ES INVIERNO EN EL NORTE

Canadá rompe récords con la pista y el laberinto de hielo más grandes del mundo

Cada invierno, los ríos que cruzan Winnipeg se congelan y decenas de miles de personas recorren una de las pistas naturales de patinaje sobre hielo más largas del mundo, que se convierte así en el centro de la vida invernal de esa ciudad canadiense.

El laberinto de nieve más grande del mundo costó 42.000 dólares. "Fabricar la nieve es extremadamente caro", dice Clint Masse, uno de sus creadores.  FOTOS: AFP [ Ver fotogalería ]

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(11/03/2019) Canadá tiene este año la pista de nieve y el laberinto de nieve más grandes del mundo. Cada invierno, los ríos que cruzan Winnipeg (Canadá) se congelan y decenas de miles de personas recorren una de las pistas naturales de patinaje sobre hielo más largas del mundo, que se convierte así en el centro de la vida invernal de esa ciudad canadiense. El camino de hielo comienza en el corazón de Winnipeg, la capital de la provincia de Manitoba, en la confluencia de los ríos Rojo y Assiniboine, utilizados desde hace milenios por los pueblos autóctonos de Canadá.

Cuando alcanza su mayor longitud, en febrero, la pista de hielo se extiende por 8,45 km, superando los 7,8 km del canal Rideau de Ottawa, la capital federal de Canadá, con el que se disputa el título de pista de hielo natural más larga del mundo. Dos meses después de su apertura, el sendero de hielo sigue siendo un hervidero de deportistas. A pie, en patines o en bicicleta, son muchos quienes recorren parte de la pista por la mañana y por la noche para ir al trabajo evitando los transportes públicos y ganando tiempo.

El camino de hielo se convierte también en el centro cultural de la ciudad. Un concurso internacional de diseño invita, por ejemplo, a los arquitectos a crear cabañas donde los patinadores puedan descansar y calentarse, en una provincia donde las temperaturas quedan con frecuencia por debajo de los -30°C en enero y febrero. Este año, la competición cumple 10 años, y los organizadores recibieron más de 220 propuestas procedentes de unos 60 países. Sólo hubo tres vencedores, pero se instalaron unas 15 cabañas a lo largo del sendero.

Las construcciones, que tienen formas y colores originales, llaman la atención de los habitantes de Winnipeg, los turistas y los adeptos de Instagram. Desde hace varios años, un restaurante efímero se instala en el hielo durante unas noches. Reservar lugar en una de sus mesas puede costar varios centenares de dólares y se debe hacer con mucha antelación. Más de una treintena de chefs afamados, diferentes cada año, acuden desde muchos lugares del mundo para mostrar su destreza en la cocina.  El mayor festival invernal del oeste canadiense también se celebra en los ríos helados. Gran parte de la programación del Festival du Voyageur (Festival del Viajero), que celebra la cultura francófona de Manitoba, tiene lugar en el barrio Saint-Boniface de Winnipeg.

Mientras tanto, al sur de Winnipeg, una pareja de granjeros tardó un mes en construir el laberinto de nieve: con 2.789,11 metros cuadrados, ingresó en el libro de récords Guinness y se convirtió en una verdadera atracción turística. Hasta ahora sus autores, Clint y Angie Masse, del vecino poblado de St. Adolphe, eran expertos en fabricar laberintos de maíz durante el verano. Hasta que un día decidieron cambiar de estación, a pesar del titánico trabajo que iba a suponer.

“Decidimos fabricar nuestra propia nieve. Solo esto nos tomó de dos a tres semanas. Luego comenzamos a hacer el laberinto y trajimos 370 camiones semirremolques (cargados de nieve) para construirlo”, explicó Clint Masse. La estructura consta de muros que miden aproximadamente 1,80 metros de altura. La nieve apisonada se levanta 50 cm por encima del suelo para evitar que se derrita demasiado rápido y los visitantes resbalen sobre el aguanieve.

Gracias a esta obra, que abrió al público por primera vez este invierno, la pareja destronó por lejos al antiguo récord, un laberinto ubicado en el parque histórico de Fort William, en Ontario. Pero llevar a cabo su sueño tuvo un costo: 57.000 dólares canadienses (unos 42.000 dólares estadounidenses). “Fabricar la nieve es extremadamente caro”, dice Clint Masse. 

Masse tuvo que superar algunas dificultades durante la concepción de su laberinto blanco. “Me tomó una semana diseñarlo, mientras necesito solo un día y medio para hacer un laberinto de maíz”, relata. Desde su apertura al público a principios de enero, el laberinto no cesa de tener visitantes a pesar de que las temperaturas descienden habitualmente de los -30° C. Quienes se internan en él son recibidos por estatuas de nieve y de hielo, y entre sus paredes pueden incluso calentarse en alguna de las cinco áreas de estar con mesas y fogatas que se hallan a lo largo de la enorme construcción.

Pero no es tan fácil: encontrar estos refugios de calor se convierte en un desafío… y en una buena ayuda para hallar la salida. “Fue muy divertido porque había que encontrar los braseros. Así es como sabíamos adónde íbamos, si no, no habríamos teníamos ni idea”, cuentan Jillian Crooks y Cassidy Wegner, dos veinteañeras que desafiaban temperaturas de -35° C para explorar, por primera vez en sus vidas, un laberinto. Encontrar la salida “nos tomó mucho tiempo, no lo cronometramos, pero tal vez fue media hora”, dice Cassidy Wegner. Clint Masse estima que lleva entre 30 y 45 minutos recorrer el laberinto de una punta a la otra.

D.S.

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