EXPLORANDO SUDÁFRICA (I)

Los espectaculares contrastes naturales de Cabo Norte

En la frontera con Botsuana y Namibia, la región contien sabanas donde durante muchos años no cae ni una gota de agua y algunas de las explotaciones vitivinícolas más exitosas de Sudáfrica.

Las luchas de los antílopes órice por la jerarquía levantan el polvo de la arena. Fotos: dpa [ Ver fotogalería ]

Ficha

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El Cabo Norte de Sudáfrica, en la frontera con Botsuana y Namibia, es una región llena de contrastes: sabanas donde durante muchos años no cae ni una gota de agua y algunas de las explotaciones vitivinícolas más exitosas del país. El sol de la mañana envía rayos centelleantes hacia el aire todavía frío de la noche. Nos encontramos medio dormidos delante de un edificio en el margen del parque nacional transfronterizo Kgalagadi, en el norte de Sudáfrica, cerca de la frontera con Botsuana. Y no estamos solos. Pequeños animales esponjosos con caras afiladas, las suricatas, corretean curiosos sobre la arena roja hacia nosotros.

Cabo Norte es la provincia más grande de Sudáfrica, en cuyo extremo se encuentra una delgada franja de tierra enclavada entre Botsuana y Namibia. Aquí comienza el paisaje de desierto arenoso del Kalahari y el parque transfronterizo Kgalagadi. Allí, en una superficie más grande que Gales, los animales endémicos pueden moverse libremente. Ninguna valla impide a los leopardos, ñus y chacales cruzar la frontera entre los países. A unos 250 kilómetros más al sur, el imponente río Orange se dirige a Namibia abriéndose camino con rápidos por la tierra rocosa. Las dunas de arena quedan atrás para dar lugar a impresionantes paisajes rocosos y gargantas. Gracias al agua, aquí, muy lejos de la costa, se encuentra una de las regiones vitivinícolas más productivas del país.

Por kilómetros se extienden los viñedos y varias destilerías invitan a degustar brandys. Sin embargo, tampoco en esta región faltan los animales salvajes: en el parque nacional de las Cataratas Augrabies, en la frontera con Namibia, viven jirafas, babuinos y leopardos. En cambio, la región del Kalahari es árida y seca. Los valles y las colinas resplandecen con tonos terrorosos, desde la arena casi blanca por la erosión en los valles hasta un rojo luminoso en las dunas. La vegetación está dominada por espinas de camello y las hierbas secas de las dunas. Salares marcan los lugares donde antes había lagos ya evaporados bajo el sol abrasador. Junto con el turismo, la explotación de los salares es una de las principales ramas de actividad económica de la región.

Para sobrevivir aquí, la flora y la fauna necesitan cualidades especiales: las raíces de las espinas de camello, una especie endémica de acacia, se hunden hasta una profundidad de 100 metros en el suelo arenoso. Gracias a un sistema de refrigeración en la nariz, los macizos antílopes órice pueden aguantar temperaturas corporales de hasta 46 grados. Y estos animales cuentan con una reserva de agua especial: las raíces órice, que toman su nombre de esta especie de antílopes, tienen un alto contenido de agua. Las raíces saben muy amargas pero evitan la deshidratación.

En el margen occidental del parque se encuentra, escondida detrás de dunas, el lodge “!Xaus”. El signo de exclamación representa el “cliqueo” en la lengua nama, un sonido que se produce chasqueando la lengua. Aquí hay una docena de cabañas de madera, intercomunicadas por pasarelas. “¡Bajen las luces!”, ordena la guía, Melissa, durante un safari nocturno, porque los coches han asustado a un par de avestruces. Si los animales miran directamente a las luces, se quedan ciegos durante un par de minutos y se convierten en un botín fácil para cazadores, explica Melissa.

La guía pertenece a los mier, un grupo étnico que, junto con los khomano san, son los pueblos nativos del Kalahari. La joven mujer se crió en una granja en la cercana ciudad de Rietfontein antes de que comenzara a trabajar como cocinera en el lodge y convertirse después en guía. Junto con Andries, miembro de la etnia khomano san, transmite sus conocimientos sobre el Kalahari. Hoy, la sabiduría y las técnicas de caza de las dos etnias son más que nada folclore. En la década de los 60, los pueblos fueron expulsados del Kalahari y los privaron de su modo de vivir tradicional. A principios del presente siglo, una demanda presentada ante los tribunales fue aceptada y obligó a devolver a las dos comunidades 50.000 hectáreas de tierra.

Sin embargo, los tiempos de los recolectores y cazadores habían terminado de forma irreversible. Por esta razón, se instaló en su territorio un lodge como fuente adicional de ingresos. Una parte de los beneficios corresponde a los dos pueblos. El alojamiento es gestionado por un consorcio con experiencia en el turismo. Sin embargo, la mayoría de los empleados proviene de las comunidades san y mier. “Ayudamos a mejorar su vida”, dice el director del lodge, Richard Ilett. Solo que una y otra vez le causa problemas la mentalidad de los san. “Ellos quieren disfrutar de la vida y relajarse“. Según Ilett, para los san el tiempo juega otro papel de lo que estipulan los contratos y las jornadas de trabajo.

La sequía en el Kalahari ya dura casi cuatro años. Por esto, los animales se agolpan alrededor de los pocos charcos. Se impone la ley del más fuerte. El león del Kalahari, de melena negra, tiene un derecho irrestricto a beber. Si uno de los antílopes órice con sus cuernos afilados cuestiona la jerarquia en el seno de la manada se desatan peleas pese al calor sofocante. Una lucha que levanta el polvo de la arena eterna.

DATOS

Cuándo viajar: La mejor época para viajar son los meses de marzo a mayo y agosto/septiembre. Sin embargo, los calurosos meses del verano sudafricano son la mejor época para observar los depredadores, que a menudo se acercan a los charcos para beber.

Cómo llegar: En avión a Johannesburgo y allí tomar un vuelo doméstico a Upington. Unos 250 kilómetros separan esta ciudad del parque transfronterizo de Kgalagadi.

Alojamiento: Los campings cuestan como mínimo unos 280 rand (19 euros o 20 dólares). Los chalés y las cabañas dentro del parque cuestan entre 1.000 y 2.000 rand la noche (entre 70 y 140 euros o dólares aproximadamente).

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