Los lagos Plitvice, una maravilla de la naturaleza en Croacia

En agosto, más de 13.000 personas pasan sobre los caminos de madera entre lagos y cascadas. En 1979, la Unesco declaró la cadena de lagos y cascadas uno de los primeros patrimonios naturales de la humanidad.

Las cascadas de color turquesa fueron declaradas por la Unesco uno de los primeros patrimonios naturales de la humanidad. Fotos: dpa [ Ver fotogalería ]

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La mansión de Tito no figura en la guía turística ni en el mapa. Viajando por el bosque, uno se encuentra de repente, en medio de la nada, con una fortaleza. Las ventanas estás rotas, el mármol en la escalera ha sido cortado a golpes. En el pasado, cada habitación estaba amueblada con un tipo de madera diferente, relata Helena Petrovic. Dirigentes del partido pasaban sus vacaciones aquí, en la casa del jefe de Estado de Yugoslavia.

Sin embargo, cuando terminó la guerra civil en la década de los 90, saqueadores arrancaron las telas y maderas nobles de las paredes. Hoy la mansión está olvidada, al igual que tantos lugares alrededor de los famosos lagos de Plitvice en Croacia. El parque nacional es un icono mundial. En las listas de las maravillas más espectaculares de la naturaleza aparecen fotos de las cascadas de color turquesa.

En 1979, la Unesco declaró la cadena de lagos y cascadas uno de los primeros patrimonios naturales de la humanidad. Desde entonces, la afluencia de turistas ha sido incesante. La administración del parque contabilizó en 2016 más de 1,3 millones de visitantes. Lo asombroso es que en la mayor parte del parque nacional no se note la presencia masiva de turistas.

Casi todos los turistas son personas que en una excursión de un día quieren ver las principales atracciones del parque. En algunos días de agosto, más de 13.000 personas pasan sobre los caminos de madera entre lagos y cascadas.

En realidad, es fácil escapar de las masas. Sin embargo, solo pocos turistas caminan por los senderos que discurren muy encima de los lagos, por el bosque. El tour más extenso va a Corkova uvala, una selva que desde hace 300 años no ha sido tocada por el hombre. Solo pueden entrar en ella científicos.

El sendero lleva a los caminantes a lo largo del linde de la selva. Entre hayas y abetos crecen plantas raras. Y en teoría también se pueden observar animales salvajes: unos 20 osos pardos y tres manadas de lobos se desplazan por el bosque, aunque casi nunca se dejan ver.

Para la mayoría de los turistas, eso es demasiada aventura. Les resulta suficientemente excitante caminar por los senderos de madera sobre cascadas burbujeantes. Por la mañana se concentran en el muelle para esperar el ferry que los llevará por el lago Kozjak. Después siguen el camino que pasa alrededor de los lagos.

Esta caminata es hermosísima, sobre todo temprano por la mañana o durante la temporada baja. Por todas partes murmura el agua. Muros de poca altura delimitan charcos que se parecen a pirámides de copas de champán. La naturaleza los fue formando con la misma materia que las majestuosas cascadas que hay detrás: travertino.

El proceso de formación de esta piedra caliza es frágil. Por esta razón, explica Petrovic, está prohibido desde el año 1991 bañarse en los lagos, porque el sudor y la crema solar contaminarían el agua y dañarían el musgo, las hierbas y las bacterias que son fundamentales para la formación del travertino.

Creo que se debería limitar el número de turistas”, dice Petrovic. “Sería bueno fijar una cantidad máxima por hora“. Sin embargo, son precisamente los grandes grupos de turistas los que aportan el dinero en verano. Y Lika, una región pobre y casi despoblada en el centro de Croacia, necesita este dinero: “El parque nacional alimenta a 1.200 personas”.

Lika siempre ha sido una región pobre, pero la guerra empeoró todavía más la vida en la planicie cárstica. Quien sale de la carretera principal entre Zagreb y el mar pasa sobre caminos llenos de baches entre casas quemadas.

El agua de este río cárstico es tan limpia que se puede beber. Aun así, no son muchos los turistas que vienen aquí. Croacia es un destino playero junto al mar y actividades como el rafting o excursiones en bicicleta de montaña aún no forman parte de un programa turístico establecido en la antigua república yugoslava.

Rastoke hace tiempo que dejó de ser un pueblo perdido en el mundo. Y el centro histórico de la pequeña ciudad de Slunj ha vivido un pequeño “boom” en los últimos años, gracias a una serie de cascadas con nombres tan poéticos como “Cabello de hadas”, a través de las cuales el río Slunjcica desemboca en el Korana.

En el siglo XVII se construyeron molinos sobre las cascadas y entre ellos puentecitos de madera. Hoy, todo el paisaje se asemeja al escenario de una película, al menos si uno no se fija en el puente de hormigón al fondo.

Hace 60 años había más de 40 molinos. Actualmente, algunas familias ganan bien gracias a los turistas, que vienen sobre todo del lejano oriente. El Gobierno croata ha reconocido ese potencial turístico y declaró la localidad de Rastoke como bien cultural protegido. Aquí, piensa uno, también le podría haber gustado vivir a Tito.

 

DATA

Cómo llegar: En avión a Zagreb. Casi todos los autobuses que van de la capital croata al mar hacen paradas en los lagos de Plitvice. Uno de cada dos autobuses más o menos también para en Slunj.

Cuándo viajar: A quien quiera visitar los lagos de Plitvice se le recomiendan sobre todo los meses de abril y mayo, así como la segunda mitad de septiembre y octubre. En primavera, las cascadas llevan más agua.

Alojamiento: En Slunj hay un hotel de clase media y varias pensiones. Los grandes hoteles en el parque nacional ya son un poco viejos pero su ubicación es inmejorable.

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