ALTAMENTE NOCIVO

El turismo causa el 8% de las emisiones de gases invernadero

A medida que aumenta el bienestar, aumentan también incluso de manera desproporcionada las emisiones de gases contaminantes por los viajes turísticos. La huella de carbono de los viajes aumentó un 13% en los últimos años.

Hong Kong, una de las ciudades más contaminadas del mundo. Foto: Pixabay [ Ver fotogalería ]

Ficha

Noticia publicada el 8 de mayo de 2018


El turismo es responsable de alrededor del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero globales, más de lo que se creía hasta ahora, según un estudio de la Universidad de Sydney, Australia. El equipo de investigadores liderado por Arunima Malik incluye en sus cálculos más que solo los efectos de los medios de transporte y los hoteles y que los niveles actuales son ampliamente superiores a los de años atrás.

Una investigación de 2010, por ejemplo, calculó que el turismo generaba 1.120 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), equivalente a lo que suponía entonces un 3 por ciento de las emisiones totales globales. “Sin embargo, estos análisis no incluían las cadenas de suministro basadas en el turismo y por lo tanto no presentan una huella de CO2 real“, señalan. Por esta razón, Malik y sus compañeros agregaron a las consecuencias del turismo internacional los efectos climáticos de la comida y la bebida, así como las ofertas de venta al por menor.

Los investigadores se basaron en amplios datos turísticos de 189 países, entre ellos de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Introdujeron estas informaciones en un banco de datos propio para poder desglosar la huella de CO2 en función del origen de los turistas. En un ranking de los turistas que más emisiones de CO2 causan, los estadounidenses encabezaron la lista, seguidos de los chinos, los alemanes, los indios, los mexicanos, los brasileños, los canadienses y los japoneses.

Según una investigación parcial, las emisiones de gases de efecto invernadero por el turismo entre 2009 y 2013 aumentaron de 3.900 toneladas de CO2 a 4.500. Esto supone un aumento anual del 3,3 %, explican los investigadores. A medida que aumenta el bienestar, aumentan también incluso de manera desproporcionada las emisiones de gases contaminantes por los viajes turísticos: con un producto interno bruto de más de 40.000 dólares per cápita, un aumento del bienestar del 10 por ciento conduce a un incremento de la huella de carbono por los viajes de hasta un 13%.

Los investigadores pronosticaron que, siendo optimistas, el aumento de las emisiones por los turistas podría restringirse a los 5.000 millones de toneladas para 2025. Sin embargo, si no cambia nada en la tendencia actual, las emisiones relacionadas con el turismo podrían alcanzar los 6.500 millones de toneladas de CO2 en siete años, ya que en los últimos años “la demanda de viajes por parte de los consumidores creció mucho más rápido que el consumo de otros productos y servicios”, explican. “Nuestro análisis es una primera mirada mundial al coste real del turismo, incluidos todos los productos de consumo como la comida fuera de casa y los souvenirs”, dijo Malik.

En general los investigadores recomiendan volar menos y pagar más como medida de compensación por la huella de carbono. Existen diferentes agencias que se dedican a compensar la huella de carbono, que con el dinero que reciben apoyan proyectos de energías renovables. También son importantes los impuestos al CO2 o el comercio de emisiones, especialmente en el caso de la aviación, para reducir las emisiones del turismo, según la coautora Ya-Yen Sun, de la Universidad Nacional Cheng Kung, en Taiwan.

Los investigadores admitieron que los niveles de CO2 serían más bajos si solo hubieran incluido la comida que los turistas consumen adicionalmente a la media que consumen en su país. Los investigadores no compensaron los datos con las emisiones que generan los turistas en su país al comer. Por otro lado, no tuvieron en cuenta las emisiones de grandes cantidades de vapor de agua que se generan con los viajes en avión. El vapor de agua tiene un efecto en el clima casi tres veces mayor que el CO2.

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