RELATO DE VIAJE

Pasión por Atacama: leyendas milenarias y gastronomía de vanguardia

Por Flavia Tomaello. Una concentrada autenticidad con el paisaje y el sitio. Protección y promoción de la riqueza y diversidad de la cocina y las tradiciones de hospitalidad. Así es Atacama.

El más mítico guardián del lugar es un volcán ubicado entre la laguna Verd y la laguna Blanca en la frontera de Bolivia y Chile. Los atacameños consideran personas a los volcanes. Foto: Flavia Tomaello [ Ver fotogalería ]

Ficha

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Hay algo en el compartir la pasión que se huele ni bien se conoce al guía que recoge en el aeropuerto de Calama. Luego de un vuelo low cost que JetSmart one en combo desde Buenos Aires, haciendo puente aéreo en Santiago. El compromiso es una experiencia que atraviesa la estadía: un interés supino por enriquecer la historia de la cocina y la hospitalidad. No sólo se trata del respeto como anfitriones y colegas, sino también hacia los pueblos que evolucionan en Atacama y encarnan los lugares y culturas de los que forman parte.

Las experiencias que uno tiene en Awasi dan la sensación de una inmersión total en un lugar y su cultura, lo que permite descubrir de cerca todo lo que Atacama tiene para ofrecer. La atención y la sinceridad en el despliegue, la honestidad real de lo que pasa, con un lujo sereno, bien entendido, brindan una sensación de placer que se combina con el respeto por la individualidad de cada viajero, todo a través de una relación cálida y privilegiada.

Después de cada día explorando el impresionante paisaje natural del desierto de Atacama, regresar a Awasi para darse un baño en la piscina, tomar una copa junto al fuego y disfrutar de largas cenas en el restaurante con fuego ardiendo es uno de esos recuerdos que se graban para siempre. Es la conjunción perfecta de la experiencia inolvidable.

La nada llena

El diccionario se empeña en asociar el desierto con lo despoblado o deshabitado. Como una gran extensión de terreno arenoso o pedregoso que se caracteriza por una vegetación muy pobre debida a la escasez de lluvias y a la extremada variación de temperatura entre la noche y el día. Pero el supuesto vacío de Atacama está repleto.

Hay allí tanto que los días corren rápido. Lo que parecía una estadía holgada pasa como los cóndores de las altas cumbres o el vapor de los geisers o el agua escurridiza de las cascadas y las termas. Hay fauna abundante, tanto como para un tomo pesado. Hay flora (¡sí!, allí crece abundante). Hay llano y montaña, volcanes y ojos de agua, lagunas de altura y ciudades originarias, un Valle de la Luna y un mirador astronómico, leyendas milenarias y gastronomía de vanguardia. Senderos para aventurados y vehículos para los menos furtivos.

Hace once mil años, Atacama ya estaba habitada por grupos de cazadores-recolectores. Las culturas Tiahuanaco e Inca, y posteriormente los conquistadores españoles, han tenido una gran influencia en la cultura de Atacama, que se vio obligada a adaptarse a los cambios para poder sobrevivir. Actualmente la población está formada por descendientes de los primeros habitantes de la región, los colonizadores atacameños y europeos, con una fuerte influencia chilena y quechua.

En 1540, el conquistador español, Pedro de Valdivia, marchó con sus tropas a través del desierto de Atacama. Viajaron al sur  de Perú, fundando la ciudad de Santiago en 1541. Por entonces, Licancabur lo vio pasar. El más mítico guardián del lugar es un volcán ubicado entre la laguna Verd y la laguna Blanca en la frontera de Bolivia y Chile. Los atacameños consideran personas a los volcanes. Sus leyendas se tejen de pueblo en pueblo. La de Licancabur relata el trío amoroso entre su hermano Juriques y Quimal.

Esta y Licancabur iban a casarse, pero Juriques  empezó a cortejarla. Ella, confundida, estuvo a punto de cancelar la boda. En la furia de los sucesos, el tercer volcán, Laskar, padre de la dama, ardió de furia y decapitó a Juriques (cumbre plana que hoy se ve al lado del volcán principal), mientras desterró a Quimal al lado del gran salar. Esta, arrepentida, logró que su padre le permita una visita anual al amado. Así, en abril se puede ver cómo al amanecer la sombra de Licancabur roza los pies de Quimal.

Lo tiene todo

Hay una verdadera pasión en la hospitalidad, donde el visitante percibe que todo ha sido muy pensado. Parece que nunca nada es suficiente. Hay siempre otra sopresa esperando. Awasi está ubicado apenas a un minuto de caminata del centro de San Pedro de Atacama, detrás de un antiguo muro de adobe. Disimula muy bien lo que sucede detrás del enorme portón de paja, tan prolijo como las fascetas de una esmeralda.

Un primer recibidor, redondo como un abrazo de “bienvenido a casa” espera con un primer pantallazo a la espera de la apertura del gran telón. El patio central es un vergel de árboles altos que brindan sombra natural y aire libre para disfrutar de los cielos más despejados del mundo

Las únicas 12 suites de adobe están inspiradas en las ruinas pre-incas ubicadas en las afueras de San Pedro de Atacama, tienen encantadores techos de paja y baños que se abren a solárium privado con duchas al aire libre. Tal vez el mayor lujo es el guía privado que combina su sabiduría con el interés del viajero para crear la exploración a propio ritmo. La camioneta 4WD lleva donde quieran, cuando quieran.

La gastronomía de Awasi merece una mención aparte. Un chef capaz de preparar un menú diario diferente, con tres pasos, pensando en todas las experiencias culinarias. Sabores en el plato, estrellas por multitudes en el cielo y el calor de hogar en el fuego y en lo amoroso de la acogida. Hay espacio para la degustación, la contemplación, la experiencia, el silencio y la conversación. Awasi invita a tomar asiento en la primera fila para admirar el desfile de la naturaleza. Lo hace con una gran puesta en escena que permite al paisaje ganarse el premio mayor, gracias a un buen actor de reparto que lo ayuda a lucirse en todo lo que debe.

(*) Siga a la autora en https://flaviatomaello.blog/, Instagram: @flavia.tomaello

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