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En Togo, el dios Kokou ayuda contra los envidiosos, los rivales y los espíritus malignos

En Sanguéra, en la periferia de Lomé, una ciudad de dos millones de habitantes, los ancianos invocan al Dios de la Guerra en una ceremonia vudú. Tradiciones y rituales que hoy pueden presenciarse.

Un hombre se araña la piel durante una ceremonia vudú en Sanguerá. [ Ver fotogalería ]

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20/11/2018


“Un día hermoso. Hoy, temprano por la mañana, asistí a misa”, dice Cosme. Sus ojos brillan. Evidentemente, la misa le hizo bien. Una mañana de domingo soleada en Lomé, la capital de Togo, una antigua colonia alemana en la costa oeste de África. Al igual que todas las semanas, los fieles acuden en masa a la catedral del Sagrado Corazón. Sus alegres cánticos resuenan por el templo neogótico.

Kokou es el todopoderoso Dios de la Guerra de los ewé, que junto con los kabiyé constituyen las principales tribus de Togo. En el día a día, Kokou ayuda a mantener a raya a los envidiosos, los rivales y los espíritus malignos. En Sanguéra, en la periferia de Lomé, una ciudad de dos millones de habitantes, los ancianos invocan al Dios de la Guerra en una ceremonia vudú.

Rituales divinos

Delante de los fieles, un sacerdote entrado en años vierte desde una calabaza sobre la tierra de color castaño rojizo una bebida que huele fuerte, de aspecto lechoso. Cuando la mezcla de harina de maíz, agua y aguardiente de palma fue absorbida por la tierra, los turistas extranjeros se pueden acercar. Un joven sacerdote ya entró en un trance. Vestido con una falda de paja, se retuerce, da vueltas, corre de aquí para allá y una y otra vez entra en una cabaña sagrada para cargarse de energía espiritual.

Entre tanto, muchos lugareños se han congregado en la plaza ritual bajo las palmeras. Mujeres y hombres vestidos con prendas multicolores se suman a la ceremonia bailando rítmicamente. En medio de ellos, el primer bailarín gira frenéticamente sobre su propio eje, interpretando el papel de emisario del dios iracundo.

Una y otra vez se detiene, se araña la piel con una piedra hasta que sangra y se echa a la cara tierra amarilla y roja. Tiene los ojos vidriosos porque está en trance y ha accedido al mundo de Kokou y de sus antepasados. También Cosme, un togolés culto de 60 años que estudió alemán en Lomé, es un seguidor del culto vudú.

Togo fue un protectorado germano en virtud de un acuerdo suscrito en 1884 en Lomé entre el cónsul general alemán Gustav Nachtigal y el rey Mlapa. En la capital togolesa sigue en pie un monumento erigido en recuerdo de ese pacto, aunque los libros de historia modernos hablan del dominio colonial alemán como una época de violencia y represión.

Mangos y papayas, limones, mandarinas, aguacates, piñas, espinacas y zanahorias

En todo el estrecho país, situado entre Ghana y Benín, todavía se puede apreciar la arquitectura colonial alemana, no siempre bien conservada. Un ejemplo espectacular es la ruina de la estación radiotelegráfica imperial, cerca de la ciudad de Atakpamé, situada 150 kilómetros al norte de Lomé. Antes de que los franceses invadieran Togo en 1914, durante la Primera Guerra Mundial, los alemanes habían dinamitado la instalación. La ruina tiene un aspecto irreal, como si fuese un parque surrealista de esculturas.

La única carretera en Togo comunica Lomé, en el sur, con Kara, en el norte. La región central del país es fértil y verde. Viejos baobabs y troncos de ceibas se alzan al cielo azul como postes totémicos prehistóricos. Campesinos y campesinas trabajan en los campos de cultivo. Mangos y papayas, limones, mandarinas, aguacates, piñas, espinacas y zanahorias: en Togo crecen todas las frutas tropicales y todas las verduras.

Temprano por la mañana llegamos a la región de Kara, territorio del grupo étnico kabiyé. Cosme lleva a los turistas a Kao, el herrero de Kétao, situada unos 400 kilómetros al norte de Lomé. Kao convierte viejas llantas de coche en hakus, palas para la agricultura. Mientras que los jóvenes se ilusionan en los cibercafés con la vida en las grandes metrópolis del mundo, sus madres y hermanas llevan agua y frutas a las pequeñas chozas del pueblo.

De vuelta en Lomé. En la periferia de la ciudad, comerciantes de Benín, la cuna del vudú, montan sus puestos para el mercado de fetiches. Desde muy lejos vienen aquí sacerdotes vudú para buscar objetos de devoción apropiados. Un olor dulzón a putrefacción se esparce por la calurosa plaza polvorienta. En los puestos se apilan calaveras de monos, pájaros cantores muertos, murciélagos, víboras, buitres y leopardos disecados. El turista que visite este mercado mejor que se olvide de sus ideas de protección de animales y especies.

Lo que hay que saber antes de viajar

La mejor época para viajar a Togo son los meses de noviembre a marzo. Durante todo el año el clima es tropical y húmedo. Los meses más lluviosos son junio y octubre. El mes más caluroso es marzo. La compañía Air France realiza vuelos directos entre París y Lomé. La aerolínea TAP vuela a Togo desde Lisboa. Ethiopian Airlines opera vuelos desde Adís Abeba. Los turistas tienen que solicitar un visado para entrar en Togo. También es obligatoria una vacuna contra la fiebre amarilla. Además, se recomienda una profilaxis de la malaria.

 

D.S.

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