Roma planea poner restricciones a los visitantes de la Fontana di Trevi

La fuente se hizo mundialmente famosa a raíz de la recordada escena de Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en “La dolce vita” de Federico Fellini. Hoy sufre el turismo masivo.

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En un futuro no muy lejano los turistas que deseen conocer de cerca a la Fontana de Trevi de Roma podrán detenerse sólo unos minutos frente al célebre monumento. Por el momento, se trata sólo de una idea de la alcaldesa de Roma, Virgina Raggi, quien se refirió al proyecto en un programa de televisión. “Lo que estamos haciendo en la fuente de Trevi es establecer no sólo turnos más intensos para los agentes de la seguridad sino también un recorrido que no permita detenerse”, precisó la alcaldesa.

Desde hace años, con el estallido del turismo de masa en Roma y otras ciudades italianas, circular frente a la que es una de las fuentes más bellas del planeta es difícil, precisamente a raíz de la gente que se detiene para sacar fotos, conversar, tomar sol o simplemente admirar al monumento.

En los últimos tiempos se registraron varios accidentes. Hace unos días un turista completamente desnudo se lanzó a nadar dentro de la fuente. Al salir del agua, la policía municipal de la zona le cobró una multa de 450 euros, mientras centenares de turistas, tanto italianos como extranjeros, presenciaban la escena.

Unas semanas antes las multadas fueron dos turistas de Dinamarca, una mujer de 60 años y otra de 17, que se habían sentado en la fuente “de los dos mares” que se encuentra en la Plaza Venecia de Roma. El día de Pascuas un canadiense logró trepar hasta la parte más alta de la llamada “Barcaza” de Plaza España y luegó saltó dentro del agua. Sin embargo, la fuente ‘preferida’ para este tipo de aventuras romanas sigue siendo la “Fontana di Trevi”, que se hizo mundialmente famosa a raíz de la recordada escena de Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en “La dolce vita” de Federico Fellini.

Obra maestra de Nicola Salvi, realizada entre 1732 y 1762, la Fontana fue víctima del paso del tiempo, la masiva afluencia de turistas, congénita en la ciudad, y de las inclemencias meteorológicas. Esta conjunción de factores derivó en una intervención de urgencia en el año 2012, cuando se desprendieron varios pedazos de piedra de su lado izquierdo. Su restauración comenzó en junio y costó unos 2 millones de euros.

Como la mayoría de fuentes monumentales de la ciudad, en origen fue el punto de llegada de uno de los grandes acueductos de la antigua Roma, en este caso el de “Agua virgen” (Acqua virgo), inaugurado en el 19 a.C por el cuñado del emperador romano Augusto, Marco Vipsanio Agripa. En el año 1732, el Papa Clemente XII encargó al arquitecto Nicolò Salvi la construcción de la espectacular fachada que enmarca la fuente, aunque ya un siglo antes el escultor barroco Gian Lorenzo Bernini había proyectado una remodelación de la fuente que no llegó a realizarse.

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Salvi proyectó un conjunto escultórico dominado por la imponente figura de Océano, de pie en el centro y flanqueado por dos representaciones femeninas, la Abundancia y la Salubridad. En un nivel más bajo se encuentran los caballos que transportan a Océano, que emergen de las aguas con una fiereza que unos tritones tratan de contener tirando de sus riendas y que aún continúan cubiertos por los andamios y rodeados de técnicos y restauradores.

El papa Benedicto XIV inauguró el monumento en 1744 y su nombre figura en el frontispicio, aunque los trabajos no terminaron definitivamente hasta 1762. En el siglo XX la fuente quedó estrechamente vinculada con el mundo del cine, sobre todo con aquella industria italiana con sede en los estudios de Cinecittà.

En 2015 los mármoles de la fuente fueron pulidos para restituir sus colores originales y fue instalada una nueva iluminación artística, con más de 100 lamparas LED posicionadas en puntos estratégicos. Los trabajos de restauración, que duraron dos años, costaron dos millones 180 mil euros (unos dos millones 390 mil dólares).

| Nota publicada el 13 de mayo de 2017

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