solo es posible con botas de montaña con puntas de hierro. Sin embargo, los senderistas avanzamos más rápido de lo que creíamos cuando aún estábamos a los pies de la montaña. Pronto resplandecen a través de la niebla las coloridas camisas de plástico de los otros escaladores. Y arriba de ellos se alza, de forma poco majestuosa, la torrecita que Aljaz construyó a finales del siglo XIX en la cima como acto de subversión contra el dominio de la Casa de Habsburgo. La torrecita convirtió el monte Triglav en un símbolo de la lucha por la independencia de Eslovenia y sigue siendo para los eslovenos casi un santuario.

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