Berlín se ilumina de arte

El Museo Barberini, en Potsdam, inauguró recientemente con la exposición Impresionismo, el arte del paisaje.

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En el invierno noreuropeo, el cielo de Alemania suele estar cargado de un color gris lóbrego y monótono, pero hay un sitio que se convirtió en una fiesta de colores vivos y escenas veraniegas y en una atracción para multitudes de turistas. Se trata del Museo Barberini, en la ciudad de Potsdam, en las inmediaciones de Berlín, que fue inaugurado recientemente con la exposición Impresionismo, el arte del paisaje, que se extenderá hasta el 28 de mayo.

¿A usted le gustan los nenúfares? De este motivo hay nada menos que cuatro cuadros del maestro Claude Monet (1840-1926), entre otras cien pinturas prestadas por museos y coleccionistas privados para la exposición inaugural. “La exposición, con esta profundidad y, sobre todo, por la combinación de diferentes obras, es realmente excepcional”, asegura la directora del museo, Ortrud Westheider.

Los visitantes del Palacio Barberini también han descubierto plazas, cafés y los hoteles cercanos. Rápidamente uno se da cuenta de por qué la antigua sede del imperio prusiano fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ahora, Potsdam tiene dos lugares de encuentro fundamentales para el arte, ambos instalados en palacios del siglo XVIII construidos por el rey de Prusia Federico II el Grande (1712-1786).

Desde hace 250 años, los viejos maestros de la pintura están reunidos en la galería del Palacio Sans Souci, mientras que los impresionistas han encontrado su hogar en el Palacio Barberini, que terminó de construirse en 1771 pero que fue destruido en bombardeos de los Aliados en abril de 1945. Su reconstrucción fue financiada por el multimillonario alemán Hasso Plattner. No por casualidad, la extensa colección privada de Plattner, que está centrada en el impresionismo, aunque también incluye obras modernas y posmodernas, constituye la base de las propiedades del museo.

Las obras de Monet, August Renoir, Alfred Sisley y Camille Pissarro están expuestas en un ambiente excepcional. “Al igual que en tiempos de Federico el Grande, esta casa es una proclama contra el provincialismo miope, contra el miedo al mundo exterior”, dice Hartmut Dorgerloh, director general de la Fundación de Castillos y Jardines Prusianos, la entidad que administra las antiguas propiedades reales en Berlín y Brandeburgo.

Las paredes en cada una de las ocho salas temáticas están pintadas con colores que realzan el efecto de las pinturas, dándoles un espacio adicional, explica Ortrud Westheider, la directora del museo. “Hay diferentes tonos de verde olivo pero también gris azulados”, dice. El color berenjena de las paredes intensifica el efecto global de los nenúfares.

El Museo Barberini de ninguna manera está circunscripto a los impresionistas. También se pueden ver obras clásicas y del arte contemporáneo. Y para destacar la diversidad de las obras expuestas, además la colección de Plattner se presenta en diferentes exhibiciones temáticas.

(Nota publicada en Diario PERFIL)

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