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De Salvador a Fortaleza, las mejores playas del Nordeste de Brasil

Aracaju, Maceió, Recife, João Pessoa… playas paradisíacas de una ruta que enlaza Salvador con Fortaleza, un collar de paradas pensadas para el placer.

SALVADOR. La capital del estado de Bahía, además de sol y suave oleaje, guarda testimonios del pasado colonial de Brasil. Fundada en 1549, fue puerto de llegada de la esclavitud africana y de salida de caña de azúcar para la exportación. Fotos: PERFIL [ Ver fotogalería ]

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Por Analia Melgar (Diario PERFIL)

Decir “Nordeste de Brasil” significa playas paradisíacas, contacto con la naturaleza y un modo de vida gozoso y relajado. De sur a norte, São Salvador da Bahia de Todos os Santos funciona como punto de partida. La capital del estado de Bahía, además de sol y suave oleaje, guarda testimonios del pasado colonial de Brasil. Fundada en 1549, fue puerto de llegada de la esclavitud africana y de salida de caña de azúcar para la exportación. El Pelourinho, antiguo centro de castigos, es ahora punto de reunión, hacia donde confluyen restaurantes, hoteles y arquitectura barroca, como la Iglesia y Convento de San Francisco, y Nuestra Señora del Rosario de los Negros, donde se sigue oficiando con música de candomblé.

La ciudad, que se divide en alta y baja, puede unirse a través del Elevador Lacerda, con vista panorámica a 72 metros. En la ya mítica bahía, entre febrero y marzo se festeja el Carnaval, y todo el año hay agua templada en playas como Itapuan, Pituba, Artistas o Porto da Barra, donde conviene pedir una cerveza helada y un acarajé (pan de frijoles frito). Unos 70 km al norte de Salvador, en Praia do Forte, el agua se hace más turquesa. Hay paseos históricos (como el Castillo de los García D’Avila, sobre la colina de Tatuapara desde 1549), pero lo que impera es el ocio y comer al paso pinchos, queso a la plancha y camarones, cangrejos y ostras, todo bien regado por un trago preparado con cachaça. En la bautizada como “Polinesia brasileña” se puede también bucear, surfear y visitar el Proyecto Tamar, que protege tortugas marinas.

Ya en el estado de Sergipe, Aracaju tiene un repertorio de exquisitas playas: Pirambu, Caueira (de mar agitado, ideal para surf y windsurf), Atalaya Nueva (sobre la isla Santa Lucía, donde se pueden contemplar tanto los amaneceres como los atardeceres), Atalaya Vieja y Abais (ideal para que los más chiquitos correteen tranquilos, a sus anchas). Alagoas es el estado donde se asienta Maceió, su capital de dos costas: una salpicada por corales y otra, con lagunas. Entre suaves dunas y arenas blancas, en playas como Cururipe se alternan barcos hundidos, un faro y paseos en jangada (especie de balsa para pesca). En Barra de São Miguel se concentran grandes resorts de cadenas hoteleras internacionales. Y en Paripueira y Pajuçara se multiplican las piletas naturales que el coral rodea, bañado por aguas que oscilan entre los 27 y 30 grados.

Rumbo al norte, Recife es otra capital, en este caso de Pernambuco. En la tercera ciudad más poblada de Brasil (después de Río de Janeiro y de San Pablo) el paisaje tiene, al frente, la playa; de espaldas, paredes de rascacielos, en esta gran ciudad turística, comercial y de desarrollo tecnológico. Imperdibles: la Catedral San Pedro, de 1782; Olinda (a 7 km, y cuyo centro histórico colonial es Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, según la Unesco) y el Parque Dos Hermanos, donde se conservan casi 400 hectáreas de selva nativa. Y algo más: el archipiélago volcánico Fernando de Noronha, 21 islas casi vírgenes, alejadas 545 km del continente, es decir, a una hora de vuelo. Allí –casi un templo para el buceo y el avistamiento de delfines– es posible pernoctar en sencillos hoteles.

Por su parte, João Pessoa, capital de Paraíba, es la ciudad más oriental de todo Brasil (y de América) y combina algo de los anteriores puntos costeros: playa, patrimonio histórico, rascacielos, vida nocturna y ambiente cultural. Sus playas Tambaú, Cabo Branco y Bessa se enriquecen con la abundancia de espacios verdes, parques y reservas de mata atlántica. Y para completar el periplo rumbo norte, Fortaleza, capital de Ceará, puede ser un gran final, con jornadas de golf o navegación a vela, o bien con un recorrido por la moderna e inmensa arquitectura del Centro Dragão do Mar de Arte e Cultura, o el Mercado Central, donde se concentran las artesanías de Ceará. Sin salir de Fortaleza, hay 25 km de costa y está la construcción que le dio origen en 1649, hecha por el holandés Mathias Beck y bellamente iluminada en las noches. Para quien quiera alejarse del populoso turismo, 327 km rumbo al oeste encontrará Jericoacoara, un pueblo de pescadores con calles de arena, mucha bohemia y casi sin electricidad. Y 164 km al este de Fortaleza, Canoa Quebrada tiene un inolvidable paisaje marcado por dunas y acantilados.

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