NUEVA YORK

Harlem Power, al norte de Manhattan

Entre las calles 110 y 155 de la Gran Manzana, se extiende el barrio alguna vez más temido por los turistas. Fotogalería

Al norte de la isla de Manhattan, en Nueva York, existe un famoso barrio que vale la pena recorrer por su riqueza histórica, bares de jazz, iglesias (con famosos coros de góspel) y su deliciosa comida étnica.

Harlem, la zona conocida como el alma de la cultura afroamericana, ya no es ese lugar peligroso y marginal al que hasta hace poco más de una década los taxistas se negaban a llevar a los viajeros. Desde ese entonces, el distrito atravesó un importante período de transformación y resurgimiento cultural, social y económico (el segundo renacimiento después del que tuvo lugar en los años 20), que continúa hasta hoy y coincide además con la llegada, en el año 2000, del ex presidente Bill Clinton, quien instaló una de las oficinas de su Fundación en un viejo edificio reciclado.

A tal punto se expandió el fenómeno, que algunos operadores turísticos ya hablan de una verdadera Harlem-manía. Y para comprender su espíritu real, lo ideal es caminarla desde temprano y arrancar por la calle principal, la 125th Street (o Martin Luther King), un área reurbanizada en la que abundan negocios de peluquerías y accesorios capilares, tiendas, teatros y puestos callejeros con venta de inciensos, CDs y fragancias naturales del Africa occidental.

En el cruce con la séptima avenida funciona el Studio Museum Harlem, que exhibe muestras de pintura, videos y esculturas de artistas de la comunidad. En la vereda de enfrente, donde se encuentra la estatua de Adam Clayton Powell Jr. (primer congresista afroamericano), hay una plaza en la que cada tarde se puede observar a músicos experimentados improvisando ritmos afro al son de timbales y tambores: momento ideal del recorrido para hacer una pausa y contemplar una escena de película.

A escasos metros de allí, se erige el mítico Teatro Apollo,  reconocida cuna del jazz y en cuyo escenario desfilaron figuras como Aretha Franklin, Duke Ellington y Michael Jackson. Los miércoles a la noche, durante la Amateur Night Show, el público elige con aplausos o abucheos a los nuevos talentos del jazz.

Cuando se acerca la hora del brunch o almuerzo, es imprescindible darse una vuelta por Sylvia’s Restaurant, famoso por su “comida del alma” o soul food (328 Lenox Avenue), y uno de los sitios favoritos de la familia Obama. Entre sus platos más sabrosos, el pollo frito con puré de batatas y chauchas (US$ 13,95), y el Bar-B-QueRibs, donde las costillas al horno con salsa barbacoa de la casa (US$ 16,95) seducen a los paladares más exigentes.

Para completar el paseo, ningún turista debería abandonar este vecindario sin presenciar un coro de góspel en alguna de sus cuatrocientas iglesias de múltiples credos. En la Abyssinian Baptist Church, por ejemplo (138 Street, entre la sexta y séptima avenida), los miércoles a las 18.30 se puede apreciar un servicio religioso mucho menos concurrido que el de los días domingos por la mañana (9 y 11). Y si bien tomar fotos o filmar está prohibido, nada podrá reemplazar la emoción y el encanto de haber vivenciado el auténtico Black Power.

 

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Por Por Cynthia De Simone, nota publicada en el diario PERFIL el sábado 4 agosto de 2012.

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