EL MUNDO / BAILES

Bailando por el mundo: un arte para conectarse con los locales

En India, la danza es adoración; en Etiopía, fusión de lo antiguo y lo moderno, y en Nueva Zelanda, un desafío haka. Viajar para aprender a comunicarse sin palabras.

Ficha

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Por Christine Negroni (The New York Times / Travel. Traducción Mónica Martin / Diario PERFIL)

En un viaje a Austria, aterricé en una clase de vals en Rueff Dance School, en el centro de Viena. Sólo pagué una hora y estaba limitada a los pasos básicos, pero fue emocionante girar en los brazos de un austríaco para quien la danza era parte de su naturaleza. Eso me hizo pensar que, más que cualquier otra actividad de viaje, la danza permite conectarse con los locales en un lenguaje que no necesita de palabras.Bailar con la gente derriba barreras”, dice Mickela Mallozzi, directora de un tour de danza y anfitriona del programa de televisión Pies descalzos.

Uno de mis primeros viajes fue a Creta, con mi marido. Nos invitaron a una fiesta en Iraklion. Cenamos con cincuenta personas con quienes no podíamos conversar. Al principio fue incómodo, pero cuando comenzó el baile, compartimos un gigantesco círculo de abrazos, y reíamos. Fue una de mis experiencias de viaje más memorables y nunca intercambiamos más de dos palabras con los cretenses. Ansiosa por tener más encuentros de ese tipo, viajé a tres países para tomar clases de baile y comprender de qué hablaba Mallozzi.

INDIA

Bailando por el mundo: un arte para conectarse con los locales

Cualquier expectativa que tuviera de zarandearme como la actriz india Freida Pinto en el final de Slumdog Millionaire se desvaneció en los diez primeros minutos de clase en la Escuela Shakti de Pushkar. Colleena Shakti (34) es una expatriada californiana, que se dedicó a estudiar odissi, una de las formas más antiguas de danza clásica india. Las alegres y coloridas películas de Bollywood me hicieron pensar que aprendería fácilmente el movimiento de hombros y la posición de las manos. “Los bailes que muestra Bollywood son lindos y divertidos, pero nacen del odissi y las similitudes se terminan ahí, porque las danzas clásicas antiguas son sutiles y complejas”, dice Shakti.

Bailando por el mundo: un arte para conectarse con los locales

No se pueden aprender en un par de días. El curso más breve es de un mes (US$ 300) y cada clase dura tres horas. Se inicia con una práctica de yoga de noventa minutos y luego comienzan el levantamiento de piernas y los movimientos de pluma en brazos. Esta danza implica miles de gestos y posiciones con un significado en relación con una divinidad. A los estudiantes se les pide saber atar un “sari”, que usan en los bailes y en los cursos de historia del odissi, que complementan la experiencia. Aunque no conquisté todos los pasos, alcancé el objetivo de Shakti: “Experimentar la cultura de la India”.

ETIOPÍA

Bailando por el mundo: un arte para conectarse con los locales

Para la despedida de soltero de Erin Hummert, sus amigos americanos expatriados que como él vivían en Addis Ababa pensaron que sería una buena idea tomar clases de danza, ya que el baile es importante en los encuentros etíopes. Así, contrataron a dos profesionales, Junaid Jemal Sendi y Addisu Demissie, expertos en danzas tribales (US$ 6 cada encuentro). Ambos dirigen Destino Dance Company, una compañía que funde pasos modernos con los tradicionales.

La primera clase fue en el restaurante Galani Coffee Warehouse y la segunda, directamente en la fiesta de casamiento. Y pedí asistir. En minutos, enseñaron movimientos básicos de las muchas performances etíopes (hay unas ochenta variedades) y todos los invitados alzaban y bajaban sus hombros al ritmo de los tambores. “Los del norte bailan con la cabeza, el cuello y los hombros; los del sur usan las caderas y las piernas, y saltan”, resume Demissie. Asegura que, al cabo de una hora, arden todos los músculos del cuerpo.

NUEVA ZELANDA

Bailando por el mundo: un arte para conectarse con los locales

Para ahuyentar al enemigo tenés que comportarte como un demonio“, explica Terehira Mokena, nativa maorí y profesional de danza haka en la ciudad de Whakarewarewa, en Rotorua, un centro histórico de la cultura maorí. Además, el “poi” es otra danza popular y consiste en revolear una pelota sostenida con una cuerda en cada mano, dibujando complejos círculos.

Aunque sólo las mujeres lo bailan públicamente, lo aprenden ambos sexos desde la infancia, porque aumenta la coordinación y la flexibilidad. En la comunidad de Whakarewarewa hay dos demostraciones diarias de baile. “El haka era una herramienta de defensa y hay que mostrarse desafiante con todo el cuerpo, los ojos y la lengua”, apunta Mokena. Mis torpes intentos no se parecían al vuelo de pájaros y mariposas al que aludían los movimientos del poi y el haka, pero igualmente compré las pelotas, como souvenir.

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