DESTINOS CON ENCANTO

Tres ciudades europeas ideales para disfrutar la Navidad 2018

Innsbruck, Lovaina y Zagreb son capaces de preservar sus tradiciones más encantadoras en la época navideña: comidas, canciones, luces, mercados, artesanías y campanadas.

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20/11/2018


Europa no es solo Londres, París y Roma. Innsbruck, en Austria, Lovaina, en Bélgica, y Zagreb, en Croacia, son tres destinos hasta ahora poco explorados por el turismo mundial y, gracias a esto, todavía son capaces de preservar sus tradiciones más encantadoras en la época navideña: comidas, canciones, luces, mercados, artesanías y campanadas.

Innsbruck (Austria)

En Innsbruck, las tradiciones navideñas se respetan religiosamente. A partir del 15 de noviembre, el centro medieval de la ciudad se convierte en un mar de luces navideñas. Hay en total seis mercados navideños, uno de ellos situado muy arriba de la ciudad, en el monte Hungerburg.

En Innsbruck, las tiendas elegantes y los comercios tradicionales están situados unos junto a otros. “Nosotros queremos destacar el carácter alpino-urbano de la ciudad“, explica Robert Neuner, el organizador de los mercados navideños. Algo muy especial es la vista panorámica navideña de Innsbruck desde la altura.

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Para llegar allí hay un funicular de aspecto futurista, construido por la arquitecta londinense Zaha Hadid, que en solo ocho minutos lleva a los pasajeros hacia la fortaleza Hungerburg. El mercado navideño en ese lugar es pequeño pero la vista de la ciudad es grandiosa.

Los mercados navideños en Innsbruck ofrecen todo lo que uno desea durante esta época del año: bolas de todos los colores y formas para decorar el árbol de Navidad, velas, calcetines, figuras de madera adornadas con oro batido y perlas.

También convence la comida, que muchas veces es el principal motivo para visitar un mercado navideño. Hay especialidades regionales como panceta tirolesa, Zirbenschnaps (aguardiente hecho a base de la piña) y kiachl (tortas fritas con choucroute). Hasta el propio organizador de los mercados se emociona: “El aroma de kiachl con choucroute me recuerda a mi infancia“.

Las cifras demuestran que el escenario prenavideño en Innsbruck cautiva a mucha gente: unos 1,3 millones de personas llegan cada año a la ciudad con sus 120.000 habitantes para visitar los mercados navideños. El 23 por ciento de ellos llega de Italia, por lo que una y otra vez se escucha delante del árbol de Navidad de casi 20 metros de alto la exclamación “Ma que bella”.

Lovaina (Bélgica)

El ayuntamiento de Lovaina se asemeja a un gigantesco calendario de Adviento. Las ventanas son las 24 puertitas detrás de las cuales se esconden los dulces y que se van abriendo una tras otra desde el 1 de diciembre hasta la Navidad. Y las ventanas se iluminan con colores que cambian constantemente. En el interior del ayuntamiento se ofrecen cada tarde conciertos prenavideños.

Para los habitantes de Lovaina, el ayuntamiento con sus 236 estatuas en la fachada exterior es el más bonito del mundo, y también los turistas que visiten esta ciudad seguramente lo incluirían en la lista de los diez más hermosos. El edificio se construyó a mediados del siglo XV, cuando el territorio de lo que hoy es Bélgica era el centro del rico ducado de Borgoña.

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Durante el Adviento, Lovaina se parece a una enorme sala de Navidad, con luces en los árboles y las fachadas. En la Grote Markt (Gran Plaza), donde se instala el principal belén con renos y ovejas, huele a abetos y a “kerstworst” (salchicha navideña). El mercadillo navideño abarca más de 170 puestos, donde se ofrecen además gofres belgas, castañas, chocolate y vino caliente, entre otras muchas delicias.

Lovaina, situada a unos 30 kilómetros al este de Bruselas, recuerda a una casita de muñecas, grácil y alegre, especialmente en el Groot Begijnhof (Gran Beguinaje), un amplio patio-jardín histórico rodeado de casas de ladrillo rojo. Es como una ciudad dentro de la ciudad que se parece a un laberinto donde uno casi se pierde. Las callecitas adoquinadas serpentean entre capillas y jardines de hierbas medicinales. Un viernes en diciembre, todo el complejo se ilumina con velas mientras suenan las campanas.

Lovaina también tiene muchas chocolaterías, donde se elaboran los famosos bombones belgas, y por supuesto no faltan las tiendas donde se venden las típicas patatas fritas belgas, que sobre todo saben muy bien en invierno. Las auténticas se fríen en grasa de vacuno y siempre dos veces, hasta que “cantan”. Además, es sorprendente la gran diversidad de salsas que se ofrecen para acompañarlas.

 

Zagreb (Croacia)

Para muchos turistas, Croacia solo es un destino de playa, pero el país tiene mucho más que ofrecer, también durante la época prenavideña. La guía de viajes “Lonely Planet” eligió en 2017 a Zagreb como el destino número uno de su lista “Best of Europe”. Y un portal de viajes distinguió tres veces seguidas a esta ciudad por su mercado navideño. Zagreb es una buena alternativa para quien ya conozca Viena, Praga o Budapest.

En época navideña, la Ciudad Vieja huele a canela, a pan horneado y a carne asada. En una sartén gigantesca se amontonan salchichas. Tan solo en un puesto hay 12 variantes, desde salchicha de ciervo hasta salchicha con queso, pasando por salchicha con ajo. La cocina de los Balcanes siempre ha estado basada en la carne. Ćevapi (rollos de carne condimentada) y cosas por el estilo.

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Sin embargo, la cocina croata no está compuesta únicamente por platos fuertes y sustanciosos. En la pradera de Vranyczany hay comida callejera como perritos calientes con pan de color rosa o negro y lombardo. El aspecto es exótico y el sabor, refinado. Y por supuesto no pueden faltar los Germknedla, bollitos tiernos y esponjosos rellenos de mermelada de ciruela con mantequilla y semillas.

En la catedral en la parte alta de la ciudad hay un Pesebre viviente durante la época navideña. En tiempos del socialismo yugoslavo bajo el mando del mariscal Tito, el Niño Jesús no estaba bien visto, pero esto terminó. A pocas calles de distancia de la catedral se encuentra, en el corazón del centro histórico, la iglesia de San Marcos, con sus tejas blancas y rojas, en cuya fachada está retratado el escudo de la ciudad.

Directamente debajo de la vieja muralla y no lejos de la catedral se encuentra el Dolac, el mercado central de Zagreb, con sus sombrillas rojas, que también en invierno protegen bien del aguanieve. Entre los souvenirs más conocidos que se ofrecen están los “licitares”, unos pancitos de especias en forma de corazón que se regalan sobre todo el Día de San Valentín y que incluso fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Por la tarde se enciende en el parque Zrinjevac la iluminación navideña, que trepa por los plátanos. El mar de luces intensamente blancas convierte el bulevar en un paisaje mágico de invierno. Un coro canta canciones navideñas en un antiguo pabellón de música. En pequeños puestos de madera se venden figuras de ángeles. Los visitantes del mercado escuchan con una copa de vino caliente en la mano.

 

D.S.

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