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Conocer Nueva York desde un helicóptero es un ‘must’, pero los vecinos se quejan del ruido

Para muchos turistas, sobrevolar la ciudad es indispensable cuando visitan Nueva York. Pero estos paseos en helicóptero molestan a los ciudadanos cuyos balcones y terrazas se encuentran en la ruta habitual.

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Noticia publicada el 17 de enero de 2018

El sol de la mañana brilla cuando Vadim Vagopow pone la mano sobre el mando y eleva sin esfuerzo su helicóptero sobre Nueva York como si se tratara de un libélula de acero. Deja tras de sí los rascacielos de cristal, el puente de Brooklyn y gira hacia la derecha sobre el East River y sobre la bahía de Nueva York. Unos minutos después se empieza a dibujar la figura de la Estatua de la Libertad. Para muchos turistas, sobrevolar la ciudad es indispensable cuando visitan Nueva York, para algunos los minutos sobre Manhattan son los mejores. Pero estos paseos en helicóptero molestan a los ciudadanos cuyos balcones y terrazas se encuentran en la ruta habitual.

John Dellaportas, director de la iniciativa civil “Stop the Chop” habla de una “constante marea de molestos sonidos sin fin”. Los inquilinos y los dueños de las viviendas llevan años de disputas con las empresas turísticas. El alcalde, Bill de Blasio, está en problemas. Por un lado, debe proteger a los neoyorquinos del ruido; por otro, no puede renunciar a los 50 millones de dólares (42 millones de euros) que, según los proveedores, se ingresan cada año con estos vuelos.

De modo que la ciudad acordó un punto medio con las empresas ofertantes de estas excursiones: los originalmente 60.000 vuelos anuales se redujeron a la mitad y se prohibieron en los domingos. “Todos tuvieron que renunciar a algo para ello”, dijo De Blasio a principios de 2016, “pero la solución resultará en una ciudad en la que a todos les merezca la pena vivir”. Pero para el grupo “Stop the Chop”, que tiene en Nueva York y en la vecina Nueva Jersey 2.000 miembros, esto “es una patraña”.

Los 30.000 vuelos permitidos el año pasado significaron para un ciudadano que vive cerca del río Hudson, por el que pasa la ruta, más de 60.000 sobrevuelos. Esto, dividido entre los 313 días de vuelo del año, significa que en promedio pasaron por allí 192 veces al día, en las diez horas laborales. Una vez cada tres minutos. La ciudad creó ya hace tiempo una web para las quejas contra el interminable ruido de las aspas.

Pero, ¿los ciudadanos de una ciudad con 8,5 millones de habitantes no deberían aceptar un cierto nivel de ruido? “De todas formas hay ruido”, dice Hanne Carlsen, que vino a la ciudad con su familia desde Dinamarca y acaba de terminar una excursión en helicóptero. “Los autos, el tráfico, las obras: no vemos la diferencia”.

Las más de 970 quejas por ruido registradas en la ciudad por los helicópteros en 2017 hasta principios de noviembre eran culpa de otros“, dice Sam Goldstein, que representa a la asociación sectorial Helicopter Tourism & Jobs Council y explica que los responsables del continuo ruido son sobre todo los helicópteros privados y de hospitales, de la Policía y de cadenas de televisión. “Este año nuestros vuelos no se salieron de las condiciones legales“, asegura.

Al que paga unos 220 dólares por un viaje de unos 15 minutos, todo esto no le importa. Por encima del Hudson los pasajeros escuchan las explicaciones a unos 600 metros de altura, mientras que pilotos como Vagopow les muestran los monumentos. El World Trade Center, el Empire State, el edificio Chrysler: todos son puntos característicos del skyline de la ciudad y desde el cielo tienen un aspecto muy diferente del que se aprecia desde el suelo.

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