Fukushima apuesta por el turismo para escapar de la “zona oscura”

Son cada vez más los tours que se realizan en la zona para mostrar al mundo cómo continúa la vida en lo que fue una zona de desatre.

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Nota publicada el 23/10/2018


Casi 8 años después de que un tsunami matara a 18.000 personas en el noreste de Japón, una de las ciudades más afectadas, Fukushima, busca resurgir gracias al turismo: son cada vez más los tours que se realizan en la zona para mostrar al mundo cómo continúa la vida en lo que fue una zona de desatre.

A la gente del lugar no le gusta la idea de vivir en un lugar “oscuro”, dijo Shuzo Sasaki, una autoridad del Gobierno que también trabaja como guía de Real Fukushima, una de las diversas organizaciones que ofrecen tours a pequeños grupos de visitantes.

“La idea de que Fukushima es un lugar peligroso es completamente errónea”, agregó Sasaki, que organiza visitas de estudiantes del Instituto de Tecnología de Georgia y que hará planea hacer lo mismo con grupos de estudiantes extranjeros en 2019.

En algunas zonas descontaminadas de Fukushima, los niveles de radiación descendieron hasta el límite marcado por el Gobierno de 0,23 microsieverts por hora o un milisievert al año, suponiendo que una persona pase ocho horas al aire y 16 horas en un interior. En comparación, la exposición promedio mundial de los seres humanos a la radiación oscila entre 2,4 y 3 milisierverts al año.

Karin Taira, un guía de Real Fukushima que dirige la “Casa de los Faroles”, una casa de huéspedes en el distrito de Odaka, afirma que se exagera el riesgo que supone la radiación y pinta una imagen completamente negativa de la zona: “Da la impresión de que aquí no hay esperanza y sí que la hay”, dijo a “The Guardian”.

Pero pese a que la radiación está dejando de ser un peligro, el paisaje recuerda una y otra vez la devastación que provocó el tsunami. En la escuela primaria de Kumamachi, a dos kilómetros de la central nuclear destruida, las aulas parecen congeladas en el tiempo, con libros, bolsas y otras posesiones abandonadas en el momento en el que se dio la orden de evacuación.

De los 150.000 evacuados tras el accidente nuclear, solo unos pocos regresaron regresado a las zonas calificadas como seguras por el Gobierno. Algunos padres temen la exposición a largo plazo de sus hijos a la radiación porque en algunas zonas se demostró que los niveles de radiación son más altos de lo que el Gobierno afirma. Otros se mudaron a otras zonas y no ven razón para volver a un lugar económicamente arruinado por el desastre.

En el año 2016, 52.764 personas visitaron la zona según fuentes gubernamentales, lo que supone un 92% más que el año anterior. “Los turistas se sorprenden de que haya gente viviendo aquí”, dijo Shuyo Shiga, miembro del gobierno de Okuma. “Es complicado animar a la gente a que venga, pero los que lo hacen se sorprenden al ver que la gente que vive tan cerca de la planta lleva de nuevo una vida normal”.

De cara al futuro, Fukushima se prepara para albergar partidos de béisbol y fútbol durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, y la Villa J., que fue utilizada tras el accidente para albergar a trabajadores de rescate y equipos, ya recuperó su función original de centro de entrenamiento de fútbol.

En abril de 2019 la ciudad abrirá una nueva oficina municipal, apartamentos y comercios tras el levantamiento parcial de la orden de evacuación, y también se planea renovar las casas japonesas tradicionales y ofertarlas por Airbnb.

En tanto, la Prefectura de Fukushima planea construir un parque conmemorativo y un centro de archivo de 5.200 metros cuadrados, completo con pantallas de video y exhibiciones sobre el Sismo, tsunami y calamidad nuclear. “Será un punto de partida para los visitantes”, dijo Kazuhiro Ono, subdirector de turismo de la prefectura.

Muchos esperan que el turismo ayude a resucitar sus ciudades y alivie los temores de radiación. Pero algunos se preocupan por trazar una línea en un desastre cuyo impacto se sentirá en el futuro. La limpieza, incluida la eliminación del combustible de uranio fundido, puede llevar cuatro décadas y costar varios miles de millones de dólares cada año.

“El desastre ocurrió y el problema ahora es cómo las personas reconstruyen sus vidas”, dijo al “Japan Times” el guía Takuko Okamoto después de que su grupo se detuviera en Tomioka, a 10 kilómetros de la planta nuclear. Actualmente realiza giras solo dos veces al mes, pero quiere traer grupos dos veces por semana.

El antiguo residente Mitsuru Watanabe, de 80 años, y su esposa no tienen planes de regresar a casa, pero suelen regresar a Fukushima para limpiar su restaurante antes de que fuera demolido: “Solíamos atraer alrededor de 100 millones de yenes al año”, dijo Mitsuru mientras invitaba a los turistas a entrar. “Queremos que la gente venga. Pueden ir a casa y contarle a otras personas sobre nosotros”.

 

D.S.

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