DESTINO / ORIENTE MEDIO

Bahrein, el despertar turístico del “país de las perlas”

Bahrein espera que la hospitalidad de la gente y el rico legado cultural atraigan a turistas a este Estado insular.

La isla de Bahréin se está desarrollando vertiginosamente. Foto: Bahrain Tourism. [ Ver fotogalería ]

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En el desierto de Reino de Bahrein hay un árbol de diez metros de alto. No cualquier árbol. El llamado “árbol de la vida” lleva creciendo en este lugar unos 400 años. No se sabe de dónde saca el agua para vivir. Este es uno de los misterios del pequeño reino situado a orillas del golfo Pérsico.

Actualmente llegan todos los días turistas y nativos para ver el árbol, vigilado por un guardia de seguridad. El agua da vida a la isla de Bahrein: el agua salada del golfo Pérsico y las aguas subterráneas situadas debajo del fondo marino. En el pasado, cuando pasaban mucho tiempo en el mar, los pescadores de perlas sacaban su agua potable del fondo a través de tubos de cuero.

Bahrein espera que la hospitalidad de la gente y el rico legado cultural atraigan a turistas a este Estado insular. El pequeño reino siempre ha dormido a la sombra de las metrópolis turísticas de Dubái y Abu Dhabi. Ahora se está despertando el país de las perlas.

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El histórico barrio de Manama Souk, con sus bazares, está siendo renovado. Desde noviembre de 2017, un nuevo paseo comercial permite caminar a orillas de la bahía de Bahrein. En la antigua ciudad de Muharraq se está ampliando para los turistas el histórico “camino de perlas”. Además, el país atrae a los visitantes con playas privadas de arena blanquísima, hoteles económicos, una animada vida nocturna y una biodiversidad fascinante.

Actualmente, en los lugares donde otrora se sumergían en el agua los pescadores de perlas hay hoteles de lujo y gigantescos edificios de oficinas. De aquí al año 2020 está planeada la construcción de 15 nuevos hoteles de cuatro y cinco estrellas, así como complejos hoteleros en la playa. El país quiere atraer a más turistas de Occidente.

Durante una estancia de una semana se pueden descubrir muchas cosas en Bahrein, en una visita a la mezquita Al Fatih, recorriendo el “camino de las perlas”, en el barrio de Muharraq con sus palacios históricos o en una excursión al parque nacional Al Areen, con sus leopardos.

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La fortaleza Qal’at al Bahrain, de miles de años de antigüedad, ofrece una magnífica vista del perfil arquitectónico de Manama y del mar. En los souks (mercados árabes), el aroma de condimentos indios se mezcla con el de café árabe recién hecho, preparado con cardamomo y azafrán. Quien busque una descarga de adrenalina puede practicar el paracaidismo bajo techo, recorrer volando el circuito de Fórmula 1 o viajar en jeep por el desierto.

En las calles de Bahrein llama inmediatamente la atención la colorida mezcla de nacionalidades. Muchos indios, paquistaníes, europeos, estadounidenses o personas originarias del sureste asiático viven aquí o visitan la pequeña isla del Golfo. Esta mezcla crea un clima de hospitalidad y cordialidad. Sin los inmigrantes, el reino probablemente no se hubiera desarrollado de forma tan impetuosa. Los extranjeros trabajan afanosamente en la construcción, realizan tareas domésticas o venden productos en los mercados.

Hasta la década de los 30, la pesca de perlas era una fuente de ingreso lucrativa, al menos para los comerciantes. Después, esta rama de la economía perdió su importancia a favor de la industria petrolera y gasística. Actualmente hay solo pocos comerciantes de perlas en Bahrein, entre ellos la familia Mattar. “Las perlas naturales de Bahrein tienen una calidad muy especial“, dice Talal Ebrahim Mattar. “Una cadena de perlas puede tardar generaciones en fabricarse”.

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Los buceadores pueden ganar mucho dinero en un solo día pero para ello necesitan mucha suerte. Por una perla bien formada, del tamaño de una uña de pie, les pagan una cantidad equivalente a 675 euros (poco más de 800 dólares), suficiente para pagar un mes de alquiler. Actualmente, también se permite que los turistas buceen en busca de perlas. Quien halle una puede quedarse con ella. Las ostras las tienen que regresar al mar.

Bahrein también tiene aspectos que no encajan muy bien con la propaganda turística del Estado: se pueden ver mujeres escasamente vestidas en los centros comerciales o parejas homosexuales en un pub irlandés. El ambiente en el barrio de ocio de Juffair es exaltado. Aquí hay restaurantes económicos que ofrecen masajes happy end y clubes nocturnos con empleadas tailandesas.

La isla de Bahrein se está desarrollando vertiginosamente, lo que afecta a la naturaleza: los manglares se reducen, empresas sacan arena del fondo marino para ampliar la superficie de la isla y construir en ella más edificios altos de oficinas, bancos y casas de propiedad privada. Las calles suelen estar atascadas porque cada bahreiní tiene como promedio dos automóviles. Por la tarde, los rascacielos desaparecen envueltos en el esmog. El Gobierno está buscando soluciones. Las autoridades turísticas han adquirido consciencia de la creciente relevancia del ecoturismo y de las reservas naturales.

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Lo que hay que saber

El alojamiento en un hotel de cuatro estrellas en el centro de Manama cuesta como mínimo unos 60 euros (70 dólares) por noche y habitación. El precio de una habitación en un hotel de cinco estrellas oscila entre 100 y 200 euros por noche. La moneda de curso legal es el dinar bahreiní. Un euro equivale a unos 0,45, un dólar a unos 0,38 dinares (11 de enero de 2018). El dinero se puede cambiar en bancos y casas de cambio o sacar de cajeros automáticos con tarjeta de crédito. (www.btea.bh).

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