ROMA /// ITALIA

Las fascinantes Termas de Caracalla revelan sus secretos de noche

Se trata uno de los más grandes baños públicos de la Roma imperial. El gobierno de la capital italiana organizará interesantes visitas nocturnas.

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| Nota publicada el 23 de agosto de 2017

Las Termas de Caracalla, uno de los más grandes baños públicos de la Roma imperial, devela sus secretos en visitas nocturnas, organizadas por la superintendencia especial de la capital italiana. La estructura, construida entre los años 212 y 217 d.C bajo el gobierno del emperador Caracalla, depara verdaderas sorpresas en sus entrañas, donde la rotonda más antigua del mundo dirigía los carros que transportaban toneladas de leña para quemar en enormes hornos para garantizar el agua caliente.

Allí se unían el ruido de los “vehículos” y el andar frenético de centenares de esclavos, bajo la mirada atenta de los supervisores que controlaban el “tránsito”. También causa estupor el Mitreo, donde un misterioso culto de origen oriental culminaba probablemente con la matanza de un toro, cuya sangre “bautizaba” a los adeptos. Las galerías eran el corazón de un edificio sorprendente no solo por sus dimensiones sino por la modernidad del proyecto, capaz de administrar, a través de una estructura simétrica, un flujo de 8.000 personas por día.

Se ingresaba con poco dinero e iban plebeyos en busca de un baño restaurador o nobles que explotaban las termas como espacio de “relaciones públicas”. Los hombres eran separados de las mujeres, si bien ya Cicerón lamentaba cierta promiscuidad en lugares de ese tipo. Se desvestían en el vestuario – donde rápidamente, contra el fenómeno de los “ladrones balnearios” fue necesario colocar custodios- y, usando pequeñas túnicas (las mujeres) o trajes ceñidos (los hombres) que no obstaculizaban los movimientos, se ingresaba al gran gimnasio, decorado con mosaicos, mármoles y estatuas que daban cuenta de la grandeza del imperio.

(Foto: Pixabay)

 

Los pasatiempos más habituales eran juegos y la lucha, bajo la mirada de esclavos-entrenadores dispuestos a dar consejos. El viaje ideal prosigue con los baños en el “calidarium”, en el “tepidarium” y en el “fridarium”, en diversas piletas de agua fría, y por último en la “natatio”, la piscina de dimensiones olímpicas, 50 metros x 22 metros, único ambiente completamente descubierto del complejo de termas. Las arcadas permitían, de hecho, no mojarse en caso de lluvias y para quienes deseaban “curar” también su mente había bibliotecas a disposición.

La visita se completa en el hipogeo: allí se aprecia la Manzana de Pistoletto, en mármol de Carrara (colocada en 2012 en el centro de la “rotonda”); majestuosos capiteles de las columnas y fragmentos de estatuas que decoraban los entornos subyacentes y, especialmente, el Mitreo. Porque en este sitio, en una Roma entonces dominada por un emperador de origen africano como Caracalla, cuya madre era siria, se practicaba el culto al dios Mitra, en un espacio similar a una gruta en la que los pequeños restos de frescos dejan apenas entrever las características de la divinidad.

En los laterales había bancos para sentarse y en el centro se hallaba la “fosa sanguinis” donde, probablemente en homenaje al dios “tauroctonos” se sacrificaba al toro. Su sangre equivalía a una suerte de bautismo para los “iniciados”, colocados debajo de una rejilla, en una mezcla de rituales que incluían el culto a Serapis y Atis: un aspecto que no debe asombrar en un imperio que halló en la unión entre culturas una de las razones de su fuerza y su longevidad.

(Foto: Pixabay)

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