Tres días en la Costa Amalfitana, belleza sin fin

Una lenta caminata con curvas y ascensos demuestra que “piano piano si arriva lontano”. ¿El premio? Positano, Amalfi, Maiori, Minori y Ravello, bellezas sobre los acantilados del mar Tirreno.

Entre los acantilados y el mar, la costa amalfitana enhebra ruinas romanas, spas de lujo, limoncello y paisajes que cortan el aliento. 48 kilómetros de belleza itálica sin fin. Fotos: The New York Times / Travel, para Diario PERFIL [ Ver fotogalería ]

Ficha

Por Ingrid Williams ( The New York Times / Travel, para Diario PERFIL)

En un ensayo de 1953 para Harper’s Bazaar, John Steinbeck sacó a la luz a Positano, cambiando el curso de la historia para la localidad más pintoresca de la costa de Amalfi. Este idílico trecho de 48 kilómetros de la costa de Italia, situado en la margen sur de la Península de Sorrento, sigue impresionando con acantilados que se elevan sobre rocosas ensenadas y pueblos que se aferran a pendientes increíblemente pronunciadas. Y el afamado Positano, supeproblado, continúa monopolizando la atención de los viajeros. Pero hay localidades menos conocidas –desde el vecino Praiano, al oeste, hasta las localidades gemelas de Maiori y Minori, en el centro, y el encumbrado caserío de Ravello y la aldea de pescadores de Cetara, al este– para descubrir el ilimitado encanto y la belleza eterna que existe a lo largo de la costa de Amalfi.

Día 1. Altos y bajos

Llegar a la costa de Amalfi es un viaje arduo que requiere múltiples modalidades de transporte –transbordador, tren, autobús– o un precario recorrido por el angosto y serpenteante camino costero. Para refrescarse, vaya directamente a la aldea central de Conca dei Marini, que tiene opciones de relajación para todos los bolsillos. Para algo caro, suba a Monastero Santa Rosa, un centro vacacional exclusivo con spa. Si quiere una opción más baja, literal y figurativamente, descienda los cientos de escalones que llevan hacia Marina di Conca, una pequeña caleta con playa pedregosa donde podrá vadear el mar Tirreno color esmeralda.

Al oeste de Conca dei Marini, el pueblo de Praiano ostenta cautivantes paisajes costeros. Pero su atracción más interesante está junto al mar: Torre a Mare, una atalaya de piedra caliza de 800 años que alberga la galería y estudio del artista Paolo Sandulli. Si está pintando cerca de una ventana, visítelo y suba la desvencijada escalera de caracol para admirar bustos de terracota con alocados mechones de cabello hechos con esponjas de mar teñidas. Después, siga el camino hacia el malecón para un aperitivo en Il Pirata, con mesas sobre una terraza de piedra junto al mar.

Día 2. Maiori y Minori

En una costa dominada por playas rocosas, la localidad de Maiori es atípica, con una amplia franja de arena y un paseo marítimo de palmeras perfecto para caminatas matutinas. Luego de un paseo, aléjese del agua y vaya por un cappuccino a “Pasticceria Napoli”, para probar sfogliatelle ejemplares: pastelillos rellenos de ricota en forma de caracol, que son originarios de la región de Campania. Una vez revitalizado, diríjase cuesta arriba hacia Santa Maria a Mare, una iglesia color limón con vistas panorámicas y un museo escondido en el sótano colmado de curiosidades religiosas.

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Desde Maiori, una agradable caminata de 20 minutos hacia el oeste sobre el camino costero lleva a Minori, un pueblito que alberga una sorprendente joya arqueológica: Villa Romana, las ruinas excavadas de una residencia romana del siglo I. Los sabores más venerados son los productos nombrados en honor a su lugar de origen, como el prosciutto di Parma y el aceto balsámico di Modena. Súmele a esta lista las alici di Cetara, anchoas del pueblo de pescadores de Cetara, en el lado este de la costa (al que se llega fácilmente en autobús). Luego de pasear por el puerto, acomódese para disfrutar de un festín de mariscos en la terraza del Ristorante San Pietro (almuerzo para dos, 50 euros).

Una serie de subidas y bajadas lleva a Ravello, un pueblo en altura. Siga el sendero de piedra hasta Villa Cimbrone, una residencia histórica con jardines encantadores (admisión, 7 euros). Un largo sendero lleva a Terrazzo dell’Infinito, con vistas interminables de la impresionante costa, 300 metros por arriba del mar. Durante décadas, la Sociedad de Conciertos de Ravello y el Festival de Ravello han atraído a los músicos más talentosos del mundo. La ciudad organiza presentaciones nocturnas en Villa Rufolo, el Auditorio Oscar Niemeyer, el Edificio Histórico Annunziata o el Centro de las Artes.

Día 3. Artes amalfitanas

Antes de que los turistas desciendan sobre las angostas calles de Amalfi, suba los empinados escalones hacia al Duomo, con su espectacular fachada de mosaicos dorados y arcos a rayas blancas y negras (admisión, 3 euros). Entreténgase en el Chiostro del Paradiso, un claustro del siglo XIII con arcos románicos, y recorra la catedral barroca adyacente. El famoso camino costero que serpentea hasta Positano es hermoso, pero congestionado. Para mejores vistas, Bomerano, otro caserío en la cima de una montaña. Allí, una caminata de tres horas por El Sendero de los Dioses le dará vistas tremendas (no se recomienda para personas con vértigo), Se arriba a Nocelle, donde cientos de escalones descienden hasta la playa de Arienzo, para darse una zambullida en el mar. Si lo prefiere, podrá disfrutar las caletas talladas en los acantilados y el impresionante fiordo de Furore de la costa desde el transbordador Travelmar hacia Positano (8 euros). Otra perspectiva de la belleza itálica.

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