7 Preguntas para 7 Maravillas

El Chaltén: cómo es la vida de quienes viven todo el año en esta maravilla patagónica

El cerro Chaltén-Fitz Roy y el poblado a sus pies son hoy una de las perlas del turismo nacional. César Fava, hijo de un mítico andinista patagónico, nos cuenta se vive en este enclave del sur argentino.

En la provincia de Santa Cruz, ubicado a 212 Km. de El Calafate y bajo el amparo del majestuoso Cerro Fitz Roy, se encuentra la atractiva y apacible aldea de El Chaltén, reconocido como la "Capital Nacional del Trekking" y punto de acceso al campo de Hielo Continental. Foto: Ministerio de Turismo de Santa Cruz. [ Ver fotogalería ]

En El Chaltén no hay invasión de turistas. Todavía se vive la instancia de la curiosidad reciproca entre lugareños y visitantes. Un buen número de estos últimos regresa repetidas veces, sean argentinos como europeos. El vínculo, dicen en el pueblo, va más allá del entorno natural y vuelven porque se sienten a gusto con la gente.

El cerro Chaltén-Fitz Roy y el poblado a sus pies son hoy una de las perlas del turismo en Argentina y el Cono Sur. Pero los macizos rocosos, y glaciares que le dan el nombre al parque nacional que contiene todas estas maravillas, dan cuenta de la dureza del entorno y el valor de las comunidades autóctonas, exploradores y deportistas que pasaron por allí.

Una de las proezas con mayor eco global fue la ascensión, en 1959, del Cerro Torre: “La más grande hazaña de escalada de todos los tiempos”, como la calificó el montañista Lionel Terray (parte del equipo de escaló el Fitz Roy por vez primera). Quiénes los lograron fueron el italiano Cesare Maestri (“La araña de los Dolomitas”), el austríaco Toni Egger y el ítalo-argentino Cesarino Fava. La conquista fue exigida, angustiante, llena de peripecias y trágica: Egger murió en el descenso, debido a una avalancha gigante que cortó sus cuerdas, y Maestri casi perece de agotamiento, quedando al borde del delirio.

Con las nuevas técnicas de escalada, permitidas por la evolución de materiales y tecnologías, conquistas como estas son leyenda. Cesarino vivió “una época donde el espíritu, fuerza de convicción, umbral de aguante, pasión… suplían un espacio que hoy en parte ocupan los avances tecnológicos”, dice su hijo César, emprendedor (con Ruca Mahuida) y lugareño en El Chaltén; quien cuenta cómo es la vida de los que están todo el año viviendo dentro de una maravilla.

– El Chalten es, para su tamaño, es ya un gigante en la cantidad de visitantes a los que atrae. Pero, basado en tu experiencia personal, ¿es posible atraer a más turistas?, ¿de qué manera?

Sí, es cierto, la relación turistas por habitantes es enorme. Si bien no tenemos un número exacto (solo aproximadamente el que lleva parques) el ingreso de turistas per cápita es alto. La sensación hoy es que ese número está entrando en una meseta. O sea, después de por lo menos 10 años de crecimiento turístico sostenido, el número de presencias se mantiene. Sin decrecer.

Esto respecto del verano. Los meses de otoño-invierno son otro tema. ¿Cómo se puede aumentar de nuevo el turismo en Chaltén? Creo que las fórmulas están más que probadas: promociones, ferias, publicidad en los grandes medios, y obviamente infraestructura que pueda albergar un número mayor de turistas. Pero la pregunta también es si el entorno natural del que Chaltén vive está para recibir más carga humana, teniendo en cuenta que cuando un lugar se masifica pierde mucho del su encanto. Se me ocurre que el tema pasa más por anticipar y extender las colas de temporada que de aumentar el número durante la misma. Aparte, todavía estamos en la disyuntiva de: ¿no viene gente fuera de temporada porque todos cierran o cerramos todos porque no viene gente?

– En conexión con lo anterior, vemos cómo ciertos lugares icónicos de turismo en el mundo comienzan a rechazar a los turistas. ¿Cómo es la dinámica turistas-habitantes locales en el Chaltén?, ¿de qué manera podría mejorarse?

Es verdad. Viví y trabajé en el ámbito turístico en el norte de Italia muchos años, donde el número de turistas es enorme y se llega a una saturación hasta visual de los turistas. Acá no llegamos a esos niveles y la relación con el turista es afable y dedicada. Todavía vivimos la instancia de la curiosidad reciproca. Un buen número (de los visitantes) vuelve, repetidas veces al pueblo, sean argentinos como europeos. En estos casos el vínculo va más allá del entorno natural y vuelven porque se sienten a gusto con la gente. Por supuesto, siempre se puede mejorar la atención, el servicio, la disponibilidad, la información, pero creo que hoy por hoy es importante no perder las cualidades que están identificando a los “chalteños”.

– Pasando a otro tema, tu padre -Cesarino Fava- fue un andinista que dejó mito y huella, en una época en que la tecnología no había permitido mejorar o crear nuevas técnicas de escalada, ¿recuerdas alguna anécdota que te hubiera referido de ese contraste o en referencia a cómo cambiaron las cosas?

De Cesarino podríamos hablar horas. En sus años maduros nunca dejó de asombrarse de como la tecnología, basada en la experiencia de los mismos montañeses, hacían las cosas más livianas más eficientes, más placenteras y más seguras. Y enseguida se asombraba de cómo lo habían hecho ellos con las herramientas que les tocó en su época. Desde los pulóveres e interiores de lana a los sintéticos. Y desde acarrear latas de comida a los paquetes superlivianos de liofilizados de hoy. Disfrutó mucho cada vez que pudo utilizar algo de lo nuevo. Él vivió una época donde el espíritu, fuerza de convicción, umbral de aguante, pasión… suplían un espacio que hoy en parte ocupan los avances tecnológicos….

– Siguiendo con el montañismo, gran parte de los turistas que llegan a El Chaltén vienen atraídos por el macizo Fitz-Roy, con el Cerro Chaltén, el Cerro Torre, entre otros, ¿esto le ha dado una fisonomía especial al pueblo?, ¿viven más montañistas que en una localidad patagónica promedio?

Creo que ese promedio es standard como en otras localidades. Diría que en temporada de verano se acercan obviamente un mundo de gente relacionada con el trekking y la escalada, pero cuando quedamos los que quedamos, es más la gente que hace otro tipo de deporte o que no se relaciona con el monte. Si bien unos años atrás era la actividad predominante, porque los que estaban habían venido ligados a la montaña, hoy se diversificó de mano del crecimiento.

– En El Chaltén, en teoría, no se pueden tener mascotas o animales domésticos por su impacto en el entorno del parque. ¿Cómo es vivir en una comunidad sin mascotas?

Sí se pueden tener mascotas. Lo que no se puede es llevarlas fuera del límite urbano, o sea al parque nacional (que rodea el pueblo). En los últimos años hubo campañas de concientización, de castración, etc, las que ordenaron significativamente la posesión de mascotas. ¡Es tan chico el pueblo que casi conocemos sus nombres y sus propietarios!

– Los inviernos son fríos y, por la latitud, muy oscuros. ¿Qué hacen en el Chaltén para dar vida al poblado en ese período del año en que el turismo baja?

En invierno el gimnasio municipal se satura de actividades indoor, desde fútbol, todas las categorías, incluso las femeninas. Hasta hockey pista (el pueblo tiene dos representantes en la seleccion nacional), handball, tela acrobática, yoga, gap, etc. Y no faltan las salidas con esquí de randonnée o esquí de travesía a los cerros aledaños cuando nieva. Incluso el club andino tiene un pequeño medio de arrastre para esquí de niños.

– Si tuvieras que recomendar tres/cinco cosas imperdibles que un visitante tiene que hacer sí o sí al visitar el Chaltén-Parque Nacional Los Glaciares, ¿cuáles serían?

Mirá. Primero, senderos por el día. Visitar Laguna Torre, Laguna de los Tres, Loma del Pliegue. Son tres puntos con una vista increíble (¡¡casi una experiencia espiritual!!). Además, tenés: trekking de varios días, Vuelta al hielo, Vuelta al huemul. Se haría muy extenso describirlas y jamás llegaría a trasmitir las sensaciones que estas caminatas por estos lugares dejan. ¡Hay que hacerlas!

 

D.S.

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